ZAMBOANGA, Filipinas – A pesar de carecer tanto de pruebas como de teoría, muchos economistas afirman que la liberalización comercial acelera el desarrollo. Sin embargo, solo unas pocas economías han obtenido muchos puestos de trabajo gracias al acceso a un mercado externo abierto.
Por el contrario, la mayoría de las economías han experimentado una mayor desindustrialización e inseguridad alimentaria, además de aumentar su vulnerabilidad ante las recientes amenazas arancelarias.
Liberalización comercial multilateral
En la teoría comercial convencional, los beneficios de la liberalización comercial son principalmente aumentos puntuales de la producción y las exportaciones debido a la ventaja comparativa estática.
La política exterior estadounidense tras la Segunda Guerra Mundial transformó las relaciones multilaterales y las instituciones transnacionales, incluida la gobernanza económica internacional.

Con el creciente poder de las empresas transnacionales, muchas instituciones multilaterales, incluido el sistema de las Naciones Unidas, han sido reconfiguradas o marginadas.
El Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio (GATT) fue un compromiso «de segundo orden» después de que el Congreso de los Estados Unidos vetara la creación de la Organización Internacional del Comercio, a pesar del entusiasmo internacional generalizado por la Carta de La Habana de 1948 que le daba vida.
Casi medio siglo después, en 1995, se creó la Organización Mundial del Comercio (OMC), tras la Declaración de Marrakech de 1994 que puso fin a la Ronda Uruguay de negociaciones del GATT.
El indioestadounidense Jagdish Bhagwati, considerado el gran guru del comercio mundial, argumentó que el comercio multilateral se ha visto socavado por acuerdos plurilaterales y bilaterales que favorecen a los socios dominantes.
Con la era de la liberalización comercial prácticamente terminada desde la crisis financiera mundial de 2008-2009, la defensa del libre comercio ha recibido un nuevo impulso gracias a la mitificación de la era «preTrump».
Esa era sintetiza al periodo estadounidense prevío a la llegada a la Casa Blanca por primera vez del presidente Donald Trump, en 2017, orientado al consenso bipartidista en asuntos externos, la defensa del libre comercio, y una relación política promotora de acuderdos y no de disenso.
Algo que demolió Trump con su nacionalismo, su proteccionismo, su populismo y su polarización, además del «Estados Unidos primero», en una estrategía que agudizó al volver a la presidencia en enero de 2025.
Efectos desiguales y mixtos
La teoría comercial dominante no contempla la posibilidad de un «intercambio desigual», sea cual sea su definición.
Tampoco incorpora la noción de Bhagwati de «crecimiento empobrecedor», cuando las ganancias de productividad reducen los precios para los consumidores, en lugar de aumentar los ingresos de los productores.
Las tres décadas de liberalización comercial desde la década de los años 80 del siglo pasado vieron un crecimiento más lento, pero más volátil, que el cuarto de siglo posterior a la Segunda Guerra Mundial denominado «la edad de oro». Más recientemente, las tendencias estancacionistas han predominado desde la crisis financiera mundial de 2008.
Con la liberalización del comercio, muchos países del Sur en desarrollo han experimentado una mayor inseguridad alimentaria y desindustrialización, al reducirse la participación de la industria manufacturera en su renta nacional.
Gran parte de la industrialización sustitutiva de las importaciones tras la Segunda Guerra Mundial o la independencia se ha derrumbado desde entonces. Aparte del procesamiento de recursos, han surgido muy pocas industrias nuevas en África.
La «ayuda para el comercio» destinada a los países en desarrollo más pobres reconoce implícitamente los efectos adversos de la liberalización del comercio al mitigar algunos de ellos. Entonces, ¿por qué deberían abandonar el proteccionismo si necesitan una compensación por hacerlo?
Las naciones ricas también han insistido en que los países en desarrollo pongan fin a los aranceles sobre los productos manufacturados.
Pero, como ha señalado el eminente economista turco Dani Rodrik, profesor de Economía Política Internacional en Harvard, «por qué las naciones ricas necesitan que los países pobres les sobornen para hacer lo que les conviene es un misterio que perdura»
Las naciones africanas y los pequeños Estados insulares en desarrollo del Caribe y el Pacífico disfrutaban de un acceso preferencial a los mercados europeos, que la liberalización comercial multilateral total eliminaría.
Esas preferencias para el África subsahariana han enfrentado a los países menos adelantados de África con los de Asia, lo que ha socavado la capacidad de negociación colectiva de ambos.
Muchos países esperaban que la Ronda de Doha, que se realizó en el marco de la OMC entre 2002 y 2015, eliminase las subvenciones a los productores, los aranceles y las barreras no arancelarias de las naciones ricas, pero eso no ha sucedido.
La reducción de las ayudas agrícolas en el Norte podría hacer más viable la agricultura alimentaria en los países en desarrollo, pero también aumentaría los precios de las importaciones de alimentos en el ínterin.
Los programas de «ajuste estructural» del Banco Mundial y los requisitos de disciplina fiscal del Fondo Monetario Internacional han socavado la infraestructura y la productividad rurales, lo que ha supuesto un retroceso para la agricultura a pequeña escala en la mayoría de los países en desarrollo.
Retrocesos, no avances
La liberalización del comercio también reduce los ingresos arancelarios. Estas pérdidas han perjudicado a los países en desarrollo, especialmente a los más pobres, para los que los aranceles solían representar hasta la mitad de todos los ingresos fiscales.
Esta reducción de los ingresos ha socavado gravemente los medios fiscales de los países en desarrollo, fundamentales para el gasto y la inversión públicos, incluidos el desarrollo y el bienestar.
La mayoría de los gobiernos no pueden sustituir los ingresos arancelarios perdidos por impuestos nuevos o más elevados. Mientras tanto, el aumento del endeudamiento para compensar la pérdida de ingresos arancelarios ha agravado la deuda.
Los defensores de la liberalización del comercio suelen ser vagos sobre cómo se supone que esta aumentará las exportaciones, los ingresos y los ingresos fiscales, además de compensar la pérdida de ingresos arancelarios.
En cambio, la presión fiscal suele volverse más regresiva a medida que disminuyen los ingresos fiscales generales. Se supone que el consumo real aumentará a medida que bajen los precios de las importaciones con la reducción de los aranceles, pero también podría disminuir debido al aumento de los impuestos al consumo.
Menos margen de maniobra política
La liberalización del comercio también ha reducido los instrumentos de política de desarrollo disponibles, especialmente los relacionados con el comercio, la inversión y la industrialización.
Las restricciones impuestas por la liberalización del comercio y los acuerdos de inversión han limitado en general el alcance y el potencial de las iniciativas de política de desarrollo.
El papel y el impacto reales de la política comercial en el crecimiento y el empleo siguen siendo discutibles. Pero no hay razones analíticas ni pruebas empíricas sólidas de que la liberalización del comercio por sí sola garantice el desarrollo sostenible.
El Banco Mundial y la mayoría de los demás estudios reconocieron que los beneficios netos para la mayoría de los países en desarrollo serían modestos, si no negativos, a partir de cualquier resultado realista.
A menudo se ignora que las expectativas realistas de beneficios derivados de la liberalización del comercio dependen fundamentalmente de una fuerte respuesta positiva de la oferta de exportaciones.
Sin embargo, es poco probable que se produzca tal respuesta cuando no existen capacidades productivas y de exportación competitivas a nivel internacional, como ocurre en la mayoría de los países en desarrollo, especialmente en los más pobres.
Por lo tanto, la mayor parte del Sur global no ha podido superar las peores consecuencias de la liberalización del comercio para lograr un desarrollo sostenible.
En cualquier caso, las negociaciones de la Ronda de Doha de la OMC fueron interrumpidas por los países ricos en 2015.
Ante la violación cada vez más flagrante y egoísta de las normas de la OMC por parte de los Estados Unidos, los países europeos y otras naciones ricas, los países en desarrollo pueden mejorar sus perspectivas de desarrollo volviendo a las normas del GATT.
Esto les permitiría optar por participar, según proceda, en lugar de resignarse a las normas y reglamentos uniformes de la OMC, independientemente del contexto, las circunstancias, las capacidades y las posibilidades.
T: MF / ED: EG


