ARLINGTON, Estados Unidos – El calor más frecuente y extremo, causado por el cambio climático, limita cada vez más la capacidad de las personas para vivir y trabajar, incluso para las tareas más sencillas, mostró un nuevo estudio conducido por científicos de la organización internacional The Nature Conservancy.
El climatólogo Luke Parsons, autor principal del estudio, afirmó que “el cambio climático no solo intensifica el calor, sino que también reduce el tiempo en el que las personas pueden realizar sus actividades cotidianas con seguridad”.
Pesa incluso sobre las actividades más sencillas, como subir escaleras o cualquiera de las tareas domésticas más comunes, refiere el estudio publicado en la revista Environmental Research: Health.
A diferencia de los índices de calor comúnmente utilizados, este estudio -con investigadores de varias universidades estadounidenses y la australiana Universidad de Sídney- analiza cómo responde el cuerpo humano al calor durante la actividad física, y cómo esa respuesta cambia con la edad.
Al combinar más de 70 años de datos climáticos globales (1950-2024) con modelos de fisiología humana, el estudio identifica cuándo el calor se percibe como peligroso y sobrepasa físicamente la capacidad del cuerpo para mantenerse fresco, incluso para los adultos más jóvenes, durante las épocas más calurosas el año.
A nivel mundial, los adultos jóvenes (de 18 a 40 años) estuvieron expuestos a una media de 25 horas al año de graves limitaciones de habitabilidad durante la década de 1950. Desde 2014, esta cifra ha aumentado hasta alrededor de 50 horas anuales.
Los adultos mayores de 65 años, cuyos cuerpos han ido perdiendo capacidades para regular el calor, estuvieron expuestos a unas 900 horas al año en la última década, 10 % de todas las horas del año, por contraste con las 600 horas en la década de 1950.
En 2024, el año más caluroso jamás registrado, más de 43 % de los adultos jóvenes y casi 80 % de los adultos mayores experimentaron algunos períodos en los que el calor y la humedad limitaron gravemente su habitabilidad. En 1950, esas cifras eran, respectivamente, de 27 % y 70 %.
En América Latina y el Caribe, tomando en cuenta el incremento de horas con graves limitaciones de habitabilidad enfocadas en adultos mayores, se observa un deterioro generalizado.
Belice encabeza la lista de países con el mayor cambio en el número de horas con graves limitaciones de habitabilidad para adultos mayores de 65 años, al pasar de 673 horas en el período 1950-1979 a 1117 horas en el lapso 1995-2024.
Le siguen Cuba, que pasó de 650 a 1037 horas; Paraguay, de 575 a 854; Guyana, de 349 a 774; Venezuela, de 429 a 699; Colombia, de 330 a 561; Panamá, de 275 a 552; República Dominicana, de 217 a 486; El Salvador, de 218 a 378; Brasil, de 227 a 366, y México, de 229 a 349.
Chile no registró horas con graves limitaciones de habitabilidad para el segmento de adultos mayores, y también son pocas en Dominica (aunque la isla pasó de una a nueve horas); en Uruguay, que pasó de 38 a 53, y en Ecuador, que pasó de 16 a 54.
Si bien el calor extremo suele asociarse con las regiones más pobres, el estudio revela que algunas de las limitaciones más graves ya afectan a países relativamente ricos, especialmente en el sur y suroeste de Asia, incluidos los países del Golfo.
“La diferencia clave no radica en el calor en sí, sino en la capacidad de las personas para afrontarlo. El acceso a refrigeración, infraestructura y protección laboral puede reducir el riesgo, pero estas protecciones se distribuyen de forma desigual, incluso en los países de altos ingresos”, apunta el informe.
Los hallazgos se producen en un momento en el que las temperaturas globales ya han aumentado casi 1,5 grados centígrados con respecto a los niveles preindustriales, un umbral fijado para el año 2050 según el Acuerdo de París de 2015, adoptado por casi todos los países del globo al encarar el cambio climático.
Los investigadores advierten que, a medida que el clima se calienta y la población mundial envejece, las zonas del mundo donde la vida cotidiana se ve físicamente limitada por el calor seguirán expandiéndose.
Sin embargo, afirman que la rápida reducción del uso de petróleo, carbón y gas, junto con las adaptaciones tecnológicas y conductuales al aumento de las temperaturas, puede ayudar a gestionar un calor insoportable.
“Nuestro estudio destaca solo una de las muchas razones para actuar sobre el clima”, dijo la climatóloga Haley Staudmyer, coautora del informe. “Reducir las emisiones de gases de efecto invernadero e invertir en salud pública evitará todo tipo de tragedias, no solo las muertes relacionadas con el calor”, agregó.
Las medidas prácticas para mitigar estos riesgos, propuestas por los autores, incluyen estaciones de refrigeración municipales donde las personas vulnerables puedan acceder al aire acondicionado.
Asimismo, campañas de educación pública sobre cómo afrontar las olas de calor, y cambios en el horario laboral, “aunque nuestra capacidad de adaptación tiene límites, lo que subraya la urgencia de eliminar las emisiones en su origen”, puntualizaron.
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