KUALA LUMPUR – El presidente Donald Trump ha sacudido la economía mundial y el imperio del derecho internacional en el primer año de su segundo mandato, aparentemente con el objetivo de devolver la grandeza a Estados Unidos, en particular mediante la reactivación de los puestos de trabajo en el sector manufacturero estadounidense. Pero esa estrategía se le está volviendo en contra.
El presidente ha asumido la autoridad del Congreso de los Estados Unidos para declarar la guerra, imponer impuestos, firmar tratados, establecer presupuestos, regular las relaciones entre el gobierno federal y los estados, y mucho más.
Aranceles para aquí y para allá
Los aranceles del 2 de abril de 2025, que Trump calificó como el Día de la Liberación, eran aparentemente su principal medio para generar empleo en el sector manufacturero.
Cuando el la Corte Suprema de Estados Unidos consideró ilegales esos aranceles el 20 de febrero, Trump respondió imponiendo un arancel líneal de 10 % a todas las importaciones, ¡que al día siguiente subió al 15 % y luego volvió a bajar a 10 %!

Los aranceles son un medio contundente, en general, para reactivar los puestos de trabajo en el sector manufacturero estadounidense, insistió.
Pero esa política parte del supuesto de que los puestos de trabajo en el sector manufacturero estadounidense se han perdido principalmente debido a lo que la Casa Blanca considera una competencia «desleal» de las importaciones baratas.
Sin duda, las empresas estadounidenses y otras transnacionales han trasladado la producción y, en general, han recurrido a importaciones del extranjero para reducir los costes de importación.
Se supone que la imposición de aranceles a los productos importados para aumentar sus precios induce a los fabricantes a trasladar la producción y los puestos de trabajo a Estados Unidos.
Se impusieron aranceles más elevados a los países con mayores superávits comerciales de bienes con Estados Unidos. Esto ignora la balanza comercial de servicios, generalmente más favorable para Estados Unidos.
Las amenazas arancelarias se encuentran ahora entre las armas o medios de coacción económica preferidos por la administración Trump, incluidas las sanciones, para promover y asegurar sus intereses.
Ingresos
El presidente reclamó al Tesoro miles de millones de dólares en ingresos adicionales por aranceles a los exportadores extranjeros para financiar su enorme aumento del gasto militar.
Pero solo se recaudaron 264 000 millones de dólares durante el primer año de la administración llamada Trump 2.0, una cifra muy superior a la anterior, pero aún inferior a 1 % de la deuda federal estadounidense.
Los ingresos por aranceles alcanzaron su máximo en octubre de 2025, con 31 350 millones de dólares, muy por debajo de las expectativas, meses antes de la decisión del Tribunal Supremo.

El Instituto Kiel para la Economía Mundial descubrió que solo 4 % de los aranceles fueron «absorbidos» por los exportadores extranjeros, que perdieron parte de sus ingresos por exportaciones. Los importadores estadounidenses pagaron 96 % restante de los 264 000 millones de dólares en aranceles, lo que debilitó el impacto de los recortes fiscales de Trump a las empresas.
Pero los aranceles de Trump no han reducido el déficit comercial de Estados Unidos, ni siquiera en el caso de los productos manufacturados, que aumentó hasta alcanzar el billón de dólares en 2025, ya que las importaciones, por valor de 3,15 billones (millones de millones) de dólares, superaron a las exportaciones, por valor de 2,15 billones de dólares.
Aunque las tasas de interés de las hipotecas y los préstamos no han bajado, la inflación continúa. Los ingresos adicionales por aranceles ni siquiera habrían cubierto el presupuesto militar adicional que Trump ha prometido.
El Congreso legislativo podría haber recuperado su autoridad arancelaria, aunque la actual Cámara de Representantes, dominada por Trump, no lo ha intentado.
Pero con las elecciones de mitad de mandato de noviembre a la vuelta de la esquina, Forbes informó de que el índice de desaprobación del presidente subió a 55 % a mediados de febrero, ya que cada vez son menos los que confían en que su administración dé prioridad a la reducción de la inflación.
Financiarización
La deuda federal de Estados Unidos, de alrededor de 39 billones de dólares, requiere ahora más de un billón de dólares en servicio de la deuda anual del presupuesto anual de siete billones de dólares.
Con un crecimiento anual de entre 1,5 y 2 billones de dólares, esta deuda impagable se está «renovando» con vencimientos cada vez más cortos. Los fondos de cobertura poseen ahora 27 % de los bonos del Tesoro estadounidense, mientras que los extranjeros, que poseían la mitad en 2015, solo tienen ahora 30 %.
Los acuerdos de recompra de bonos del Tesoro, o repos, proporcionan alrededor de 4 billones de dólares diarios en financiación para la especulación con derivados. Otra crisis financiera podría acabar con muchos más billones de «valor» a menudo dudoso.
Mientras que la economía estadounidense, el empleo productivo y la financiación de la investigación disminuyen, varias burbujas de deuda impagable están creciendo rápidamente. Peor aún, las llamadas monedas estables y criptomonedas se han infiltrado en los mercados financieros.
Mientras tanto, algunas tasas de morosidad hipotecaria en Estados Unidos han alcanzado niveles peores que en 2007-2008. A finales de 2025, las agencias de noticias financieras publicaban informes ominosos sobre las vulnerabilidades financieras.
Cientos de miles de millones de inversiones prometidas, obtenidas de otras naciones mediante aranceles y otras amenazas, se invertirán en los mercados de activos financieros estadounidenses, pero poco de esto creará puestos de trabajo en el sector manufacturero.
El regreso de la industria manufacturera
Trump ha prometido convertir a Estados Unidos en una superpotencia manufacturera una vez más, líder mundial en tecnología, potencia informática y armamento militar. Pero China lidera muchas, si no la mayoría, de las áreas de avance tecnológico reciente.
El reputado economista estadounidense Dean Baker observó un debilitamiento del mercado laboral estadounidense durante el primer año de Trump 2.0. En general, el crecimiento del empleo en el sector manufacturero disminuyó con respecto al último año de su antecesor, Joe Biden.
Los puestos de trabajo en el sector manufacturero estadounidense llevan mucho tiempo amenazados por la globalización de las empresas transnacionales y los cambios técnicos que ahorran mano de obra, especialmente la automatización.
La política estadounidense de las últimas décadas ha dejado en manos del sector privado la responsabilidad de garantizar el liderazgo y el progreso de la tecnología industrial estadounidense. Mientras tanto, problemas como la deficiente infraestructura siguen sin resolverse.
Los aranceles de Trump y sus vaivenes también pueden reducir inadvertidamente los puestos de trabajo en Estados Unidos. Muchos procesos industriales requieren piezas importadas, y los aranceles resultan perjudiciales.
Las políticas de Trump no han creado suficientes puestos de trabajo en el sector manufacturero. El presidente despidió al jefe de estadísticas de su Departamento de Trabajo a mediados de 2025 por no informar de un crecimiento suficiente del empleo.
No obstante, solo informó de 584 000 nuevos puestos de trabajo netos para todo 2025, en comparación con los 1,6 millones de 2024, para una población activa estadounidense de 165 millones.
El diario The Wall Street Journal señaló: «El auge de la industria manufacturera que prometió el presidente Trump… está revirtiéndose».
La administración de Trump aún podría utilizar el fallo de la Corte Suprema para cambiar su estrategia de «hacer grande a Estados Unidos otra vez», aprendiendo mejor de la historia económica del país y adoptando un enfoque más pragmático.
Pero, hasta ahora, parece poco probable que lo haga.
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