Los drones, armas teledirigidas que diezman a civiles y cambian las guerras actuales

Un cartel en el exterior del edificio de la Secretaría de la ONU en Nueva York prohíbe el uso de drones en el espacio bajo su control. Imagen: ONU

NACIONES UNIDAS – Mientras el mundo sigue sumido en la agitación política y militar, los drones se utilizan cada vez más como armas de guerra en los conflictos que se esparcen actualmente por el mundo, entre ellos el estallado con la invasión de Rusia a Ucrania, el de Israel contra Palestina y en particular Gaza, el de Estados Unidos e Israel contra Irán o el de Israel contra Líbano, además de en las guerras civiles de la República Democrática del Congo (RDC), Sudán y Haití.

Descritos como vehículos aéreos no tripulados, los drones han transformado radicalmente la guerra moderna, «ofreciendo una forma de poder aéreo de bajo coste y gran impacto, desafiando las doctrinas militares tradicionales y dando lugar a nuevas tácticas y debates éticos».

Anteriormente limitados a grandes potencias militares como Estados Unidos e Israel, los drones son ahora utilizados por numerosos actores estatales y no estatales, incluidos grupos militantes e incluso cárteles del crimen organizado.

El uso de drones, especialmente en asesinatos selectivos y con una autonomía cada vez mayor, ha suscitado un importante debate internacional en torno a la rendición de cuentas, las víctimas civiles y el cumplimiento del derecho internacional humanitario

El Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Volker Türk, dijo este mes que estaba «consternado por el devastador impacto que tienen sobre la población civil los crecientes ataques con drones», en medio de informes que indican que más de 200 civiles han sido asesinados por drones solo desde el 4 de marzo en la región de Kordofán y en el estado del Nilo Blanco, en el centro y el sur de Sudán, respectivamente.

«Es profundamente preocupante que, a pesar de los múltiples recordatorios, advertencias y llamamientos, las partes en el conflicto de Sudán sigan utilizando drones cada vez más potentes para lanzar armas explosivas con un impacto de gran alcance en zonas pobladas», afirmó Türk.

Y agregó: «Reitero mi llamamiento para que respeten plenamente el derecho internacional humanitario en el uso de estas armas, en particular la clara prohibición de dirigir ataques contra civiles, objetos e infraestructuras civiles, y contra cualquier forma de ataque indiscriminado».

Muchas viviendas, escuelas, mercados y centros de salud resultaron dañados o destruidos en los ataques, lo que agravó las consecuencias para la población civil y las comunidades locales, señaló.

Mientras tanto, también se están utilizando drones en Haití, país sumido en el colapso político, y en el conflicto entre la República Democrática del Congo (RDC) y Ruanda, a pesar del acuerdo de paz negociado por Estados Unidos el año pasado.

La guerra en Irán, reportó el 17 de marzo la estadounidense CNN, sigue perturbando los viajes a través del Golfo después de que los ataques con drones iraníes provocaran dos incidentes aéreos importantes en los últimos días. Los vuelos en el Aeropuerto Internacional de Dubái se suspendieron brevemente el lunes después de que un dron impactara en un depósito de combustible cercano, provocando un gran incendio.

El cierre obligó a cancelaciones y desvíos, ya que las autoridades aeronáuticas cerraron el aeropuerto. Parte del espacio aéreo de los Emiratos Árabes Unidos también se cerró durante unas horas durante la noche después de que el país anunciara que estaba respondiendo a misiles y ataques con drones procedentes de Irán.

Mientras tanto, los precios de muchos billetes de avión internacionales que evitan Medio Oriente están subiendo, ya que el conflicto incrementa los precios del petróleo y las aerolíneas advierten de un incremento de los costes de combustible en el futuro.

Desde una perspectiva militar, Siemon Wezeman, investigador sénior del Programa de Transferencias de Armas del Instituto Internacional de Estudios para la Paz de Estocolmo (Sipri), dijo a IPS que cada vez más Estados (y también grupos armados no estatales, como los rebeldes) adquieren drones de todos los tamaños.

«Algunas de las cifras son bastante sorprendentes: Ucrania no está adquiriendo unos pocos miles, sino más de 10 000 drones de diversos proveedores, y Rusia, Ucrania e Irán utilizan cada uno cientos de drones casi a diario en los conflictos actuales», detalló.

Y a diferencia de hace unos 10 años, cuando la mayoría de los drones se destinaban a tareas de reconocimiento, señaló, hoy en día muchos drones están armados y muchos más son «drones de ataque unidireccionales» (también llamados drones suicidas o kamikazes). Estos últimos se están convirtiendo en una alternativa barata a los misiles de largo alcance contra objetivos terrestres.

En la base de datos de transferencias de armas del Sipri, detalló, «registramos las transferencias de todos los drones armados y de reconocimiento con un peso de al menos 150 kilos porque tuvimos que establecer un límite de peso para poder seguir supervisando las transferencias de drones con los recursos y fuentes de que disponemos».

Wezeman explicó que con base en ese registro, «vemos claramente en los últimos años que:

«a) el número total de drones transferidos entre Estados ha aumentado; b) varios actores no estatales (por ejemplo, los hutíes y Hezbolá) también han recibido drones; c) el número de Estados y actores no estatales que han adquirido drones ha aumentado —la mayoría de los Estados del mundo han adquirido ya drones, muchos de ellos de proveedores extranjeros—,

«d) el número de fabricantes y proveedores ha aumentado —los drones más sencillos son ofrecidos por docenas, si no cientos, de empresas grandes y muy pequeñas, y ese número está creciendo—, y e) los drones, y especialmente los drones armados».

Ese es el panorama de los drones aéreos, sinterizó el especialista del Sipri.

Pero además, «los drones marítimos (de superficie o submarinos) están empezando a ganar popularidad, aunque todavía no se hayan transferido en cantidades significativas. Y los drones terrestres también están empezando a ganar popularidad», planteó.

«Me preocupan mucho los drones en particular», dijo el 10 de marzo el subsecretario general de Asuntos Humanitarios de la ONU, Tom Fletcher.

Y agregó: «Creo que el mundo ha decidido que le interesa mucho más gastar enormes cantidades de dinero en desarrollar estas armas cada vez más letales que en salvar vidas, y parece haber decidido que no tiene tiempo para trabajar en garantizar que las normas que rigen estas armas, estas armas autónomas letales, sigan el ritmo de la tecnología».

Así que, adujo, «enfrentamos esta peligrosa alianza entre una tecnología muy innovadora, enormes cantidades de dinero y el deseo de la gente de matar a más personas, y esa es una combinación tóxica».

Fletcher destacó que «el año pasado, 90 % de todas las muertes causadas por drones fueron de civiles, muchos de ellos trabajadores humanitarios. Y estamos viendo que, en todas las crisis en las que trabajamos —ya sea en Gaza, Sudán o Ucrania—, estas malas prácticas se trasladan de una crisis a otra».

Durante la segunda semana de marzo,  en la República Democrática del Congo, un alto cargo del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) y dos civiles murieron en ataques con drones.

Ampliando aún más, Wezeman señaló que todos estos drones y los drones de ataque de un solo uso se han vuelto más capaces, especialmente en cuanto a alcance.

Por ejemplo, dijo, los sencillos drones Shahed de ataque de un solo uso utilizados por Irán y vendidos a Rusia tienen un alcance de hasta 1500 a 2000 kilometros, lo que los transforma de armas tácticas de campo de batalla a armas más estratégicas.

El desarrollo continúa a un ritmo muy rápido para todo tipo de drones, incluyendo el aumento de su autonomía e inteligencia para que sean capaces de seleccionar objetivos de forma independiente y tomar otras decisiones.

La inteligencia artificial (IA) desempeña un papel cada vez más importante en este proceso.

Esto plantea cuestiones sobre el control, pero en este momento parece que el proceso avanza más rápido que el debate sobre cómo controlar los aspectos autónomos (véase también nuestro programa sobre tecnologías emergentes.

¿Sustituirán los drones a los sistemas con un humano a bordo o en el bucle? El desarrollo va sin duda en esa dirección y, en el caso de los misiles y los drones de ataque de un solo uso, ya ha comenzado.

En el caso de los sistemas más grandes, capaces y complejos, como los aviones de combate, los buques de guerra y los vehículos de combate de mayor tamaño, eso sigue siendo cosa del futuro, pero no un sueño lejano, ya que el desarrollo de, por ejemplo, aviones de combate no tripulados ya está avanzando hacia la fase de prototipos en Estados Unidos, China, Australia y varios países de la Unión Europea.

Sin embargo, sigue habiendo un elemento de duda: los drones necesitan navegación, que actualmente se basa en gran medida en sistemas de tipo GPS, algo que no está exento del riesgo de ser bloqueado o interrumpido.

Los drones más sencillos, con su tecnología simple, baratos y fáciles de producir, tampoco son tan eficaces como se esperaba. La mayoría de ellos son presas bastante fáciles para los sistemas de defensa aérea (o el bloqueo de señales).

Mientras, dijo Wezeman, Rusia, Irán y Ucrania envían cada día docenas o cientos para atacar a sus oponentes, pero la mayoría no alcanza su objetivo, sino que son derribados o se pierden debido al bloqueo de señales u otras causas.

Por su parte, Human Rights Watch afirmó este mes que su última investigación revela «cómo las fuerzas de seguridad haitianas y los contratistas privados que colaboran con ellas han llevado a cabo ataques letales con drones, extensos y aparentemente ilegales, en zonas densamente pobladas, matando e hiriendo a residentes que no eran miembros de grupos criminales, incluidos niños».

«Instamos a las autoridades haitianas a que controlen urgentemente a las fuerzas de seguridad y a los contratistas privados que trabajan para ellas antes de que mueran más niños», dijo la organización internacional con su principal base en Washington.

Según datos de múltiples fuentes revisados por Human Rights Watch, al menos 1243 personas murieron en ataques con drones en 141 operaciones entre el 1 de marzo de 2025 y el 21 de enero de 2026.

Entres esas víctimas, al menos 43 adultos que, según los informes, no eran miembros de grupos criminales, y 17 niños.

Los datos también muestran que los ataques con drones causaron heridas a 738 personas, de las cuales al menos 49, según los informes, no eran miembros de grupos criminales.

«Decenas de personas comunes, entre ellas muchos niños, han muerto y resultado heridas en estas letales operaciones con drones», afirmó Juanita Goebertus, directora para las Américas de HRW. «Las autoridades haitianas deben controlar urgentemente a las fuerzas de seguridad y a los contratistas privados que trabajan para ellas antes de que mueran más niños», añadió.

La Oficina Integrada de las Naciones Unidas en Haití ha atribuido los ataques con drones en ese país insular caribeño a un «grupo de trabajo» especializado creado por el primer ministro Alix Didier Fils-Aimé, que opera con el apoyo de la empresa militar privada Vectus Global.

El embajador de Estados Unidos en Haití ha confirmado que el Departamento de Estado de Estados Unidos concedió una licencia a Vectus Global para exportar servicios de defensa a Haití.

T: MF / ED: EG

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