Los caballos estrenan año dando lecciones ambientales

Los caballos liberados en pastizales han mostrado ser una especie de "ingenieros ambientales", moldeando el paisaje y contribuyendo con la biodiversidad. El Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente defiende y promueve la función de los équidos en sintonía con el inicio del año lunar del caballo. Imagen: Fabian Burghardt / Pnuma

NAIROBI – El nuevo año lunar que se inicia este martes 17, distinguido como “Año del caballo de fuego”, permite exhibir a los nobles équidos como animales que desempeñan funciones clave para la salud del planeta, indicó un reporte del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (Pnuma).

El Pnuma destacó que unos 2000 millones de personas, la cuarta parte de la humanidad, celebra en la fecha el inicio de un año nuevo lunar que, como Año del Caballo, reemplaza al Año de la Serpiente, “una heroína de la biodiversidad por derecho propio”.

Este 2026 también es el Año Internacional de los Pastizales y los Pastores, que reconoce comunidades y ecosistemas específicos que han contado con apoyo fundamental de los caballos.

Los caballos -expone el reporte- han moldeado silenciosamente sus entornos durante más de 50 millones de años y han acompañado el desarrollo humano durante los últimos cuatro milenios.

Si bien solo queda una especie de caballo verdaderamente salvaje (el caballo salvaje mongol o caballo de Przewalski, Equus ferus przewalskii), y su población es reducida, la importancia de los caballos salvajes y de otros herbívoros silvestres para mantener y restaurar los ecosistemas es incuestionable, sostiene el Pnuma.

Otros caballos en libertad (asilvestrados) y domésticos también cumplen funciones importantes. Mientras se gestionen de forma sostenible y se traten con criterios éticos, seguirán contribuyendo a las sociedades y a los ecosistemas en todo el mundo.

Como “lecciones sobre acción ambiental que podemos aprender de los caballos”, el Pnuma destaca en primer lugar que esos équidos son “ingenieros” de ecosistemas.

Explica que los pastizales, matorrales y sabanas están entre los ecosistemas menos protegidos y más subestimados del planeta. Enfrentan amenazas por la degradación, el uso no sostenible y el cambio climático, y una gestión adecuada de grandes animales pastadores, como los caballos, puede ayudar a restablecer el equilibrio.

El Pnuma apoya proyectos que reintroducen caballos salvajes en esos ecosistemas frágiles. Uno de ellos es la Iniciativa Altyn Dala en Kazajistán, reconocida como Iniciativa Emblemática de Restauración en el marco del Decenio de las Naciones Unidas sobre la Restauración de los Ecosistemas.

Tras décadas de pérdida de biodiversidad, el ecosistema Altyn Dala -que se traduce como “estepa dorada”- se volvió más vulnerable a los incendios de vegetación silvestre, ya que las gramíneas crecen demasiado y arden con mayor facilidad debido al cambio climático.

La Iniciativa aborda este problema reintroduciendo un trío de consumidores de pasto: el antílope saiga, el kulan (un asno salvaje) y el caballo de Przewalski, rara especie de caballo salvaje originaria de Asia central.

Esos caballos habían desaparecido de las llanuras de Kazajistán durante más de 200 años y ahora son reintroducidos gracias a una alianza con zoológicos europeos.

Las acciones de los caballos en los ecosistemas a menudo vuelven dichos ecosistemas más hospitalarios para otras especies.

En todo el mundo, se ha observado a caballos excavando pozos de hasta dos metros de profundidad para buscar agua, a los que luego acuden otras especies.

Los caballos en libertad son conocidos por dispersar semillas y apoyar los ciclos de nutrientes del suelo y, mediante su pastoreo, mantienen espacios abiertos que atraen una variedad de insectos, aves y plantas.

Sin embargo, cuando demasiados caballos pastan en un mismo paisaje, la presión puede volverse insostenible. Para mejorar la salud de las manadas y evitar el sobrepastoreo, el Programa Tesoros que Desaparecen del Pnuma instala puntos de vacunación y marcaje en el terreno en Asia central.

Eso ayuda a prevenir la propagación de enfermedades a otros animales y permite mejorar la gestión de las manadas para evitar la degradación de pastizales y la desertificación. Entre junio de 2022 y junio de 2024, se marcaron más de 6500 caballos y se vacunaron 120 solo en Kirguistán.

Incluso en el actual mundo de alta tecnología, los caballos domésticos siguen formando parte de la vida cotidiana en muchas regiones. Ayudan a llegar a lugares remotos inaccesibles para los autos, arrean ganado a través de vastas tierras de pastoreo y proporcionan una fuente de alimentos tradicional en ciertas regiones.

La población de 3,3 millones de personas en Mongolia sigue dependiendo en gran medida de los 3,4 millones de caballos del país.

Para el Pnuma, los caballos encarnan la resiliencia. “Son trabajadores incansables, se han adaptado a condiciones meteorológicas extremas y pueden superar terrenos accidentados”, subraya el reporte.

Menciona el empleo de caballos para monitorear corredores ecológicos en Kirguistán, cabalgatas para fortalecer el ecoturismo, o el empleo de caballos por muchas comunidades de los Andes para la plantación masiva de árboles en zonas de gran altitud.

Otra lección es que los caballos, como no cuentan con colmillos afilados ni poderosas garras, tienen como “arma secreta” que permanecen unidos y buscan seguridad en grupo.

“Este comportamiento les ayuda a mantenerse en alerta y advertirse mutuamente sobre la presencia de depredadores”, destaca finalmente el Pnuma.

A-E/HM

 

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