WASHINGTON – Un nuevo estudio del Banco Mundial afirma que los déficits actuales en salud, educación, adecuado vecindario y desarrollo de habilidades en el trabajo cuestan a los países de ingreso bajo y mediano más de la mitad, 51 por ciento, de sus futuros ingresos laborales.
En el informe “Desarrollar el capital humano y medir el progreso: en el hogar, el vecindario y el trabajo” se concluye que, entre 2010 y 2025, 86 de los 129 países de ingreso bajo y mediano experimentaron deterioros en nutrición, aprendizaje o desarrollo de habilidades de la fuerza laboral.
“La prosperidad de los países de ingreso bajo y mediano depende de su capacidad para desarrollar capital humano y protegerlo”, afirmó Mamta Murthi, vicepresidenta de Personas en el Grupo Banco Mundial.
Expuso que “muchos países están luchando por mejorar la nutrición, el aprendizaje y las habilidades de la fuerza laboral actual y futura, lo que genera preocupaciones sobre la productividad laboral y los tipos de empleo que sus economías podrán mantener en el futuro”.
Para la experta, “ampliar las inversiones en capital humano para incluir el hogar, el vecindario y el lugar de trabajo puede activar estos entornos que configuran la vida de las personas y aumentan la acumulación general de capital humano”.
Un índice de capital humano trata de medir el potencial productivo de una población a partir de mediciones del capital que un niño puede alcanzar al cabo de 18 años y la productividad que tendrá cuando sea un trabajador en el futuro.
Un índice global ampliado recientemente, el Índice de Capital Humano ampliado (HCI+), que se puso en marcha junto con el informe del Banco Mundial, proporciona nuevos datos a nivel nacional y regional que permiten rastrear la acumulación de capital humano desde el nacimiento hasta los 65 años.
A la vez resulta en un indicador de cómo las brechas se traducen en pérdida de ingresos laborales en el futuro. Por primera vez, según el estudio, es posible observar cómo los avances -o las pérdidas- en materia de capital humano en el mercado laboral afectan la productividad a lo largo de la vida.
En los hogares, las brechas de habilidades relacionadas con las circunstancias familiares aparecen antes de los cinco años -antes de que la mayoría de los niños en países de ingreso bajo y mediano comiencen la escuela- y se mantienen prácticamente constantes durante toda la adolescencia, expone el estudio.
Allí “los ingresos por sí solos no compensan las deficiencias de los entornos de cuidado, que reducen el desempeño en los exámenes y aumentan la depresión”. El informe también da cuenta de altas tasas de disciplina violenta en el hogar, “lo que sugiere un margen significativo para mejorar el cuidado en dicho ámbito”.
Luego, está el espacio de los vecindarios: nuevas evidencias sugieren que los niños que crecen en vecindarios más acomodados ganan el doble que los de barrios más pobres, incluso cuando sus padres tienen niveles similares de ingresos y educación.
Los vecindarios moldean las oportunidades más allá del acceso a escuelas y centros de salud. La exposición a la contaminación, la delincuencia o la infraestructura deficiente afecta directamente la salud, el aprendizaje y el desarrollo de habilidades.
También los lugares de trabajo: en los países de ingreso bajo y mediano, los trabajadores autónomos ganan, por cada año adicional de experiencia, solo la mitad que los asalariados.
Sin embargo, en esos países, 70 % de los trabajadores trabaja en la agricultura a pequeña escala, en actividades independientes de baja calidad o en microempresas, empleos que suelen ofrecer capacitación formal limitada y escasas oportunidades de aprendizaje en el puesto de trabajo.
Las brechas de participación en la fuerza laboral limitan aún más la acumulación de habilidades: alrededor de 50 % de las mujeres están desocupadas, y 20 % de los jóvenes no estudian ni trabajan.
El HCI+ revela que, aun con niveles de ingreso similares, los países pueden exhibir puntajes muy distintos en el Índice de Capital Humano, lo que sugiere que no es solo la disponibilidad de recursos lo que limita la acumulación de capital humano.
Entre los países con mejor desempeño en relación con sus niveles de ingreso se encuentran Jamaica, Kenya, Kirguistán y Vietnam.
El HCI+ también muestra claras brechas de género: cuando se calcula solo para la población femenina, la puntuación es 20 puntos inferior a la de la población masculina. Se explica en gran medida por las diferencias en la participación en el mercado laboral y la calidad de los empleos.
Norbert Schady, economista jefe de Personas del Grupo del Banco Mundial, dijo que “al permitir que más personas desarrollen habilidades a lo largo de la vida, los países pueden generar un ‘ciclo virtuoso’, donde el aumento de la productividad conduce a salarios más altos y mayores incentivos para invertir en la próxima generación”.
El informe recomienda, en primer lugar, implementar programas preescolares y de crianza que fomenten el aprendizaje temprano y mejoren los entornos de cuidado de los niños.
Luego, enfocarse en los vecindarios en dificultades, haciendo hincapié en aumentar la nutrición, el aprendizaje y el desarrollo de habilidades en el puesto de trabajo mediante la colaboración entre todos los departamentos gubernamentales, no solo aquellos centrados en la educación y la salud.
Asimismo, reformar los mercados laborales para ampliar los programas de práctica profesional, el cuidado infantil y el aprendizaje en el puesto de trabajo; y promover políticas que integren los servicios públicos en los hogares, los vecindarios y los lugares de trabajo, y una agenda de datos para seguir de cerca los avances.
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