GINEBRA – Tres días después de los devastadores ataques aéreos israelíes que sacudieron Líbano el 8 de abril, el balance de víctimas alcanzó ya a 300 personas muertas y más de 1150 heridas, según cifras del Ministerio de Salud libanés.
“Muchas más personas siguen desaparecidas. Se cree que están bajo los escombros”, declaró a los periodistas en esta ciudad suiza el representante de la Organización Mundial de la Salud (OMS) en Líbano, Abdinasir Abubakar. “Muchas partes de cuerpos están también esperando ser identificadas”, añadió.
Los bombardeos israelíes sobre Líbano ocurren por la confrontación ente fuerzas de ese país y la milicia islamista proiraní Hizbolá, desatada desde el 3 de marzo siguiendo la confrontación entre Israel y Estados Unidos contra Irán, actualmente en suspenso mediante una frágil tregua de dos semanas.
La operación militar israelí ha sido particularmente intensa en el sur libanés, el cual Israel ordenó despoblar, y zonas periféricas de Beirut. Más de un millón de libaneses, en un país de 5,3 millones de habitantes, han debido abandonar sus hogares y se ha generado una enorme crisis de personas desplazadas.
Abubakar, quien presenció los ataques en primera persona desde Beirut, informó además de una amenaza recibida este viernes 10, de que “las ambulancias también serán atacadas”.
Según explicó, Israel sostiene que Hizbolá usa las ambulancias para sus operaciones. La OMS ha insistido en que, si bien la atención sanitaria no debe militarizarse, el uso indebido de instalaciones o ambulancias no justifica atacarlas.
“Los trabajadores sanitarios, las instalaciones y las ambulancias están protegidos por el derecho internacional humanitario. A menos que dispongamos de estos servicios, no podremos salvar vidas”, expresó Abubakar.
Dijo que el jueves 9 la OMS también recibió una advertencia de que las órdenes de evacuación israelíes se habían ampliado a la zona de Jneh en Beirut, la cual “incluye dos hospitales importantes que están gestionando la crisis de víctimas masivas: el hospital Rafik Hariri y el hospital Al Zahara”.
Ambos centros están operando a plena capacidad. Abubakar subrayó la imposibilidad de trasladar a los 450 pacientes, incluidos unos 50 en cuidados intensivos tras resultar heridos en los bombardeos del miércoles 8.
«Decidimos no evacuar porque no tenemos ningún otro lugar adonde evacuarlos», afirmó.
En cuanto a los desplazados, familias que habían empezado a plantearse regresar a sus comunidades de origen, en medio de señales contradictorias sobre un alto el fuego, se han visto nuevamente desarraigadas.
Eujin Byun, portavoz de la Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur), declaró que el problema resurge en el sur, en Beirut y en el valle de la Bekaa (este), donde “áreas consideradas seguras fueron atacadas nuevamente el miércoles, lo que desencadenó el pánico y obligó a la gente a huir por segunda o tercera vez”.
Byun añadió que la destrucción del puente Qasmiyeh, una arteria principal que conecta las ciudades sureñas de Sidón y Tiro, ha dificultado enormemente el desplazamiento entre el norte y el sur de Líbano.
“Para muchas familias de las aldeas del sur, el regreso ya no es posible porque comunidades enteras han sido parcial o totalmente destruidas”, indicó.
Acnur calcula que unas 150 000 personas siguen en el sur y que el acceso humanitario a ellas es esencial pues “necesitan una ruta segura para huir si se ven obligadas a hacerlo de nuevo”, indicó su portavoz.
La situación en Líbano quedó entrampada en el cruce de declaraciones entre Washington, Tel Aviv y Teherán acerca de si el frágil alto el fuego comprende el conflicto en tierra libanesa, como sostiene Irán, o si está fuera de lo convenido mientras se negocia un final para la guerra entre esas tres naciones.
Las negociaciones del alto el fuego, que impliquen entre otras cosas la navegación abierta y segura por el estrecho de Ormuz entre el gofo Pérsico y el océano Índico, están previstas para este fin de semana en la capital pakistaní, Islamabad.
Hacia allí partió ya desde Washington el vicepresidente de Estados Unidos, James D. Vance.
Mientras, en Líbano la crisis está derivando hacia una emergencia no solo de salud y refugio, sino también alimentaria, con precios disparados, mercados colapsados y cientos de miles de personas dependiendo de la asistencia de emergencia.
Los bombardeos no han cesado y un ataque contra una instalación gubernamental en la ciudad de Nabatieh, en el sur del Líbano, mató este viernes a 13 miembros del personal de seguridad del Estado, informó el presidente Joseph Aoun.
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