NACIONES UNIDAS – A medida que la campaña para elegir al próximo secretario general cobra impulso, aunque sea a un ritmo relativamente lento, se especula ampliamente con que cualquier candidato que se presente al puesto de secretario general de la Organización de las Naciones Unidas tendrá que acatar los dictados de una Casa Blanca políticamente hostil o enfrentarse a un veto en el Consejo de Seguridad.
Hasta ahora, solo hay dos candidatos declarados, ambos latinoamericanos: la expresidenta Michelle Bachelet, de Chile, y el ex director general de la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA) Rafael Grossi, de Argentina, aunque se espera que se sumen más candidatos a la carrera.
Bachelet también fue la primera directora ejecutiva de ONU Mujeres tras su primera presidencia (2006-2010) y alta comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos (Acnudh) tras su segundo mandato (2014-2018).
El sucesor o sucesora del actual secretario general, António Guterres, asumirá el cargo en enero de 2027 y será elegido por los 15 miembros del Consejo de Seguridad y posteriormente ratificado por los 193 miembros de la Asamblea General (Agnu).
Annalena Baerbock, presidenta de la Agnu, afirmó que el proceso de selección ya está en marcha y que los diálogos interactivos con los candidatos están programados para la semana del 20 de abril, en la que estos presentarán sus «declaraciones de visión».
Mientras tanto, Estados Unidos ha declarado públicamente su oposición a algunos de los objetivos básicos de la agenda socioeconómica de la ONU, entre ellos el empoderamiento de las mujeres y las políticas relacionadas con la diversidad, la equidad y la inclusión (DEI), al tiempo que ha calificado el cambio climático de «mentira» y «gran estafa».
La administración del presidente Donald Trump también ha restado importancia a los derechos humanos y al cumplimiento de las leyes internacionales, dos conceptos arraigados en el sistema de la ONU.
En una entrevista con The New York Times en enero, Trump afirmó que no «necesita el derecho internacional» para guiar sus acciones, argumentando que solo su propia «moralidad» y «mente» limitarán sus poderes globales.
Entonces, ¿cuál sería el destino de cualquier candidato, hombre o mujer, que defienda estos objetivos de la ONU? ¿Habrá una batalla de vetos, como ocurrió en épocas pasadas?
Richard Gowan, director del programa de Asuntos Globales e Instituciones del International Crisis Group (ICG), que supervisa el trabajo del ICG sobre geopolítica, tendencias globales en conflictos y multilateralismo, dijo a IPS que nadie sabe cómo terminará esta carrera.
Obviamente, los observadores de la ONU seguirán de cerca las declaraciones de intenciones y las apariciones públicas de los candidatos iniciales durante los próximos meses, señaló.
«Pero los diplomáticos en Nueva York sospechan que los poderes de veto en el Consejo de Seguridad podrían anunciar repentinamente su apoyo a un nuevo candidato en el último momento para eludir todo el proceso público. Existe una fuerte sensación de que Estados Unidos, China y Rusia no quieren verse acorralados por la Asamblea General».
Ellos tres, junto con Francia y Reino Unido, conforman el grupo de los cinco países que son miembros permanentes del Consejo de Seguridad y cuentan con poder de veto sobre sus resolunciones.
También existe la posibilidad, según Gowan, de que los países con derecho a veto no se pongan de acuerdo sobre un candidato y el Consejo termine prolongando las discusiones sobre un candidato hasta diciembre.
«Los funcionarios de la ONU incluso han elaborado planes de contingencia para lo que sucedería si no se llegara a un acuerdo sobre un candidato el 1 de enero de 2027. Es posible que el Consejo de Seguridad pida a Guterres que se quede unos meses más, aunque no creo que ni los diplomáticos ni Guterres quieran ese resultado», dijo.
Sin duda, hay algunos altos funcionarios de la ONU y embajadores en Nueva York que se preguntan si el Consejo podría recurrir a ellos en el último momento, dijo Gowan.
Thomas G. Weiss, profesor emérito de Ciencias Políticas y director emérito del Instituto Ralph Bunche de Estudios Internacionales del Centro de Posgrado de la Universidad Municipal de Nueva York, declaró a IPS que es difícil imaginar que alguien que se presente a la Secretaría General de la ONU no se enfrente al veto de Washington en una candidatura que necesariamente aborda los valores del organismo mundial.
Entre ellos, resaltó, la cooperación (multilateralismo de cualquier tipo) y la discusión honesta de cuestiones como el clima, el género (masculino o femenino), la proliferación nuclear, Palestina y la soberanía, todos ellos «engaños» o «estafas» según Trump y sus colaboradores.
Tanto las elecciones de 1996 como las de 1981, dijo, proporcionan «modelos» de actuación en la selección del máximo responsable de la ONU.
«Los vetos chinos son probablemente el precedente más relevante para que Washington se mantenga firme indefinidamente hasta que surja un candidato ‘aceptable’. Esperemos que esa persona sea tan competente como el compromiso de 1996 sobre Kofi Annan», afirmó.
En 1981, Salim Ahmed Salim, de Tanzania, contó con el respaldo de la Organización para la Unidad Africana, el Movimiento de Países No Alineados y China. Pero su candidatura fue bloqueada por el veto de Estados Unidos. El seleccionado fue finalmente el peruano Javier Pérez de Cuéllar.
En 1996, Estados Unidos vetó un segundo mandato de cinco años para el egipció Boutros-Ghali, a pesar de que recibió el apoyo de 14 de los 15 miembros del Consejo de Seguridad.
En 1981, China ejerció un veto récord de 16 veces contra el austriaco Kurt Waldheim para impedir un tercer mandato, lo que impulsó a Pérez de Cuéllar.
Mientras tanto, se ha llevado a cabo una intensa campaña para que una mujer ocupe el cargo de secretaria general de la ONU, la primera en los 81 años de historia de la organización. Sin embargo, Estados Unidos se ha mantenido en silencio sobre esta propuesta, que cuenta con un amplio apoyo.
Los nueve secretarios generales que ha tenido la ONU, todos ellos hombres, son:
António Guterres (Portugal), que asumió el cargo en enero de 2017; Ban Ki-moon (Corea del Sur), de enero de 2007 a diciembre de 2016; Kofi A. Annan (Ghana), de enero de 1997 a diciembre de 2006; Boutros Boutros-Ghali (Egipto), de enero de 1992 a diciembre de 1996; Javier Pérez de Cuéllar (Perú), de enero de 1982 a diciembre de 1991; y Kurt Waldheim (Austria), de enero de 1972 a diciembre de 1981.
Les precedieron: U Thant (Birmania, ahora Myanmar), que ocupó el cargo desde noviembre de 1961, cuando fue nombrado secretario general interino (fue nombrado oficialmente secretario general en noviembre de 1962), hasta diciembre de 1971; Dag Hammarskjöld (Suecia), desde abril de 1953 hasta su muerte en un accidente aéreo en África en septiembre de 1961; y Trygve Lie (Noruega), que ocupó el cargo desde febrero de 1946 hasta su dimisión en noviembre de 1952.
En cuanto a la posición de Estados Unidos, Gowan afirmó: «No creo que Washington haya decidido aún a quién presentar como candidato. Pero la administración Trump es muy consciente de que tiene el poder de remodelar la cultura política de la organización si encuentra a alguien que se ajuste a sus puntos de vista».
A su juicio, los diplomáticos estadounidenses han comunicado a otros países con derecho a veto que se abstendrán de apoyar diversas propuestas de reforma y recortes hasta que tengan a su propio candidato para el cargo de secretario general.
«Muchos miembros de la ONU dan por sentado que Estados Unidos no aceptará a una mujer como secretaria general, pero yo creo que Washington podría respaldar a una mujer si fuera una conservadora social firme y estuviera dispuesta a realizar grandes recortes en el sistema de la ONU», argumentó.
Sin embargo, añadió, «en este momento no hay ninguna candidata que cumpla esos criterios. Creo que algunas candidatas que nunca podrían alinearse con Estados Unidos en cuestiones como el desarrollo y la diversidad ya se están retirando de la carrera».
La carismática primera ministra de Barbados desde 2018, Mia Mottley, fue durante un tiempo la supuesta favorita a suceder a Guterres en el Sur global, pero aparentemente abandonó su participación en la carrera a la Secretaría General y volvió a concentrarse en la política nacional.
Gowan cree también que «todos los candidatos reconocen que van a tener que hablar mucho más sobre cómo van a impulsar la labor de la ONU en materia de paz y seguridad, que es una prioridad no solo para Estados Unidos, sino para muchos Estados miembros».
Dicho esto, el especialista de Crisis Group recordó que un diplomático de la ONU le dijo hace poco que «no ve posible que los países del Sur global acepten a otro candidato occidental después de Guterres, independientemente de su género».
«Los miembros no occidentales del Consejo de Seguridad podrían crear una minoría de bloqueo en el Consejo de Seguridad para mantener fuera a los candidatos de los aliados de Estados Unidos», consideró Gowan.
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