BRATISLAVA – «Nunca había visto nada parecido. No tenía ni idea de que pudiera haber un lugar que necesitara ayuda humanitaria y que una entidad gubernamental no permitiera la entrada de médicos o trabajadores sanitarios», afirma Jane.
Jane, una enfermera de un país occidental que durante una entrevista con IPS prefiere que no se brinde su apellido ni su origen específico, formaba parte de un equipo médico voluntario que entró en Gaza a principios de 2025 durante el alto el fuego que se prolongó desde el 19 de enero de 2025 hasta el 18 de marzo de ese año.
El sistema sanitario de Gaza había quedado devastado tras la ofensiva israelí que siguió a los brutales ataques de Hamás contra Israel el 7 de octubre de 2023. Según el Fonde las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef), 94 % de los hospitales han sufrido daños o han quedado destruidos.
Jane explica que su equipo esperaba que, durante el alto el fuego, pudieran ayudar a proporcionar tratamientos y servicios vitales que tanta gente necesitaba desesperadamente en el país.
Sin embargo, afirma que, en lugar de eso, ella y sus colegas, que partieron hacia Gaza pocas semanas después de que se estableciera el alto el fuego, se encontraron con obstáculos aparentemente arbitrarios antes incluso de poner un pie en el país.
A las pocas horas de aterrizar en Jordania, se enteraron de que a tres médicos y una enfermera del equipo se les había denegado la entrada en Gaza. Al día siguiente surgieron más problemas.
«Estábamos en la frontera con muchas otras oenegés y a todos nos habían autorizado a entrar [en Gaza]. Pero entonces, al final del día, decidieron que iban a cerrar la frontera y no dejar pasar a nadie ese día. Así que tuvimos que volver a Jordania», cuenta Jane a IPS.
Afirma que su equipo perdió una semana de tiempo en la que podrían haber ayudado a la gente antes de conseguir entrar. Y cuando lo hicieron, se quedó impactada por lo que encontró.
«Fue cuando entramos en Gaza cuando realmente me impactó. Ves este tipo de lugares distópicos en las películas o lees sobre ellos en las novelas… Una furgoneta vino a recogernos y nos llevó al hospital, y durante el trayecto no veía más que edificios demolidos y escombros por todas partes», detalla.
Reconoce que «tuve que apartar la mirada varias veces porque había esqueletos de animales. No sé si había esqueletos de personas porque tuve que apartar la mirada en cuanto vi los esqueletos de animales».
Las cosas no mejoraron cuando llegó al hospital.
«Llegamos al hospital y, al principio, aunque era diferente a lo que estoy acostumbrada, parecía un hospital que funcionaba… hasta que empecé a trabajar al día siguiente», dice.
Describe el hospital, uno de los más grandes de Gaza, como un lugar que carece incluso de los recursos más básicos. «No tenían papel, no tenían guantes, no tenían desinfectante de manos», cuenta Jane.
No se disponía de equipos para salvar vidas, como respiradores para los pacientes con dificultades respiratorias, lo que obligaba a los médicos a realizar intubaciones de urgencia en algunos casos.
Pero lo peor de todo es que, incluso cuando se podía haber prestado ayuda fácilmente para aliviar el sufrimiento, las decisiones aparentemente arbitrarias impedían hacerlo.
«Tenía una paciente, una niña pequeña que tenía una infección que le había provocado gangrena en tres de sus cuatro extremidades. Lo único que necesitaba para tratarla era un medicamento sencillo. Pero, por supuesto, no se nos permitía llevar medicamentos; si [las autoridades] los encontraban [en nuestro poder], podían tirarlos a la basura o simplemente negarnos el acceso», lamenta.
«Esta niña llevaba más de un mes en el hospital, esperando una evacuación médica a Jordania, pero Israel seguía denegándosela. Cuando yo estuve allí, se suponía que iba a ser evacuada, pero se lo denegaron dos veces mientras estuve allí. La primera vez no dieron ninguna razón y la segunda vez dijeron que era porque no permitían que su madre la acompañara», sigue narrando el caso Jane.
«Esta niña tenía quizá dos o tres años y para mí, enfermera de cuidados intensivos pediátricos y neonatales, esto era inconcebible. Esperar que esta niña pequeña fuera a otro país, probablemente para que le amputaran las extremidades y luego se sometiera a rehabilitación en otro país sin su madre era absurdo», añade.
Finalmente, se aprobó que la madre acompañara a su hija. Pero, según Jane, la niña finalmente tuvo que ser amputada de las tres extremidades.
«Es una tragedia en sí misma, porque se podría haber remediado con una simple medicación o una evacuación más temprana. Sus extremidades se necrosaron, pero no estaban necrosadas desde el principio. La amputación de sus extremidades no era algo que tuviera que suceder», dice aún apenada.
Jane afirma que, de todos los pacientes que trató y todo el sufrimiento que vio en el hospital, el caso de esa niña destaca entre sus recuerdos un año después.
Los testimonios de otros médicos y trabajadores sanitarios demuestran que la experiencia de Jane no fue inusual.
Dos informes recientes que detallaban la destrucción casi total de la atención sanitaria materna y reproductiva en Gaza como consecuencia de los ataques israelíes se basaban en testimonios de médicos y trabajadores sanitarios, así como de mujeres afectadas, o los incluían, y ponían de relieve las terribles condiciones de las instalaciones sanitarias.
Los críticos de la ofensiva israelí en Gaza han descrito de diversas maneras las acciones de las fuerzas israelíes, incluidos los ataques contra la infraestructura sanitaria y otras infraestructuras civiles, como violaciones del derecho internacional humanitario, crímenes de guerra, crímenes contra la humanidad e incluso genocidio.
Israel ha negado repetidamente tales acusaciones y ha afirmado que el uso extensivo por parte de Hamás del entorno civil con fines militares significaba que gran parte de la zona urbana de Gaza se hayan convertido convertido en un objetivo militar legítimo, también cuando se instauró el último y vigente alto al fuego, en octubre de 2025.
También ha acusado al grupo militante de construir una enorme red de túneles bajo los hospitales, escuelas y otros edificios civiles de Gaza, en los que albergaba sus centros de mando y almacenes de armas.
Pero los críticos al exterminio provocado por Israel en Gaza también han señalado cómo el sufrimiento causado por sus ataques se ha visto agravado por las restricciones a la ayuda que llega a la Franja.
Jane, que ahora ha regresado a su país de origen, afirma que estas restricciones continúan, a pesar de que desde octubre está en vigor lo que se presentó como el definitivo alto el fuego, y que no impide a Israel lanzar ofensivas contra la población gazatí.
Los ataques israelíes son frecuentes y el 31 de enero se produjo el más mortífero, cuando los bombardeos provocaron la muerte de más de 30 gazatíes, la mayoría mujeres y niños, según la información de Defensa Civil de Gaza.
Las autoridades israelíes mantienen la prohibición de entrada de determinados artículos en Gaza, oficialmente por temor a que puedan ser utilizados por los militantes.
Pero los grupos humanitarios y de derechos humanos critican tanto el alcance como el ámbito de las restricciones de «doble uso» impuestas por Israel, la falta de claridad sobre lo que constituye exactamente un artículo de «doble uso» y las limitaciones aparentemente ad hoc sobre lo que se puede introducir.
Jane dijo que sabía de colegas a los que se les había denegado la entrada a Gaza por llevar el equipo médico más básico.
«Hace días, a un médico se le denegó la entrada porque intentaba llevar su estetoscopio y, cuando dijo que lo necesitaba, las autoridades le dijeron que no, le quitaron el estetoscopio y le denegaron la entrada», afirma.
Algunas organizaciones de derechos humanos aseguran que las continuas restricciones parecen irracionales y podrían dar lugar a dudas sobre su intención.
Sam Zarifi, director ejecutivo de Médicos por los Derechos Humanos (PHR, en inglés) recordó a IPS que «los funcionarios israelíes, al igual que los de Hamás, están siendo investigados por crímenes internacionales. Se está cuestionando a Israel como Estado por su cumplimiento de la Convención sobre el Genocidio».
«Existen órdenes provisionales de la Corte Internacional de Justicia sobre el cumplimiento de la Convención sobre el Genocidio, que exigen que se levanten las restricciones a la ayuda y que se preste dicha ayuda, en particular la médica. La negativa a cumplir esas órdenes tiene importancia jurídica», añadió.
Zarifi destacó que «el desprecio imprudente o intencionado del daño previsible es, y puede ser, considerado como prueba de intención».
«El gobierno israelí cuenta con algunos de los mejores abogados del mundo, y espero que esos abogados estén aconsejando a sus clientes que algunas de estas políticas plantean cuestiones muy, muy importantes sobre la intención que hay detrás de ellas, porque no parecen ser racionales de otro modo», abundó.
Independientemente de cualquier intención, los grupos humanitarios afirman que las restricciones a la ayuda están provocando un sufrimiento y una miseria masivos y generalizados en Gaza.
Esto ocurre a pesar de que la ayuda vital está disponible y lista para ser entregada rápidamente si se permite.
«Tenemos cientos de camiones cargados de ayuda vital listos fuera de Gaza. Los suministros existen. Lo que necesitamos es más acceso», declaró a IPS Ricardo Pires, director de comunicación de la División de Comunicación Global y Promoción de Unicef.
«Seguimos oyendo hablar de restricciones significativas a los suministros médicos bajo la idea de que son de doble uso. Pero [también] estamos estudiando cosas como antibióticos, analgésicos y alimentos especializados para bebés», planteó.
Y todos ellos están disponibles, remarcó Pires.
Para Zarifi, «lo que resulta muy frustrante es que sabemos por la ONU que hay camiones y almacenes llenos de los suministros necesarios, y que pueden, deben y tienen que ser trasladados lo antes posible»
«Es absolutamente desgarrador, alucinante y trágico que la población de Gaza siga sufriendo un sufrimiento y un daño que se podrían evitar por completo», denunció.
Aún no está claro cuándo, o si, se suavizarán estas restricciones, después que a fines de diciembre Israel prohibió a 37 oenegés internacionales, lo que ha ahondado las dificultades para la entrega de ayuda humanitaria en la Franja.
Jane, que desea volver pronto a Gaza para continuar con su labor humanitaria, afirma que no tiene esperanzas de que la situación de la población mejore en un futuro próximo.
«Esto lleva sucediendo casi dos años y medio y todavía no tenemos líderes [políticos] que dejen de enviar armas a Israel, que pidan un alto el fuego total, cuando sigue siendo necesario, y que se aseguren de que se respeten los términos del alto el fuego, porque, como hemos visto recientemente, [Israel] sigue lanzando bombas», afirma.
Pero, agrega, «más allá de eso, no se puede simplemente instaurar un alto el fuego, por frágil que sea, y seguir sin permitir la entrada de ayuda. Por lo tanto, es difícil tener esperanza en el futuro de Gaza».
T: MF / ED: EG


