AL AZRAQ, Siria – En el campamento de refugiados de Al Azraq, en el norte de Siria, Abeer al Qaddour, de 10 años, está sentada, hojeando un libro lleno de colores con gran concentración y curiosidad. Cerca de allí se encuentra un autobús, en el que se lee con elegancia la inscripción «El Autobús Cultural».
Alrededor del vehículo se han reunido decenas de niños con evidente alegría, participando en actividades colectivas de dibujo por primera vez. No muy lejos de los niños, los residentes de edad avanzada se sientan en silencio, explorando libros sobre agricultura, política y literatura; muchos de ellos tienen en sus manos este tipo de recursos por primera vez en años.
Con una sonrisa radiante, Abeer comparte su experiencia.
«Me encanta leer cuentos y libros de ciencia. No tenemos biblioteca pública en esta zona y no tengo dinero para comprar libros. Por eso me alegré tanto cuando la biblioteca móvil visitó este campamento olvidado, donde llevo más de cinco años viviendo con mi familia», cuenta.
La niña añade: «Solíamos sentir que la tienda era un símbolo de nuestro aislamiento. Sin embargo, después de que el Autobús Cultural visitara nuestro campamento, sentimos como si por fin volviéramos a formar parte de la patria y que la cultura nos llegara, igual que llega a cualquier ciudad o barrio».
Por las calles de las ciudades sirias y los pueblos de los alrededores, el itinerante autobús de colores vivos llama la atención allá por donde pasa. No es ni un autobús escolar ni un medio de transporte cualquiera: es el ahora querido Autobús Cultural.
Esta iniciativa, puesta en marcha por el Ministerio de Cultura sirio, cuenta con una variada colección de libros, novelas y relatos cortos dirigidos tanto a niños como a adultos. Recorre regiones rurales y campamentos de desplazados que sufren una grave escasez de servicios bibliotecarios debido a los recursos limitados y a su lejanía de los centros urbanos, donde suelen ubicarse este tipo de instalaciones.

Fomentar la cultura de la lectura en zonas olvidadas
El Autobús Cultural emprendió su viaje inaugural a principios de este año, actuando como biblioteca móvil. En cada parada que realiza, transforma el lugar en un pequeño festival, llenando de alegría los corazones de los niños. Más allá de la emoción inmediata, la iniciativa busca convertir la lectura en un hábito sostenible en lugar de un encuentro fugaz, con el objetivo de devolver la vida al panorama cultural de estas comunidades.
Mohammad Murad, director del proyecto del Autobús Cultural, reflexiona sobre la misión fundamental de la iniciativa.
«A lo largo de 14 años de guerra en Siria, las escuelas fueron destruidas y toda una generación de niños se vio privada de su derecho a la educación. Por eso el Autobús Cultural está tan comprometido con volver a conectar a los niños sirios con los libros, fomentar la pasión por la lectura y darles a conocer el rico patrimonio cultural de Siria», dice.
Y añade: «Es una oportunidad vital para que exploren los lugares históricos y la artesanía tradicional de su país —como el soplado de vidrio y la fabricación de jabón—, todo ello bajo nuestra misión rectora: ‘Cultura… Concienciación… Reconstrucción'».
Murad destaca que el Ministerio de Cultura puso en marcha esta iniciativa móvil en respuesta a una sociedad que anhela profundamente una participación cultural de alta calidad.
Como primer proyecto de este tipo en Siria, cuenta con dos autobuses totalmente equipados: uno adaptado para niños y otro para adultos.
Hasta la fecha, su recorrido ha abarcado 39 regiones, cubriendo las zonas rurales de Damasco, Deir ez Zor, Latakia, Tartus y Baniyas, y llegando hasta Quneitra, Alepo e Idlib, ofreciendo un amplio abanico de actividades culturales.
Cada autobús alberga una biblioteca móvil con miles de libros, novelas y cuentos seleccionados para todas las edades. A bordo hay un equipo dedicado de escritores y poetas voluntarios que dan vida a la escena cultural local a través de diversas actividades que combinan el entretenimiento con la educación.
Murad explica: «Organizamos sesiones interactivas para niños, que incluyen talleres colaborativos de lectura, escritura y dibujo, la narración tradicional de cuentos ‘Hakawati (narraciones orales árabes)’ y diversos concursos culturales»
«Estas actividades se organizan en coordinación con oenegés locales, escuelas y equipos de voluntarios para garantizar que nuestro calendario llegue al mayor número posible de pueblos y ciudades», agrega.
Además, destaca que esta iniciativa no es un evento efímero, sino un pilar de una política cultural sostenible. Busca establecer la cultura como un derecho universal y restaurar el estatus del conocimiento como fundamento para la reconstrucción tanto del individuo como de la sociedad siria.
Lograr la justicia cultural
El Autobús Cultural se esfuerza por llegar a todos los rincones de Siria, promoviendo la cultura como un derecho público, no como un privilegio.
Salwa al Asaad, de 33 años y supervisora del proyecto, comparte la fuerza motriz que impulsa su trabajo.
«Nuestro objetivo es llevar la cultura a todos los sirios, estén donde estén en todas las provincias. Nos acercamos a los niños en lugar de esperar a que ellos busquen bibliotecas o centros culturales lejanos. Hemos recibido invitaciones de aldeas remotas que no han sido testigos de una sola actividad cultural en años», asegura.
Al Asaad destaca que la fuerza del proyecto reside en su enfoque centrado en la comunidad. Los destinos se eligen en función de las necesidades específicas de la población local.
En zonas devastadas por la guerra, el equipo organiza actividades de arteterapia para ayudar a los niños a expresar sus emociones. En ciudades con limitadas ofertas culturales, el autobús acoge veladas de poesía y actuaciones musicales para revitalizar el ambiente local.
A pesar de los obstáculos logísticos que supone circular por terrenos difíciles y de los continuos retos de financiación, Al Asaad no se desanima. La abrumadora respuesta del público les proporciona a ella y a sus colegas el impulso necesario para seguir adelante. Ya se están llevando a cabo planes de expansión, con el objetivo de poner en marcha más autobuses para cubrir aún más territorios.
«Estas iniciativas hacen mucho más que promover la alfabetización; siembran semillas de esperanza y despiertan la creatividad entre los niños y adolescentes», explica. Y agrega: «Nuestro objetivo es también devolver la vida a los centros culturales dañados mediante programas a medida que respeten el tejido social y educativo único de cada comunidad».
La importancia del Autobús Cultural resulta aún más llamativa si se considera en el contexto de la crisis educativa de Siria.
Las estimaciones del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef), previas al fin de la guerra y el comienzo de la transición política, indican que más de 7000 escuelas sufrieron daños o fueron destruidas. Muchas otras se reconvirtieron en refugios, lo que provocó un grave hacinamiento en las instalaciones restantes.
La guerra civil siria comenzó en marzo de 2011 y concluyó en diciembre de 2024, cuando terminó el régimen dinástico y autocrático de Bashar al Asad.
Las estadísticas pintan un panorama desolador: más de 2,4 millones de niños y niñas están actualmente sin escolarizar, y otro millón corre un alto riesgo de abandonar la escuela. En este contexto, las iniciativas culturales y educativas como la biblioteca móvil no son solo complementarias: son un salvavidas fundamental para una generación en riesgo de perderse.
Con ese contexto, el Autobús Cultural continúa su viaje, redibujando el mapa cultural de Siria.
Es un mapa en constante movimiento, que lleva consigo un rayo de esperanza cada vez que se abren sus puertas. Este autobús no se limita a transportar pasajeros de un punto a otro; transporta el conocimiento en sí mismo: desde bibliotecas silenciosas hasta bulliciosas plazas y desde los centros urbanos hasta las aldeas más apartadas.
Al hacerlo, repara minuciosamente el vínculo roto entre el pueblo sirio y el mundo de los libros.
T: MF / ED: EG


