NAIROBI – Por cada dólar que el mundo invierte en proteger la naturaleza, se gastan 30 dólares en destruirla, afirma un estudio divulgado este jueves 21 por el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (Pnuma).
“Mientras la financiación de soluciones basadas en la naturaleza avanza lentamente, las inversiones y los subsidios perjudiciales se disparan”, observó la directora ejecutiva del Pnuma, Inger Andersen, al presentar el informe.
Con datos de 2023, el estudio “Estado de las Finanzas para la Naturaleza 2026” estima en 7,3 billones (millones de millones) de dólares los flujos financieros totales negativos para la naturaleza.
De ellos, 4,9 billones provinieron de fuentes privadas altamente concentradas en unos pocos sectores: servicios públicos, industria, energía y materiales básicos.
Subsidios públicos perjudiciales para el medio ambiente, a los combustibles fósiles, la agricultura, el agua, el transporte y la construcción, sumaron 2,4 billones en 2023.
En ese mismo año, los flujos financieros hacia soluciones basadas en la naturaleza (SbN) alcanzaron 220 000 millones de dólares, de los cuales cerca de 90 % provino de fuentes públicas, “lo que refleja un aumento constante del apoyo nacional e internacional a las SbN”.
Por contraste, la inversión privada en SbN ascendió a tan solo 23 400 millones de dólares, 10 % del total de inversiones de ese tipo.
Las empresas y las finanzas privadas aún no han invertido a gran escala en SbN, a pesar de la creciente conciencia sobre las dependencias, los riesgos y las oportunidades relacionadas con la naturaleza, apunta el Pnuma.
El estudio estima que las inversiones en SbN deben crecer 2,5 veces hasta alcanzar los 571 000 millones de dólares al año en 2030. Esa cifra constituye apenas el 0,5 % del producto bruto (PIB) mundial en 2024.
Para Andersen “si se sigue el rastro del dinero, se ve la magnitud del desafío que tenemos por delante. Podemos invertir en la destrucción de la naturaleza o impulsar su recuperación; no hay término medio”.
Dado que la reforma y la reutilización de los flujos de capital privados y públicos es la herramienta más poderosa para cambiar los mercados hacia la sostenibilidad, el informe presenta una nueva “Curva de Transición de la Naturaleza”.
Se trata de un marco diseñado para ayudar a los responsables de las políticas, y a las empresas, a secuenciar las reformas y ampliar las SbN de alta integridad en todos los sectores de la economía.
“Los flujos financieros mundiales necesitan una transición urgente: de la degradación del medio ambiente a la inversión en soluciones basadas en la naturaleza”, dijo Reem Alabali-Radovan, ministra de Cooperación Económica y Desarrollo de Alemania.
El marco traza una ruta para eliminar gradualmente los subsidios perjudiciales y las inversiones destructivas en sistemas de producción arraigados, a la vez que se amplían las SbN y las inversiones positivas para la naturaleza.
Ofrece opciones específicas para empresas de los sectores público y privado en toda la cadena de suministro, pues “el sector privado desempeña un papel fundamental en este proceso”, dijo Alabali-Radovan.
Agregó que “la política alemana de desarrollo apoya a los países socios en la valoración de su capital natural para que pueda ser tomado en cuenta en las decisiones políticas clave. Esto puede allanar el camino hacia una economía sostenible y con visión de futuro”.
La Curva de Transición de la Naturaleza también ofrece hojas de ruta ante el reto, de un billón de dólares, de una economía de transición hacia la naturaleza.
El informe incluye casos de gobiernos y líderes empresariales de todo el mundo que ya la están aplicando, por ejemplo reverdeciendo zonas urbanas para contrarrestar los efectos de isla de calor y mejorar la calidad de vida de los ciudadanos.
También, integrando la naturaleza en la infraestructura vial y energética, y produciendo materiales de construcción con emisiones negativas (de gases de efecto invernadero) utilizando dióxido de carbono.
En sus conclusiones, el estudio presenta, como principio crucial en las inversiones positivas para la naturaleza, basarlas en contextos ecológicos, culturales y sociales locales, garantizando al mismo tiempo su inclusión y equidad.
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