Opinión

Oportunidades perdidas para frenar el aumento del gasto militar

Este es un artículo de opinión de Alice Slater, representante ante las Naciones Unidas de la independiente Fundación para la Paz en la Era Nuclear.

Un nuevo informe de la ONU pone sobre la mesa las consecuencias devastadoras del incesante incremento del gasto militar para el bienestar humano e insta a una recalibración profunda de las estrategias globales de seguridad y desarrollo. Imagen: Pnud

NUEVA YORK – Al concluir 2025, las Naciones Unidas publicaron una hoja informativa, titulada: Aumento de los gastos militares mundiales, en la que se pone de manifiesto que el récord alcanzado el año pasado de 2,7 billones (millones de millones) de dólares en gastos militares tuvo una serie de consecuencias devastadoras para el bienestar humano, el medioambiente y las posibilidades de evitar el colapso climático.

Además, afectó negativamente al empleo, la erradicación del hambre y la pobreza, la prestación de asistencia sanitaria, la educación y otros problemas, debido a la falta de financiación adecuada.

La hoja informativa hace un trabajo admirable al ilustrar la impactante mala distribución de los enormes gastos militares de los Estados y lo que se podría comprar con ese dinero en muchos casos, como acabar con el hambre y la malnutrición, proporcionar agua potable y saneamiento, educación, remediación ambiental y mucho más.

Pero, ¿no es hora de que la Organización de las Naciones Unidas, la ONU, publique una hoja informativa, titulada esta vez: «Oportunidades perdidas para detener el aumento de los gastos militares y sanar la Tierra?»

La autora, Alice Slater

Después de todo, el pasado verano boreal, en el 80 aniversario de la Segunda Guerra Mundial, Rusia y China publicaron una «Declaración conjunta de la Federación de Rusia y la República Popular China sobre la seguridad estratégica mundial».

En ella, instaban a que, al reconocer ese aniversario y la fundación de las Naciones Unidas, los Estados y sus asociaciones «no debían tratar de garantizar su propia seguridad a expensas y en detrimento de la seguridad de otros Estados».

Añadieron que «los destinos de los pueblos de todos los países están interrelacionados».

Incluso un examen superficial de la lamentable historia de los Estados Unidos y su alianza nuclear, en su intento de asegurar el dominio militar a expensas de Rusia y China, muestra una triste lista de oportunidades perdidas para aceptar las ofertas de Rusia y China de negociar la paz y el desarme.

Ello habría liberado billones de dólares a lo largo de los años para hacer frente a la crisis a la que nos enfrentamos ahora para preservar toda la vida en la Tierra.

La oportunidad más reciente que debería figurar en la lista fue recibida con un silencio ensordecedor por los corruptos medios de comunicación occidentales, sometidos al yugo de sus patrocinadores militares corporativos, que se deleitan con los miles de millones que llenan sus bolsillos para producir la floreciente maquinaria bélica.

Se trató de la declaración conjunta de China y Rusia en la que criticaban el malogrado proyecto espacial Cúpula Dorada de Estados Unidos y se oponían a que cualquier país utilizara el espacio exterior para enfrentamientos armados.

Instaron a que se celebraran negociaciones basadas en el proyecto de tratado ruso-chino para impedir las armas y el uso de la fuerza en el espacio exterior, propuesto en la Comisión de Desarme de las Naciones Unidas en 2008 y 2014, donde se requiere un consenso para negociar un tratado y Estados Unidos lo vetó en ambas ocasiones, impidiendo cualquier debate.

Sorprendentemente, se comprometieron además a que, para evitar una carrera armamentística en el espacio exterior y promover la paz en el espacio, «acordarían promover a escala mundial la iniciativa internacional/el compromiso político de no ser los primeros en desplegar armas en el espacio exterior».

En otras palabras, no ser los primeros en utilizarlas.

Si bien la paz en el espacio es la oportunidad perdida más reciente, la primera oportunidad perdida se produjo en 1946, cuando el presidente estadounidense Harry Truman rechazó la propuesta de Iósif Stalin de que Estados Unidos entregara la bomba a la supervisión internacional de la recién creada ONU, por lo que Rusia obtuvo su bomba.

El presidente Ronald Reagan (1981-1989) rechazó la petición del soviético Mijaíl Gorbachov (1985-1991) de renunciar a la Guerra de las Galaxias como condición para que ambos países eliminaran todas sus armas nucleares cuando cayó el muro de Berlín y Gorbachov liberó a toda Europa del Este de la ocupación soviética, perdiendo así la oportunidad de abolir los arsenales nucleares.

Más oportunidades perdidas: la expansión de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (Otan) hasta la frontera de Rusia, a pesar de las promesas hechas cuando cayó el muro de que la Otan no se expandiría al este de una Alemania reunificada:

El presidente Bill Clinton (1993-2001) rechazó la oferta de Vladímir Putin de reducir a 1000 bombas cada uno y luego convocar a todos los Estados nucleares para negociar su eliminación, siempre que Estados Unidos dejara de desarrollar bases de misiles en Rumanía.

Antes, el presidente George Bush se retiró del Tratado sobre Misiles Antibalísticos de 1972 y estableció la nueva base en Rumanía; mientras que durante su primera administración (2017-2021), Donald Trump estableció otra en Polonia.

Por su parte, el presidente Barack Obama (2009-2017) rechazó la oferta de Putin de negociar un tratado para prohibir la guerra cibernética.

Si Estados Unidos hubiera estado más abierto a la cooperación a lo largo de los años, en lugar de perder tantas oportunidades para lograr la paz, estaríamos mucho más capacitados para hacer frente a la urgencia de preservar un planeta habitable para todos y evitar las graves consecuencias enumeradas en la nueva hoja informativa de la ONU sobre los gastos militares mundiales.

Aún no es demasiado tarde para aceptar la propuesta ruso-china de paz en el espacio. Que prevalezcan las mentes más sensatas.

Alice Slater es miembro de las juntas directivas de World BEYOND War y de la Red Global contra las Armas y la Energía Nuclear en el Espacio, además de representante de la independiente Fundación para la Paz en la Era Nuclear.

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