NACIONES UNIDAS – A juzgar por la retirada masiva de Estados Unidos de 66 entidades de la ONU, incluidas convenciones y tratados internacionales, ¿es remotamente posible que la impredecible administración de Donald Trump decida en algún momento retirarse de la ONU y obligar a la Secretaría a abandonar Nueva York?
Además de esas entidades, las retiradas también han incluido desde que llegó a la Casa Blanca hace casi un año la salida del Consejo de Derechos Humanos, la Organización Mundial de la Salud (OMS), la Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados de Palestina (Unrwa) y la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco).
Al mismo tiempo, Washington impone drásticas reducciones en la financiación de las entidades de la ONU de las que Estados Unidos aún no ha salido formalmente.
Entonces, ¿se quedará atrás la Organización de las Naciones Unidas, que ha sido objeto de fuertes críticas de la administración Trump desde que retornó a la presidencia, tras ya gobernar el país entre 2017 y 2021?
Precisamente, refuerzan esa posibilidad del retiro total de Estados Unidos de la ONU, la cascada de opiniones siempre críticas hacia el organismo mundial y el multilateralismo que encarna, tanto de Trump como de altos funcionarios de su administración.
Stephen Zunes, profesor de Política de la estadounidense Universidad de San Francisco, que ha escrito extensamente sobre cuestiones relacionadas con las Naciones Unidas, dijo a IPS que incluso los presidentes estadounidenses más hostiles hacia las Naciones Unidas, como Ronald Reagan y George W. Bush, reconocieron la importancia de este organismo mundial para promover los intereses del propio Estados Unidos.
También reafirmaban la importancia de mantener el sistema de las Naciones Unidas en su conjunto, incluso cuando se violaban ciertos principios jurídicos en casos concretos.
Del mismo modo, señaló, Estados Unidos estaba dispuesto a participar en diversos organismos de la ONU en un esfuerzo por ejercer influencia, incluso cuando no estaba de acuerdo con algunas de sus políticas o incluso con sus mandatos generales.
«Sin embargo, la administración Trump parece estar rechazando el sistema jurídico internacional posterior a la Segunda Guerra Mundial en su conjunto. Sus declaraciones, especialmente desde el ataque a Venezuela, parecen ser un retroceso hacia las prerrogativas imperiales del siglo XIX y un rechazo del derecho internacional moderno», condideró Zunes.
«Como resultado, es posible que Trump saque a Estados Unidos de las Naciones Unidas y obligue a la ONU a abandonar Nueva York», consideró, pese a que esto último violaría el acuerdo de 1947 entre la ONU y Estados Unidos sobre la ciudad como sede permanente.
En su discurso ante la Asamblea General de la ONU en septiembre, Trump comentó: «¿Cuál es el propósito de las Naciones Unidas? Ni siquiera se acerca a cumplir [su] potencial».
Desestimando a la ONU como una organización obsoleta e ineficaz, se jactó: «Puse fin a siete guerras, traté con los líderes de todos y cada uno de estos países, y nunca recibí una llamada telefónica de las Naciones Unidas ofreciéndome ayuda para cerrar el acuerdo».
Martin S. Edwards, vicedecano de Asuntos Académicos y Estudiantiles de la Facultad de Diplomacia y Relaciones Internacionales de la también estadounidense Universidad de Seton Hall, dijo a IPS que «se trata de un lenguaje dudoso sobre la reducción de la ineficiencia y la lucha contra la diversidad, envuelto en carne roja para alimentar a la base del presidente Trump».
A su juicio, la hostilidad hacia la ONU es una estratagema que forma parte de la utilización de los asuntos internacionales con el fin de distraer a los votantes a los que aún no ha cumplido las promesas que impulsaron su vuelta a la Casa Blanca.
El hecho de que el secretario general no haya recibido documentos para el seguimiento de lo que se exige a la ONU, lo dice todo para Edwards. Encaja, señaló, con el patrón del presidente de adoptar posiciones maximalistas y luego obtener muy poco al final, aunque lo presente como un gran triunfo.
Pero es un reto mayor, planteó, en dos frentes:
1. Esto va a seguir REDUCIENDO la influencia de Estados Unidos en la ONU en lugar de aumentarla. Las relaciones exteriores estables se basan en la credibilidad. Estados Unidos sigue desperdiciando sus reservas de credibilidad, y otros países ocuparán el vacío.
2. Esta política puede resultar una buena publicación en las redes sociales para los votantes, pero tiene poco sentido en la práctica. Lo que quiere la Casa Blanca es un veto por partida presupuestaria sobre cada uno de los aspectos de las operaciones de la ONU.
Pero las cuotas no son un menú a la carta, así sean para el que más aporta al presupuesto de la ONU, declaró Edwards.
Mandeep S. Tiwana, secretario general de Civicus, una alianza mundial de organizaciones de la sociedad civil, dijo a IPS que la retirada de las instituciones internacionales por parte de la administración Trump es un ataque al legado del presidente Franklin D. Roosevelt.
Ese legado, recordó, incluyó el New Deal (Nuevo Acuerdo), que sacó al país de la Gran Depresión de los años 30 del siglo XX, y concibió un marco audaz para el establecimiento de la ONU con el fin de superar los horrores de la Segunda Guerra Mundial.
«Muchas de las instituciones internacionales afectadas se construyeron con la sangre, el sudor y las lágrimas de los estadounidenses. Retirarse de estas instituciones es una afrenta a sus sacrificios y revierte décadas de cooperación multilateral en materia de paz, derechos humanos, cambio climático y desarrollo sostenible», afirmó Tiwana.
Mientras tanto, los ataques contra la ONU de Washington continúan sin dar respiro.
En una entrevista con Breitbart News, el representante de Estados Unidos ante las Naciones Unidas, Mike Waltz, afirmó que «una cuarta parte de todo lo que hace la ONU lo paga Estados Unidos».
«¿Se está gastando bien el dinero? Yo diría que, en este momento, no, porque se está gastando en todos estos otros proyectos woke (el vocablo que define el mantenerse ´despierto´contra las injusticias sociales, de género y raciales), en lugar de en lo que se pretendía originalmente, lo que el presidente Trump quiere que se haga y lo que yo quiero que se haga, que es centrarse en la paz», se respondió.
Históricamente, Estados Unidos ha sido el mayor contribuyente financiero, cubriendo normalmente alrededor de 22 % del presupuesto ordinario de la ONU y hasta 28 % del presupuesto para el mantenimiento de la paz.
Sin embargo, irónicamente, Estados Unidos es también el mayor moroso. Según el Comité Administrativo y Presupuestario de la ONU, los Estados miembros deben actualmente 1870 millones de dólares de los 3500 millones de dólares de contribuciones obligatorias para el ciclo presupuestario actual.
La expresidenta de la Conferencia Republicana de la Cámara de Representantes de Estados Unidos, Elise Stefanik, que en su día fue candidata al puesto de embajadora de Estados Unidos ante la ONU, fue citada diciendo: «En la ONU, los estadounidenses ven una institución corrupta, obsoleta y paralizada, más comprometida con la burocracia, los procesos y las sutilezas diplomáticas que con los principios fundacionales de paz, seguridad y cooperación internacional establecidos en su carta» fundacional.
Por su parte, en un ataque a la ONU más velado, el secretario de Estado, Marco Rubio, afirmó: «Lo que denominamos «sistema internacional» está ahora plagado de cientos de organizaciones internacionales opacas, muchas de ellas con mandatos que se solapan, acciones duplicadas, resultados ineficaces y una gobernanza financiera y ética deficiente».
Incluso aquellas que en su día desempeñaron funciones útiles, señaló, se han convertido cada vez más en burocracias ineficaces, plataformas para el activismo politizado o instrumentos contrarios a los intereses de nuestra nación.
«Estas instituciones no solo no dan resultados, sino que obstaculizan la acción de quienes desean abordar estos problemas. La era de los cheques en blanco a las burocracias internacionales ha terminado», dijo Rubio.
T: MF / ED: EG


