NACIONES UNIDAS – El miércoles 8 de abril, las fuerzas militares israelíes lanzaron la ola de ataques aéreos más mortífera contra el Líbano desde que se intensificaron las hostilidades a principios de marzo, lo que provocó la muerte de al menos 254 civiles. Este último incidente amenaza con complicar aún más los esfuerzos humanitarios en el Líbano, que ya se encuentran bajo una presión inmensa.
Esta última escalada se produjo justo cuando, la noche anterior, el 7 de abril, se había anunciado un acuerdo de alto el fuego de dos semanas entre Estados Unidos e Irán, más de un mes después de que Estados Unidos, Irán e Israel comenzaran a lanzarse ataques militares entre sí, lo que también llevó a que los Estados árabes del Golfo quedaran atrapados en el fuego cruzado.
Las partes atacaron bases militares e infraestructuras civiles en Irán y en los Estados del Golfo aliados con Estados Unidos.
Las fuerzas armadas israelíes y libanesas intercambiaron fuego a través de las fronteras, lo que ha provocado una nueva ola de víctimas civiles y desplazamientos masivos, en una continuación del conflicto entre el ejército israelí y el grupo militante libanés Hezbolá.
Los ataques israelíes contra el Líbano han causado cerca de 1530 muertes desde el 2 de marzo, entre ellas más de 100 mujeres y 130 niños.
Aunque el alto el fuego temporal fue bien recibido, incluso por el secretario general de la ONU, António Guterres, surgieron dudas sobre su alcance, incluso entre los principales actores del proceso de negociación.
Irán y Pakistán, mediador en las negociaciones de paz, han declarado que el acuerdo incluye al Líbano.
Pero los dirigentes israelíes afirmaron inicialmente que el alto el fuego no incluía al Líbano y que los ataques aéreos tenían como objetivo específico los bastiones de Hezbolá. Los ataques aéreos del miércoles se dirigieron contra barrios residenciales y comerciales de Beirut, el valle de la Bekaa y el sur del Líbano.
Los actores humanitarios expresaron su preocupación y alarma por los ataques aéreos e instaron a las partes implicadas a tener en cuenta la seguridad y la dignidad de la población civil en el Líbano. El Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) se mostró «indignado» por la «devastadora muerte y destrucción» en el Líbano.
El director ejecutivo de Oxfam Internacional, Amitabh Behar, acogió con satisfacción la noticia del alto el fuego, pero afirmó en un comunicado que, hasta que no cesen las hostilidades en toda la región, «nadie se sentirá verdaderamente seguro».
«Esta tregua debe convertirse en un trampolín hacia una paz más amplia», declaró Behar.
La guerra en Irán y Medio Oriente ha supuesto una mayor presión para los trabajadores humanitarios sobre el terreno, incluidas las agencias de la ONU.
Imran Riza, coordinador residente y humanitario de la ONU para el Líbano, explicó que, incluso antes de la última escalada, la ONU y sus socios tenían como objetivo apoyar a 1,5 millones de personas vulnerables y que se han visto obligados a ampliar su respuesta con menos recursos que en años anteriores.
Hasta ahora se ha financiado menos de un tercio del llamamiento de emergencia urgente por valor de 308 millones de dólares. Sin embargo, a pesar de estos retos, la ONU y sus socios han podido proporcionar más de cuatro millones de comidas y distribuir más de 130 000 mantas y 105 000 colchones a los refugios. También se ha proporcionado ayuda económica multiuso a los hogares.

En una rueda de prensa virtual desde Beirut apenas unas horas después de la serie de ataques aéreos, Riza comentó cómo reaccionaron los civiles ante la noticia del alto el fuego.
«Esta mañana, muchas personas en todo el Líbano se mostraban cautelosamente optimistas respecto al regreso a sus hogares; algunas incluso comenzaron a desplazarse. Sin embargo, es probable que los acontecimientos de las últimas horas hayan provocado nuevos desplazamientos», afirmó Riza.
También informó desde el Líbano la directora regional para el mundo árabe del Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA), Laila Baker, quien describió cómo la ciudad de Beirut se paralizó tras los ataques aéreos.
«Los automóviles se amontonan en las calles, mientras que las tiendas de campaña se extienden por toda la ciudad a medida que las familias buscan refugio», señaló.
Advirtió de que el sentimiento inicial de unidad por el que el Gobierno libanés y sus socios habían estado trabajando se veía ahora amenazado debido a la «agresión devastadora» de las fuerzas militares, que ya dura un mes.
«El riesgo no es solo el colapso humanitario, sino también una nueva fragmentación en un momento en que la unidad es más necesaria que nunca», afirmó Baker.
El desplazamiento ya ha alcanzado una «magnitud sin precedentes», señaló Riza, ya que más de 1,1 millones de personas —o uno de cada cinco habitantes en el Líbano— se encuentran desplazadas internamente.
Más de 138 000 civiles, de los cuales un tercio son niños, se refugian en 678 centros colectivos. La mayoría se encuentra dispersa en entornos informales y comunidades de acogida, lo que, según señaló Riza, les deja con un acceso limitado a los servicios básicos.
El hacinamiento en los refugios y los limitados servicios de saneamiento probablemente aumentarán los riesgos para la salud.
El sistema sanitario también se ha visto desbordado y «bajo una presión severa». Muchas instalaciones se han visto obligadas a cerrar o han sufrido daños. Riza informó de al menos 106 ataques contra centros sanitarios, que han causado más de 50 muertes y 158 heridos entre el personal sanitario.
Las mujeres y los niños son especialmente vulnerables en esta situación. Baker estima que al menos 620 000 mujeres y niñas han sufrido desplazamientos.
Entre ellas hay al menos 13 500 mujeres embarazadas que se han visto privadas de servicios esenciales de salud materna. Al menos 200 mujeres embarazadas darán a luz sin el apoyo esencial de comadronas o enfermeras, o sin acceso a la atención sanitaria materna y neonatal.
Más de 52 centros de atención primaria han dejado de funcionar y se han visto obligados a cerrar. De los seis hospitales obligados a cerrar, cinco de ellos contaban con salas de maternidad.
«No se trata solo de estadísticas. Son graves violaciones del derecho internacional humanitario: ataques directos contra la vida, la salud y la dignidad», afirmó Baker. «No se trata solo de una crisis humanitaria, es una crisis de la humanidad. Es una crisis de confianza en el sistema internacional y en los principios destinados a proteger a la población civil», agregó.
La ONU y otras agencias humanitarias instan a que se ponga fin de forma permanente a los combates y piden que todas las partes respeten el derecho internacional.
En virtud del desatendido acuerdo de alto el fuego, se insta a todas las partes a entablar un diálogo diplomático y a trabajar en pos de una solución a largo plazo para la guerra.
T: MF / ED: EG


