¿Presidirá Palestina la próxima Asamblea General de la ONU?

La Asamblea General adoptó en 2012 una resolución que otorga a Palestina la condición de Estado observador no miembro de las Naciones Unidas. Imagen: Rick Bajornas / ONU

NACIONES UNIDAS – La Asamblea General, compuesta por 193 miembros y máximo órgano normativo de las Naciones Unidas, probablemente elegirá a Palestina como su próximo presidente, en una medida sin precedentes al votar por un «Estado observador no miembro», es decir, un Estado que carece de un país al que representar.

La Secretaría General ha recibido tres candidaturas para el cargo de presidente de la Asamblea General, que comenzará a mediados de septiembre. De acuerdo con la rotación regional establecida, el presidente de la 81 sesión será elegido entre los miembros del Grupo de Asia y el Pacífico.

La elección se celebrará el 2 de junio, con tres candidaturas hasta el momento: Touhid Hossain (Bangladés), Andreas S. Kakouris (Chipre) y Riyad Mansour (Palestina).

Según la rotación geográfica, le corresponderá al Grupo de Asia y el Pacífico nominar a un candidato, y la elección final la realizará la propia Asamblea General.

Según fuentes diplomáticas, el actual favorito es Palestina. En prácticamente todas las resoluciones de la ONU relacionadas con Palestina, este país ha seguido recibiendo una abrumadora mayoría de votos en la Asamblea General.

El apoyo político a Palestina entre los Estados miembros siempre se ha mantenido fuerte. Y la elección de Palestina también desafiará a una Casa Blanca hostil.

En noviembre de 2012, la Asamblea General votó a favor de elevar a Palestina a la categoría de «Estado observador no miembro» por una mayoría de 138 votos a favor, 9 en contra y 41 abstenciones.

• Votos a favor (138): apoyado por la mayoría de los Estados miembros de la ONU.

• Votos en contra (9): Canadá, República Checa, Israel, Islas Marshall, Micronesia, Nauru, Palau, Panamá y Estados Unidos.

• Abstenciones (41): Países que no votaron a favor ni en contra.

En diciembre, la Asamblea General aprobó por abrumadora mayoría un proyecto de resolución que reafirma el derecho del pueblo palestino a la autodeterminación, incluido el derecho a un Estado independiente de Palestina.

El proyecto de resolución fue aprobado por una mayoría de 164 Estados miembros (de un total de 193), con ocho países votando en contra, a saber, Israel, Estados Unidos, Micronesia, Argentina, Paraguay, Papúa Nueva Guinea, Palau y Nauru.

Nueve países se abstuvieron: Ecuador, Togo, Tonga, Panamá, Fiyi, Camerún, las Islas Marshall, Samoa y Sudán del Sur.

Stephen Zunes, profesor de Política en la estadounidense Universidad de San Francisco y director de Estudios sobre Medio Oriente, dijo a IPS que existe un amplio consenso internacional en apoyo del establecimiento de un Estado palestino independiente y viable en los territorios ocupados de Cisjordania y Gaza.

En esaestrategia, nombrar a un palestino como próximo presidente de la Asamblea General de la ONU enviaría un mensaje contundente al gobierno israelí y a sus partidarios en Washington de que el Estado de Palestina, ahora reconocido por 164 de los 193 Estados miembros de la ONU, debe ser tratado como cualquier otra nación.

También subrayaría que Palestina está representada por la Autoridad Palestina liderada por Al Fatah, y no por Hamás, que tomó el poder por la fuerza en Gaza en 2007, afirmó.

«Si Palestina es elegida para la presidencia de la Asamblea General, el cargo probablemente recaerá en Riyad Mansour, un diplomático educado en Estados Unidos que actualmente ocupa el cargo de embajador del país ante la ONU», dijo.

Mansour, señaló, ha pasado la mayor parte de su vida en Estados Unidos, ha trabajado con Youth4Peace y otros grupos que promueven la consolidación de la paz, no tiene ninguna relación con el terrorismo y, en general, se le considera un moderado.

«No obstante, su elección probablemente provocará una airada reacción por parte de Washington, que se opone a que cualquier persona que represente a Palestina desempeñe un cargo oficial», destacó.

En 2017, durante su primer mandato (2017-2021), la administración de Donald Trump bloqueó el nombramiento del ex primer ministro Salam Fayyad, también un moderado y reformista muy respetado, para dirigir la misión política de la ONU en Libia con el fin de intentar poner fin a la guerra civil en ese país, simplemente por ser palestino, dijo Zunes.

Ramzy Baroud, autor palestino-estadounidense y editor de The Palestine Chronicle, planteó a IPS que se están desarrollando simultáneamente dos campañas internacionales: una iniciativa liderada por Estados Unidos que tiene como objetivo legitimar a Israel mientras sigue intentando activamente exterminar al pueblo palestino, y otra impulsada por la Asamblea General que tiene como objetivo legitimar a Palestina, los derechos palestinos y la lucha palestina.

Detalló que el impulso para elegir a Palestina como próximo presidente de la Asamblea General de la ONU —aunque el Estado de Palestina sigue siendo un miembro observador y carece de soberanía real sobre el terreno— se está llevando a cabo en este crudo contexto: una campaña que normaliza y protege a un Estado genocida, y otra que busca afirmar los derechos y la posición política de una nación desposeída.

«Nada podría ser más inmoral que el intento de Washington de rehabilitar diplomáticamente a Israel en medio del genocidio. Y nada podría ser más justo que el esfuerzo de los aliados de Palestina por afianzar los derechos palestinos dentro de la legitimidad internacional», afirmó.

Sin embargo, señaló, sigue habiendo una pregunta con difícil respuesta: mientras Estados Unidos va reduciendo gradualmente el aislamiento de Israel, ¿gran parte de la comunidad internacional está ofreciendo a los palestinos poco más que victorias simbólicas?

«Si la legitimación de Palestina en la Asamblea General quiere ir más allá del simbolismo, debe traducirse en un reconocimiento concreto de los derechos territoriales, la soberanía y la libertad palestinos. La legitimidad no debe quedarse en la retórica, sino que debe convertirse en política y material», argumentó Baroud.

A su juicio, «esto requiere que los Estados miembros de la Asamblea General de las Naciones Unidas que apoyan a Palestina en los foros internacionales trasladen ese apoyo al terreno, aislando diplomáticamente a Israel, rompiendo relaciones, imponiendo sanciones y adoptando medidas significativas de rendición de cuentas».

Añadió que «si bien algunos Estados han tomado esas medidas, otros siguen buscando un ‘equilibrio’ precario, apaciguando a Washington y Tel Aviv mientras dan apoyo de boquilla a Palestina».

Los palestinos están ganando lo que Richard Falk, ex relator especial de la ONU para Palestina, ha denominado la guerra de la legitimidad.

Pero esa legitimidad como categoría intelectual o moral no es suficiente. «En esta coyuntura histórica, debe transformarse en una realidad política aplicable, en soberanía, protección y libertad sobre el terreno» afirmó Baroud.

«Esperamos que el continuo protagonismo de Palestina en la ONU y en las instituciones mundiales refuerce la creciente corriente de solidaridad en todo el mundo. Y lo que es más importante, esperamos que el reconocimiento simbólico dé pronto paso a medidas decisivas y tangibles», planteó.

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