COLOMBO – El artículo 2(4) de la Carta de las Naciones Unidas prohíbe a los Estados miembros recurrir a la amenaza o al uso de la fuerza contra la integridad territorial o la independencia política de cualquier otro Estado. Violando el derecho internacional, Estados Unidos e Israel atacaron a Irán el 28 de febrero. La razón aparente de esta agresión no provocada fue impedir que Irán desarrollara un arma nuclear.
Estados Unidos es el primer y único país que ha utilizado armas nucleares en una guerra, contra Japón en agosto de 1945. Algunos funcionarios de Israel han amenazado con utilizar un «arma del fin del mundo» contra Gaza.
El 14 de marzo, David Sacks, multimillonario inversor de capital riesgo y zar de la inteligencia artificial (IA) y las criptomonedas en la administración de Donald Trump, advirtió de que Israel podría recurrir a las armas nucleares a medida que su guerra con Irán se descontrola y el país se enfrenta a la «destrucción».
Aunque durante décadas el líder supremo de Irán, Ali Jamenei, se opuso a las armas nucleares por motivos religiosos, ante las actuales amenazas existenciales es probable que Irán prosiga con su desarrollo.
El 22 de marzo, el director de la Organización Mundial de Salud (OMS), Tedros Adhanom Ghebreyesus, advirtió de posibles riesgos nucleares tras los ataques a instalaciones nucleares tanto en Irán como en Israel. De hecho, ¿continuará la actual guerra en Medio Oriente durante meses o años, o terminará antes con el posible uso de un arma nuclear por parte de Israel o Estados Unidos?
Destrucción en expansión
Aparte de la amenaza de una conflagración nuclear —y de lo que muchos analistas consideran una inminente invasión terrestre por parte de las tropas estadounidenses—, continúan a buen ritmo los ataques a gran escala con bombas, misiles y drones, causando pérdidas masivas de vidas y la destrucción de recursos y
Han muerto innumerables civiles, entre ellos unas 150 niñas en una escuela primaria de la localidad iraní de Minab, en lo que la Unesco ha calificado de «grave violación del derecho humanitario». Además, los ataques de ambas partes contra plantas desalinizadoras podrían perturbar gravemente el suministro de agua en las regiones desérticas.

Los ataques de represalia de Irán contra bases militares estadounidenses en países del Golfo han interrumpido el tráfico aéreo mundial.
Y lo que es aún más significativo, el cierre por parte de Irán del estrecho de Ormuz —el punto de estrangulamiento marítimo crítico por el que pasa diariamente 20 % del petróleo y el gas natural licuado del mundo— ha bloqueado el flujo de suministros energéticos y mercancías, lo que supone una grave amenaza para la economía mundial impulsada por los combustibles fósiles.
Se está gestando una crisis económica mundial, con precios del petróleo en alza, escasez de energía, inflación, pérdida de medios de subsistencia y una profunda incertidumbre sobre la seguridad alimentaria y la supervivencia.
La aplicación inconsistente del derecho internacional, junto con las limitaciones estructurales de las Naciones Unidas, erosiona la confianza en la gobernanza global y la autoridad moral de las potencias occidentales y las instituciones multilaterales.
La Resolución 2817 (2026), adoptada por el Consejo de Seguridad de la ONU el 12 de marzo, condena los «ataques atroces» de Irán contra sus vecinos sin condenar en absoluto las acciones de Estados Unidos e Israel, un desequilibrio que subraya esta preocupación.
La crisis actual está poniendo de manifiesto las fisuras del orden político, económico y moral neocolonial que ha estado vigente desde la Segunda Guerra Mundial (1939-1945).
El desafío de Irán plantea un reto significativo a los patrones de intervención y las agendas de cambio de régimen que persiguen desde hace tiempo Estados Unidos y sus aliados en el Sur global.
La dificultad a la que se enfrenta Estados Unidos para movilizar a la Otan y a otros aliados también refleja un notable cambio geopolítico. Mientras tanto, la expansión del comercio petrolero basado en el yuan y los mecanismos alternativos de liquidación financiera están debilitando el sistema del petrodólar y el dominio del dólar.
La oposición dentro de Estados Unidos —incluida la de sectores conservadores y republicanos— pone de manifiesto un creciente escepticismo sobre la base ideológica y moral de una guerra de Estados Unidos contra Irán aparentemente impulsada por Israel.
¿Un nuevo orden mundial?
El mundo unipolar dominado por Estados Unidos —arraigado en la desigualdad, la coacción y el militarismo— se está desestabilizando, fragmentando y generando caos y sufrimiento generalizados. Los desafíos a este orden, incluidos los de Irán, apuntan hacia un mundo multipolar fragmentado en el que múltiples actores poseen capacidad de acción e influencia.
El bloque Brics —creado por Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica, y ahora con Irán, los Emiratos Árabes Unidos y otros miembros del Golfo— representa los esfuerzos por crear sistemas económicos y financieros alternativos, incluidos bancos de desarrollo y monedas de reserva que desafían el dominio financiero occidental.
Sin embargo, ¿está el Brics conduciendo al mundo hacia un orden tan necesario basado en la equidad, la colaboración y la paz?
El comportamiento de los países del Brics durante la crisis actual no indica un liderazgo colectivo sólido ni un compromiso con dichos principios. Por el contrario, muchos parecen estar aprovechando la situación en beneficio nacional, especialmente en lo que respecta al acceso a los suministros energéticos.
Un claro ejemplo de este oportunismo es la India, durante este año líder del bloque Brics.
Históricamente líder del movimiento de no alineación y defensora de la causa palestina, la India se presenta ahora como una parte neutral que defiende el derecho internacional y la soberanía estatal. Sin embargo, copatrocinó y apoyó la Resolución 2817 (2026) del Consejo de Seguridad de la ONU, que condena únicamente a Irán.
La India también forma parte del nexo estratégico entre Estados Unidos, Israel, la India y los Emiratos Árabes Unidos, que implica cooperación en materia de defensa, intercambio de tecnología y lucha contra el terrorismo. Además, participa en el Diálogo Cuadrilateral de Seguridad (Quad, en inglés) con Estados Unidos, Japón y Australia, destinado a contrarrestar la creciente influencia de China.
En efecto, a pesar de su papel de liderazgo en el Brics, la India está estrechamente alineada con Estados Unidos, lo que plantea dudas sobre su capacidad para ofrecer un liderazgo independiente en la configuración de un nuevo orden mundial.
Como grupo, el Brics no cuestiona fundamentalmente la hegemonía corporativa, la concentración de la riqueza entre una élite global ni el dominio tecnológico y militar arraigado.
Si bien rechaza algunos aspectos de la jerarquía geopolítica occidental, defiende en gran medida los principios económicos neoliberales: competencia, libre comercio, privatización, mercados abiertos, crecimiento impulsado por las exportaciones, globalización y rápida expansión tecnológica.
El actual conflicto en Medio Oriente subraya la necesidad de cuestionar la suposición de que la globalización, la expansión de los mercados y el crecimiento tecnológico son los cimientos del bienestar humano.
Las crisis del petróleo y de los alimentos, la disminución de las remesas de los trabajadores asiáticos en Medio Oriente y la reducción del turismo debido a las perturbaciones en el estrecho de Ormuz y el espacio aéreo regional ponen de relieve la fragilidad de la interdependencia global.
Estas condiciones exigen considerar marcos alternativos —el biorregionalismo, la sustitución de importaciones, el control local de los recursos, la autosuficiencia alimentaria y energética, y las energías renovables— en lugar de la dependencia de los combustibles fósiles importados y las cadenas de suministro globales.
Tanto el modelo económico occidental como su variante Brics siguen dando prioridad a la expansión tecno-capitalista y al militarismo, a pesar de la abrumadora evidencia que vincula estos sistemas con la destrucción del medio ambiente y la desigualdad social.
Aunque es difícil para los países individuales desafiar este modelo dominante, la historia ofrece lecciones de resistencia colectiva.
Resistencia colectiva
Uno de los primeros ejemplos de resistencia económica nacionalista en el período posterior a la Segunda Guerra Mundial fue la nacionalización de la Anglo-Iranian Oil Company y la creación de la Compañía Nacional de Petróleo Iraní en 1951, bajo el mandato del primer ministro nacionalista Mohammad Mosaddegh.
Fue derrocado el 19 de agosto de 1953 en un golpe de Estado orquestado por la CIA estadounidense y los servicios de inteligencia británicos (MI6), y se instaló al sha Mohammad Reza Pahlavi para proteger los intereses petroleros occidentales.
En 1956 se produjo un hito para la descolonización en Egipto, cuando el presidente Gamal Abdel Nasser nacionalizó la Compañía del Canal de Suez. A pesar de la intervención militar de Israel, el Reino Unido y Francia, Nasser mantuvo el control, emergiendo como un símbolo del nacionalismo árabe y del Tercer Mundo, ahora Sur global.
Tras la independencia política, muchas antiguas colonias trataron de evitar verse envueltas en la Guerra Fría a través del Movimiento de Países No Alineados, fundado oficialmente en Belgrado en 1961. Líderes como el yugoslavo Josip Broz Tito, el indio Jawaharlal Nehru, el egipcio Gamal Abdel Nasser, el ghanés Kwame Nkrumah, el indonesio Sukarno y la esrilanquesa Sirimavo Bandaranaike promovieron vías de desarrollo autónomas alineadas con las prioridades nacionales y las tradiciones culturales.
Sin embargo, mantener la soberanía económica resultó mucho más difícil. Patrice Lumumba, el primer primer ministro elegido democráticamente en República Democrática del Congo, fue asesinado en 1961 con la participación de intereses estadounidenses y belgas tras intentar afirmar el control sobre los recursos nacionales. el panafricanista Kwame Nkrumah fue derrocado de manera similar en un golpe de Estado respaldado por Estados Unidos en 1966.
En Tanzania, el Ujamaa («socialismo africano») de Julius Nyerere buscaba construir un desarrollo basado en la comunidad y la seguridad alimentaria, pero se enfrentó tanto a desafíos internos como a la oposición externa, lo que en última instancia limitó su éxito y desalentó esfuerzos similares en otros lugares.
Las declaraciones de la ONU de la década de 1970 reflejan la resistencia del Sur global al sistema de Bretton Woods. Cabe destacar que la Declaración sobre el establecimiento de un nuevo orden económico internacional de 1974 (Resolución 3201) abogaba por una cooperación equitativa entre países desarrollados y en desarrollo basada en la dignidad y la igualdad soberana.
Hoy en día, estas declaraciones son más relevantes que nunca, ya que Irán y otras naciones del Sur global se enfrentan a crisis superpuestas de inestabilidad económica, presiones neocoloniales y una rivalidad geopolítica cada vez más intensa.
Asoka Bandarage es una académica de Sri Lanka especializada en desarrollo internacional, economía política, estudios de la mujer y de género, multiculturalismo, análisis y resolución de conflictos y ecología. Ha sido profesora en la Universidad de Brandeis, la Universidad de Georgetown y el Mount Holyoke College. Es autora de «Crisis en Sri Lanka y en el mundo: Orígenes coloniales y neoliberales, alternativas ecológicas y colectivas» y de otras muchas publicaciones.
T: MF / ED: EG


