PORTLAND, Estados Unidos – La lucha mundial por la igualdad de las mujeres y las niñas lleva siglos y ningún país logró aún la igualdad plena. En muchos países, mujeres y niñas siguen enfrentando discriminación, acoso, trato desigual, injusticia, violencia doméstica y falta de seguridad y protección.
Uno de los objetivos principales de esta lucha es desmantelar la discriminación sistémica y garantizar los derechos humanos básicos de las mujeres y las niñas. Estos derechos incluyen la libertad económica, la independencia social, el derecho al voto y la autonomía corporal.
Si bien hubo avances, la situación global actual en materia de igualdad de género sigue siendo preocupante. Muchas mujeres y niñas aún luchan por sus vidas, sus derechos y su dignidad.
No fue hasta comienzos del siglo XX que los países empezaron a aprobar leyes para garantizar a las mujeres el derecho a votar y a presentarse a elecciones. El primer país en permitir el voto femenino fue Nueva Zelanda en 1893. Aproximadamente una década después, Australia, Finlandia, Dinamarca e Islandia siguieron ese camino.
Hacia mediados del siglo XX, más de la mitad de los países habían otorgado a las mujeres el derecho al voto y hoy ninguno de los casi 200 países del mundo lo prohíbe formalmente. Sin embargo, en algunos países ese derecho se niega en la práctica por la ausencia de elecciones o por regímenes restrictivos.
Encuestas nacionales en distintas regiones del mundo muestran amplias mayorías que apoyan la igualdad de género y consideran muy importante que las mujeres tengan los mismos derechos que los hombres. Ese apoyo va desde más de 90 % en países como Canadá, Suecia y el Reino Unido hasta alrededor de 55 % en Kenia, Rusia y Corea del Sur.
En contraste, una minoría misógina considera a las mujeres inferiores a los hombres. Esa minoría suele tratarlas como propiedad personal, negándoles el control sobre sus vidas y sus cuerpos. Restringe sus derechos políticos, sociales y económicos y con frecuencia las ridiculiza, intimida y agrede físicamente.
Diversos índices y métricas se utilizan para medir el alcance y el progreso de la igualdad de las mujeres entre países. Por ejemplo, el Índice de Mujeres, Paz y Seguridad, basado en 13 indicadores de la situación de las mujeres en 181 países, se centra en inclusión, justicia, derechos, seguridad y protección.
Los cinco países con mejor desempeño en ese índice son Dinamarca, Islandia, Noruega, Suecia y Finlandia. En conjunto, estos cinco países representan aproximadamente 0,3 % de la población femenina mundial. Los países europeos ocupan nueve de los diez primeros puestos y los países nórdicos se mantienen entre los diez primeros desde hace años.
En contraste, los cinco países con peor desempeño en el índice son Afganistán, Yemen, República Centroafricana, Siria y Sudán. Entre los diez países peor clasificados, solo uno, Haití, no se encuentra en África o Asia (Tabla 1).

Cabe destacar que las diez economías más grandes no figuran entre los países mejor posicionados en el índice. Entre esos diez países, Canadá y Alemania ocupan los lugares más altos, en las posiciones 16 y 21, respectivamente. En cambio, China e India, que concentran cada una cerca de 17 % de la población femenina mundial, se ubican mucho más abajo, en los puestos 89 y 131, respectivamente.
Otra métrica utilizada para evaluar el progreso hacia la igualdad de las mujeres es el Índice de Desigualdad de Género (GII, en inglés) de las Naciones Unidas. Se trata de un indicador compuesto que mide mortalidad materna, nacimientos en la adolescencia, educación secundaria, participación parlamentaria y participación en el mercado laboral.
Ningún país alcanzó la igualdad plena y las mujeres siguen enfrentando amenazas de discriminación, acoso y violencia de género. En muchos países en desarrollo, mujeres y niñas continúan sufriendo graves injusticias, como el matrimonio forzado y altos niveles de violencia doméstica y sexual.
Según el GII, los cinco países con mayor igualdad son Dinamarca, Noruega, Suecia, Suiza y los Países Bajos. En el extremo opuesto se encuentran Yemen, Nigeria, Somalia, Chad y Afganistán. Otros rankings, como el Índice de Brecha de Género del Foro Económico Mundial y la clasificación Best Countries de U.S. News, muestran resultados similares.
Diversos factores contribuyen a la falta de igualdad y a la discriminación contra mujeres y niñas. Entre ellos se destacan leyes restrictivas, normas discriminatorias, estereotipos culturales, riesgos de violencia y desigualdades educativas que valoran más a hombres y niños. Estas barreras misóginas se refuerzan por sesgos inconscientes, débil aplicación de políticas, disparidades económicas y desventajas estructurales (Tabla 2).

A los hombres y los niños se les asignan con frecuencia más educación, poder, recursos y oportunidades. Además, las normas tradicionales o religiosas suelen presentar a los varones como dominantes y a las mujeres como subordinadas. Aunque estas normas suelen afirmar la igualdad espiritual, a menudo perpetúan desigualdades sociales e institucionales por interpretaciones tradicionales de textos sagrados.
La discriminación, el acoso, la falta de derechos, el acceso limitado a la salud, la desigualdad en el acceso a recursos, educación y poder político, las altas tasas de violencia, los matrimonios forzados y la preferencia cultural por hijos varones contribuyen al trato desigual hacia niñas y mujeres.
Además, las mujeres realizan una cantidad desproporcionada de trabajo no remunerado, lo que limita su capacidad de generar activos o progresar en sus carreras. Perciben salarios más bajos por el mismo trabajo y suelen concentrarse en ocupaciones peor remuneradas. En muchos países también enfrentan restricciones para acceder a la propiedad de la tierra, al crédito, a los servicios financieros y a la protección legal en igualdad de condiciones.
Las crisis humanitarias, el cambio climático y las pandemias tienden a afectar de manera desproporcionada a las mujeres, lo que agrava las desigualdades existentes. Los Estados frágiles y los países en conflicto también suelen mostrar peores resultados en materia de igualdad de género.
La desigualdad de género también varía dentro de los países. Por ejemplo, aunque las mujeres representan 50 % de la población de Estados Unidos, la desigualdad persiste en los ámbitos social, económico y político. Según 17 indicadores clave, los cinco estados con mejores resultados son Hawái, Nevada, Maryland, Maine y Oregón, mientras que los cinco con peores resultados son Utah, Texas, Idaho, Arkansas y Luisiana (Tabla 3).

Quedan unos cinco años para que el mundo cumpla las promesas de igualdad de género de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible. Alcanzar esa igualdad no solo es lo correcto, sino que es esencial para el desarrollo sostenible.
La igualdad de las mujeres es un derecho humano fundamental y la base de un mundo pacífico y sostenible. Hubo avances en las últimas décadas, pero el mundo no está encaminado a lograr la igualdad de género para 2030.
En los años restantes se identificaron once grandes desafíos que deben abordarse para avanzar en la igualdad de las mujeres. Entre ellos figuran la discriminación, las desigualdades, el acceso insuficiente a educación y salud, la baja participación en el liderazgo político, la violencia contra mujeres y niñas, la pobreza y la falta de oportunidades económicas (Tabla 4).

Las mujeres y las niñas enfrentan discriminación que limita su acceso a educación, empleo, salud y protección legal. El trato injusto y la negación de derechos básicos generan sociedades injustas.
Aproximadamente una de cada tres mujeres, unos 840 millones en el mundo, sufrió violencia de pareja o sexual a lo largo de su vida. Solo en los últimos 12 meses, 316 millones de mujeres, 11 % de las mayores de 15 años, fueron víctimas de violencia física o sexual por parte de una pareja.
Entre los principales factores que explican la falta de igualdad se encuentran las leyes restrictivas, las normas discriminatorias, los estereotipos culturales, los riesgos de violencia, la débil aplicación de políticas, la desigualdad educativa, las disparidades económicas, el acceso insuficiente a la salud, la falta de representación política, la segregación laboral, la brecha salarial, la carga del trabajo de cuidados no remunerado y la distribución desigual de las tareas domésticas.
Lograr la igualdad de las mujeres requiere un enfoque integral. Esto implica garantizar sus derechos humanos básicos, aplicar protecciones legales contra la discriminación y la violencia, asegurar igualdad salarial, acceso a la educación, empoderamiento económico y oportunidades, promover su participación en puestos de liderazgo, desmontar estereotipos misóginos, impulsar políticas inclusivas, apoyar instituciones lideradas por mujeres y fomentar la corresponsabilidad en el hogar.
Este enfoque también exige acciones proactivas de gobiernos, organizaciones no gubernamentales, empresas, escuelas, organizaciones comunitarias, familias e individuos para asegurar igualdad de oportunidades, libertad frente a la violencia y el pleno ejercicio de los derechos humanos de mujeres y niñas.
Joseph Chamie es demógrafo y consultor, exdirector de la División de Población de las Naciones Unidas y autor de numerosas publicaciones sobre temas de población, incluido su libro más reciente: “Niveles de población, tendencias y diferenciales”.
T: GM / ED: EG


