¿Y ahora qué? EEUU abandona organismos claves en la cooperación climática

Yamide Dagnet, vicepresidenta sénior de Asuntos Internacionales del Consejo para la Defensa de los Recursos Naturales. Imagen: COP30

NAIROBI – El presidente Donald Trump ha redoblado sus medidas para distanciar aún más a Estados Unidos de las organizaciones y entidades internacionales centradas en el clima, el medioambiente y la energía.

Esa estrategia está en consonancia con el enfoque establecido por su administración para socavar y redirigir los fondos y la cooperación internacional lejos de los programas climáticos y de energía limpia, como parte de su ofensiva contra la era del multilateralismo que ha regido el mundo desde el fin de la Segunda Guerra Mundial.

Pero mientras algunos ven una escalada catastrófica, otros expertos mundiales, como Yamide Dagnet, vicepresidenta sénior de Asuntos Internacionales del Consejo para la Defensa de los Recursos Naturales (NRDC, en inglés), ven ante todo una formalización continua de las posiciones perjudiciales ya adoptadas por la actual administración.

Al regresar a la Casa Blanca, el 20 de enero de 2025, Trump inició una segunda retirada del Acuerdo de París sobre el cambio climático para limitar el calentamiento global.

Simultáneamente, la administración estadounidense comenzó a reducir significativamente la financiación de los programas climáticos, retirándose de fondos climáticos internacionales como el Fondo Verde para el Clima, cancelando miles de millones en subvenciones nacionales para energía limpia, deteniendo la investigación climática y, en general, dando prioridad a los combustibles fósiles sobre las iniciativas climáticas.

Dagnet reconoce a IPS que el momento actual es realmente abrumador, especialmente tras la 30 Conferencia de las Partes (COP30), realizada en la ciudad brasileña de Belém en noviembre, pero a su juicio «el resto del mundo debe convertir este reto en una oportunidad para abrir nuevos caminos en la acción climática, la financiación y la cooperación internacional».

«Tengo un optimismo obstinado, pero con los pies en la tierra. El camino por delante será difícil, pero alcanzar los objetivos climáticos establecidos no es en absoluto imposible», aseguró la vicepresidenta de NRDC.

Para Dagnet, «esto está lejos de ser una catástrofe. Solo un país se ha retirado de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC); el resto del mundo sigue firmemente comprometido».

En cuanto a la salida de la CMNUCC, el colega de Dagnet, Jake Schmidt, del NRDC, señaló en su blog que las ramificaciones legales son tales que no está claro desde el punto de vista constitucional si un presidente puede retirarse unilateralmente de los acuerdos internacionales que el Senado ha ratificado y consentido.

La Constitución especifica las disposiciones de adhesión, pero no dice nada sobre las disposiciones de salida.

Dagnet también señaló que, aunque la retirada de la CMNUCC no tiene precedentes y convierte a Estados Unidos en la única nación fuera del tratado climático fundamental de la ONU, «la salida no es definitiva; una futura administración podría volver a incorporar al país».

De hecho, el presidente Joe Biden, que sucedió a Trump tras su primera administración (2017-2019), tomó entre sus primeras medidas el retorno al Acuerdo de París sobre cambio climático del que su antecesor se había salido.

No obstante, Estados Unidos volverá a ser noticia el 27 de enero de 2026, cuando el país dejará de ser técnicamente signatario de ese Acuerdo de París y no formará parte de las negociaciones internacionales sobre el clima, a menos hasta que se revierta la retirada.

«El optimismo que siento también se basa en el pragmatismo. Parafraseando al escritor James Baldwin, ‘no todo lo que se afronta puede cambiarse, pero nada puede cambiarse hasta que se afronta'», dijo Dagnet.

La vicepresidenta de NRDC recordó que «la administración estadounidense no estuvo representada en la COP30 y, aun así, el mundo impulsó una agenda integral de acción climática para ir más allá de las promesas mediante una colaboración acelerada entre gobiernos, empresas, sociedad civil e inversores»

En su discurso de investidura de hace un año, Trump calificó el petróleo de «oro líquido» y prometió «liberar» los combustibles fósiles de Estados Unidos en forma de petróleo y gas.

Dagnet afirma que el destino de Estados Unidos ya estaba escrito y que el mundo debe seguir replanteándose, reformulando estrategias y reorganizándose, ya que los que están a favor de la acción climática son más que los que están en contra.

A principios de este mes, Trump decidió abandonar un conjunto de 66 entidades de la ONU y ajenas a la ONU, incluidas las centradas en el clima y la energía limpia, porque que no están alineadas con los intereses nacionales de Estados Unidos.

Entre ellas se encuentran el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) de la ONU, que es el organismo científico más autorizado del mundo en materia de cambio climático, ONU Agua, ONU Océanos y ONU Energía.

Otras son la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UINC), que es la autoridad mundial en materia de asesoramiento técnico y político sobre conservación, y el Programa de Colaboración de las Naciones Unidas para la Reducción de Emisiones debidas a la Deforestación y la Degradación Forestal en los Países en Desarrollo.

Entre las organizaciones no pertenecientes a las Naciones Unidas se encuentran la Agencia Internacional de Energías Renovables, la Red de Políticas de Energías Renovables para el Siglo XXI, el Pacto por una Energía Libre de Carbono 24/7, la Comisión para la Cooperación Ambiental, el Foro Intergubernamental sobre Minería, Minerales y Desarrollo Sostenible y la Plataforma Intergubernamental Científico-Normativa sobre Diversidad Biológica y Servicios de los Ecosistemas.

Existe una gran preocupación porque comunidades como las de los asentamientos informales queden peligrosamente expuestas a los caprichos del cambio climático ante los inminentes recortes presupuestarios para apoyar los esfuerzos climáticos. Imagen: Joyce Chimbi / IPS

Existe una preocupación generalizada de que la retirada de Washington tenga consecuencias negativas de gran alcance en la financiación y el apoyo técnico para el clima y la energía limpia.

Pero Dagnet recuerda que Estados Unidos ya no pagó sus cuotas a la ONU en 2025.

El secretario general de la ONU, António Guterres, ha expresado su pesar por la salida del país de las entidades de la ONU y ha instado a la administración Trump a saldar lo que se debe al organismo internacional, ya que los pagos son obligatorios.

Estados Unidos es el país que más aporta al presupuesto de la ONU, pero también el que más debe, con alrededor de 22 % del presupuesto ordinario.

Del mismo modo, antes de esta retirada, Estados Unidos ya estaba incumpliendo muchos de sus compromisos de financiación climática. Si bien este nuevo acontecimiento, junto con las insuficientes promesas de financiación del pasado, supone un importante retroceso en la acción climática internacional y el apoyo a los países en desarrollo, ese reto no es insuperable.

Los observadores de la financiación climática constataron que, incluso durante la administración de Joe Biden, las contribuciones internacionales de Estados Unidos a la financiación climática eran insuficientes y estaban muy por debajo de los objetivos.

Dagnet señala que, si bien las acciones del país en materia de multilateralismo representan un retroceso, el multilateralismo también está evolucionando y es de esperar que sea capaz de navegar por territorios inexplorados.

Elogia el amplio reconocimiento de que el cambio climático requiere de forma urgente y sostenible la cooperación y la colaboración a nivel mundial.

Además, destaca que la cooperación internacional ampliaría la cesta de financiación climática, ya que el apoyo financiero para la acción climática puede provenir no solo de los gobiernos, sino también de una amplia gama de actores no estatales y público-privados.

«Esta retirada no es el final del camino», insiste la vicepresidenta de NRDC.

Dagnet es uno de los nueve miembros del Comité Directivo del Protocolo de Gases de Efecto Invernadero (GEI), que es el principal órgano rector que proporciona orientación y supervisión al Protocolo de estos gases que impulsan el recalentamiento planetario.

El Protocolo proporciona normas y herramientas de contabilidad para ayudar al sector empresarial, a los países y a las ciudades a realizar un seguimiento de los progresos hacia los objetivos climáticos.

El desarrollo de estas normas se facilita mediante un proceso de gobernanza transparente en el que participan múltiples partes interesadas, aprovechando los conocimientos especializados de las empresas, las finanzas, los gobiernos, el mundo académico, los auditores y la sociedad civil en una iniciativa histórica y una asociación emblemática, afirma.

El Protocolo de los GEI está liderando la armonización mundial de la contabilidad de gases de efecto invernadero con la Organización Internacional de Normalización (ISO), como parte de la Agenda de Acción de la COP30, para permitir una acción integral de descarbonización.

Este esfuerzo de colaboración reforzará las condiciones propicias (en términos de políticas, evaluación comparativa y gobernanza) que son fundamentales para lograr avances sectoriales y configurará el camino hacia el próximo balance global, o inventario, de los progresos hacia los objetivos climáticos en línea con el Acuerdo de París.

Los esfuerzos subnacionales también mantienen a Dagnet pragmáticamente optimista y centrada en las soluciones.

De hecho, se sintió motivada después de asistir al Foro de Ciudades Resilientes 2025 en Londres, un encuentro considerado como una importante plataforma internacional en la que líderes y expertos mundiales se reunieron para abordar la resiliencia urbana, haciendo hincapié en la colaboración, las mejores prácticas y la innovación práctica para lograr ciudades sostenibles y equitativas.

También se sintió inspirada por las diversas y claras visiones para un planeta más saludable.

«La determinación era más fuerte que nunca», afirmó Dagnet.

A juicio de la vicepresidenta de NRDC, «es importante destacar que contamos con herramientas diseñadas a nivel local, marcos internacionales y normas corporativas para convertir nuestra visión de un futuro más próspero, saludable y verde en una realidad».

«Lo peor que podemos hacer es renunciar a nuestra imaginación y capacidad de innovación», sobre todo en un asunto como el ambiente y el cambio climático, en que la propia humanidad se juega su sobrevivencia, sentenció.

T: MF / ED: EG

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