PORTLAND, Estados Unidos – El envejecimiento y la disminución de la población son cada vez más frecuentes en muchos países del mundo.
Una cantidad creciente de gobiernos se enfrenta ahora a este doble desafío demográfico, cada vez más evidente. Los desafíos demográficos que plantean el envejecimiento y la disminución de la población tienen un impacto significativo en la sociedad, afectando diversos problemas económicos, sociales y políticos.
Los gobiernos se ven cada vez más obligados a abordar el impacto económico de mantener a un número creciente de jubilados que viven más tiempo con un número cada vez menor de trabajadores. Estos cambios comienzan a tener efectos notables en los programas de pensiones, los sistemas de salud y las redes de seguridad social.
En aproximadamente 63 países y zonas, que representan alrededor de 28 % de la población mundial de 8200 millones de personas en 2024, el tamaño de su población alcanzó su punto máximo antes de 2024 y ahora está disminuyendo.
En 48 países y zonas, que representan 10 % de la población mundial en 2024, se proyecta que el tamaño de la población alcanzará su punto máximo en los próximos cincuenta años (Imagen 1).

En los 126 países o zonas restantes, que representan 62 % de la población mundial, se prevé que sus poblaciones sigan creciendo hasta 2055, alcanzando potencialmente un pico a finales del siglo XXI o después.
Además de la disminución de la población, muchos países han experimentado un cambio demográfico histórico en sus estructuras de edad. Este importante hito demográfico se produce cuando el porcentaje de personas de 65 años o más supera al de 17 años o menos. En otras palabras, se produce cuando el número de adultos mayores supera al de niños en una población.
El primer cambio demográfico histórico se produjo en Italia en 1995, durante el siglo XX. Cinco años después, se produjo en seis países más: Bulgaria, Alemania, Grecia, Japón, Portugal y España.
Para 2025, 55 países y zonas habían experimentado un retroceso histórico, y se espera que más países experimenten lo mismo pronto. Particularmente impactantes son las características demográficas de Italia y Japón, donde, además de tener poblaciones en declive, el porcentaje de personas de 65 años o más es aproximadamente el doble que el de las de 17 años o menos (Imagen 2).

Las principales fuerzas demográficas que impulsan el envejecimiento y la disminución de la población son las tasas de fecundidad inferiores a los niveles de reemplazo, el aumento de la longevidad y la limitación de la inmigración.
A nivel mundial, más de la mitad de los países y zonas tienen una tasa de fecundidad inferior a 2,1 nacimientos por mujer, lo que se considera fecundidad de nivel de reemplazo.
En muchos casos, las tasas de fecundidad de los países en 2024 han descendido significativamente por debajo de los niveles de reemplazo. Por ejemplo, Corea del Sur (0,73), China (1,01), Italia (1,21), Japón (1,22), Canadá (1,34), Alemania (1,45), Rusia (1,46), Reino Unido (1,55), Estados Unidos (1,62) y Francia (1,64) presentan tasas de fecundidad inferiores a los niveles de reemplazo (Imagen 3).

La esperanza de vida mundial al nacer ha aumentado de 46 años en 1950 a 74 en 2025, con un número creciente de personas que alcanzan la edad centenaria. En 50 países y zonas, se espera que la inmigración mitigue futuras disminuciones del tamaño de la población.
Una medida para abordar el envejecimiento y la disminución de la población es reconocer las realidades demográficas y adaptar las políticas y programas gubernamentales en consecuencia.

Sin embargo, muchos gobiernos se muestran reticentes a aceptar el envejecimiento y la disminución de sus poblaciones. Estos gobiernos han implementado estrategias para combatir estas importantes tendencias demográficas.
Alrededor de 55 países han adoptado políticas e incentivos para aumentar sus tasas de fertilidad con la esperanza de revertir el envejecimiento y la disminución de sus poblaciones. Sin embargo, considerando las tendencias mundiales recientes y diversos factores económicos, sociales, de desarrollo, culturales y personales, parece improbable que las bajas tasas de fertilidad actuales vuelvan al nivel de reemplazo en un futuro próximo.
Se han implementado diversas políticas para abordar el envejecimiento y la disminución de las poblaciones. Estas políticas son de amplio alcance e incluyen el aumento de impuestos, el aumento de la edad de jubilación, el aumento de la productividad, el aumento de la participación femenina en la fuerza laboral, la autorización del suicidio médicamente asistido, la dependencia de la inmigración de trabajadores, la promoción de la igualdad entre hombres y mujeres y la reducción del gasto en pensiones y atención médica para adultos mayores (Tabla 1).

La mayoría de los gobiernos invierten importantes recursos financieros en pensiones y atención médica para las personas mayores. Algunos funcionarios gubernamentales argumentan que gastar dinero en las personas mayores, mientras su población activa está disminuyendo, no es económicamente viable.
Consideran que los gastos excesivos en las personas mayores generan poca inversión y constituyen una práctica económica desaconsejada. Sugieren aumentar la edad de jubilación para recibir pensiones y alentar a las personas a seguir trabajando en la vejez, en particular a quienes actualmente dependen de las pensiones, la atención médica y las ayudas públicas.
En lugar de depender de programas financiados por el gobierno para el cuidado de las personas mayores, algunos funcionarios gubernamentales creen que las familias deberían cuidar de sus familiares ancianos y frágiles, como ha sucedido a lo largo de gran parte de la historia mundial.
Algunos funcionarios gubernamentales consideran que se debería animar a los numerosos adultos mayores que actualmente dependen de las pensiones y la asistencia pública a incorporarse al mercado laboral y lograr la independencia financiera.
Si bien muchos gobiernos proporcionan o regulan las pensiones y la atención médica, su papel sigue siendo objeto de debate político y económico en numerosos países, donde el nivel y el tipo de programas gubernamentales varían significativamente entre países.
A diferencia del debate entre gobiernos, la mayoría de los ciudadanos de estos países cree que sus gobiernos deberían seguir proporcionando pensiones, atención médica y asistencia a los adultos mayores.
Una encuesta realizada en seis países europeos (Reino Unido, Francia, Alemania, Italia, Polonia y España) y Estados Unidos reveló que la mayoría de sus poblaciones reconocen las futuras dificultades financieras que enfrentarán las pensiones públicas.
La mayoría de los habitantes de los países encuestados consideraba que el valor de la pensión estatal era demasiado bajo y se oponía a opciones de reforma comunes, como aumentar la edad de jubilación o reducir la financiación de los servicios para las personas mayores. Además, la mayoría de las personas no jubiladas no confiaban en vivir cómodamente durante su jubilación.
El envejecimiento y la disminución de la población son dos tendencias demográficas importantes para el siglo XXI. Estas demografías, potentes y generalizadas, plantean enormes desafíos para muchos países del mundo.
En lugar de intentar volver a los niveles demográficos del pasado, los gobiernos deberían reconocer el envejecimiento y la disminución de sus poblaciones y actuar en consecuencia para abordar los numerosos desafíos que surgen de estas tendencias.
Joseph Chamie es demógrafo y consultor, exdirector de la División de Población de las Naciones Unidas y autor de numerosas publicaciones sobre temas de población, incluido su libro más reciente: “Niveles de población, tendencias y diferenciales”.
T: MLM / ED: EG


