GINEBRA – Los recortes severos a la ayuda internacional para el desarrollo corren el riesgo de causar más de 22 millones de muertes evitables para 2030, advirtió este jueves 5 el alto comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Volker Türk.
Türk presentó esa cifra en una mesa redonda sobre financiación del desarrollo en esta ciudad suiza, en la que destacó la preocupación por la desigualdad, “una fuerza silenciosa que decide el destino de millones de personas en todo el mundo”.
Esa fuerza silenciosa “determina quién come, quién aprende, quién tiene acceso a la vivienda y a la atención sanitaria, y quién no”, lamentó.
Expuso que la Agenda 2030 adoptada por las Naciones Unidas , que contempla 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) para mejorar la vida en el planeta, está “peligrosamente retrasada”, con objetivos atrasados, en buena parte debido al desplome de la ayuda internacional.
El Panorama Global Humanitario que publicó la ONU el pasado diciembre mostró que el año 2025 estuvo “marcado por brutales recortes”, liderados por Estados Unidos, para el financiamiento de operaciones humanitarias en todo el mundo.
El año pasado el llamado de la ONU para esos fines ascendía a 47 000 millones de dólares, pero recibió solo 12 000 millones, la financiación más baja en una década.
Como resultado, los organismos humanitarios llegaron a 25 millones de personas menos que durante el año anterior. Las proyecciones actuales muestran retrocesos con millones de muertes evitables hacia el año 2030.
La experta independiente de la ONU sobre la deuda externa y los derechos humanos, la keniana Attiya Waris, sostuvo que “la creciente carga de la deuda soberana y los flujos financieros ilícitos están erosionando la capacidad de los Estados para defender niveles mínimos de derechos económicos, sociales y culturales”.
“La asistencia internacional es una obligación legal, no un acto de caridad, y debe basarse en la legalidad, la transparencia, la rendición de cuentas, la eficiencia, la eficacia, la equidad y la justicia”, dijo Waris.
Según Acnudh, la oficina de Türk, en el mundo actual una de cada cuatro personas sufre inseguridad alimentaria y una de cada tres vive sin una vivienda adecuada.
Más de la mitad de la población mundial trabaja en la economía informal, sin acceso a licencias remuneradas por enfermedad, maternidad ni otras formas de protección social.
Esto es especialmente cierto en el caso de las mujeres. Casi 60 % de las mujeres trabajadoras laboran en la economía informal.
Estos desequilibrios en el acceso al empleo y la protección social forman parte de un contexto más amplio de significativa desigualdad económica a nivel mundial.
En los últimos 20 años, el uno por ciento más rico ha captado 41 % de toda la nueva riqueza, mientras que 50 % más pobre ha recibido solo el uno por ciento.
“Solo el año pasado, los multimillonarios acumularon suficiente riqueza para erradicar la pobreza extrema 26 veces”, argumentó Türk.
Mientras tanto, algunos de los países más ricos invierten poco en derechos económicos, sociales y culturales. Sus sistemas tributarios recompensan a los ricos y descuidan la protección de los necesitados, según el responsable.
En este contexto, la situación financiera de muchos países en desarrollo también ilustra los desequilibrios. En 2024, los países en desarrollo pagaron una cifra récord de 415 000 millones de dólares en intereses por su deuda externa, más del doble de lo que habían pagado 10 años antes.
Acnudh sostiene que, en última instancia, el pago de intereses sobre la deuda atrapa a los Estados en una espiral de subdesarrollo y reduce los recursos disponibles para la salud, la educación, la seguridad social y otros derechos económicos y sociales.
Y los países de bajos ingresos “a menudo reciben un alivio de la deuda, subsidios y financiación en condiciones concesionales, insuficientes cuando se los necesita desesperadamente”, subrayó el alto comisionado.
Con ese telón de fondo, “la pobreza, el desempleo y la falta de protección social, combinados con vías limitadas para una migración segura, hacen que las personas sean vulnerables a una explotación brutal”, señaló.
Reivindicó que “ante estas realidades, la ciudadanía, en particular los jóvenes, ha salido en ocasiones a las calles para exigir su derecho al trabajo, la salud, la educación y una sociedad libre de corrupción. Exigen sistemas económicos justos, transparentes y responsables”.
Türk describió prioridades para abordar estos desafíos, entre ellas la reforma de la arquitectura financiera internacional, incluida la reestructuración de la deuda.
Eso implica preservar el margen fiscal necesario para hacer efectivos los derechos a la salud, la educación, un medio ambiente sano y la protección social, entre otros.
Entre las soluciones propuestas se encuentra ir más allá del producto interno bruto como principal indicador de progreso. “El verdadero criterio de desarrollo no debería ser la riqueza producida, sino la capacidad de la economía para mejorar el bienestar de las poblaciones”, asentó Türk.
Pidió más esfuerzos para lograr una protección social universal, y “por último, necesitamos desarrollar una financiación ambiental directa en forma de subsidios”.
A-E/HM


