NACIONES UNIDAS – El secretario general de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), António Guterres, dio en el clavo cuando alertó en el Consejo de Seguridad que «el estado de derecho en todo el mundo está siendo sustituido por la ley de la selva».
«Vemos violaciones flagrantes del derecho internacional y un descarado desprecio por la Carta de las Naciones Unidas. Desde Gaza hasta Ucrania, y en todo el mundo, el estado de derecho se está tratando como un menú a la carta», dijo el lunes 26 en un debate de alto nivel del Consejo, «mientras continúan las matanzas masivas».
Dos días después, The New York Times citó un estudio reciente que señalaba que la guerra de cuatro años entre Rusia y Ucrania ha causado «más de dos millones de muertos, heridos o desaparecidos».
El Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales de Washington había publicado unos días antes estudio donde se afirma que casi 1,2 millones de soldados rusos y cerca de 600 000 soldados ucranianos han muerto, han sido heridos o están desaparecidos.
En la guerra en Gaza, más de 70 000 palestinos, en su mayoría civiles, entre ellos mujeres y niños, han muerto desde el 7 de octubre de 2023, y las cifras superan los 73 600 a principios de enero de 2026, según diversos informes del Ministerio de Salud de Gaza y de organizaciones de derechos humanos.
Estas muertes también han dado lugar a acusaciones de crímenes de guerra, genocidio y violaciones de la Carta de las Naciones Unidas, como en el caso del ataque el 3 de enero de Estados Unidos a Venezuela y las amenazas de invasión de Groenlandia.
Guterres afirmó que, en una era repleta de iniciativas, el Consejo de Seguridad es el único que tiene la autoridad que le confiere la Carta para actuar en nombre de los 193 Estados miembros en cuestiones de paz y seguridad. Solo el Consejo de Seguridad adopta decisiones vinculantes para todos, insistió.
Ningún otro organismo o coalición ad hoc puede exigir legalmente a todos los Estados miembros que cumplan las decisiones sobre paz y seguridad. Solo el Consejo de Seguridad puede autorizar el uso de la fuerza en virtud del derecho internacional, tal y como se establece en la Carta. Su responsabilidad es singular. Su obligación es universal, insistió Guterres.
Ramzy Baroud, editor de Palestine Chronicle y exdirector editorial de Middle East Eye, con sede en Londres, dijo a IPS que la declaración del secretario general era muy necesaria desde hacía tiempo.
A su entender, con demasiada frecuencia los funcionarios de la ONU recurren a un lenguaje cauteloso y eufemístico cuando describen violaciones flagrantes del derecho internacional, especialmente cuando los responsables son Estados con derecho de veto en el Consejo de Seguridad de la ONU, Estados que aparentemente han jurado defender la Carta de las Naciones Unidas y la misión fundamental del sistema internacional.
Lamentablemente, la propia ONU se ha convertido en un reflejo de un orden mundial en rápida transformación, en el que quienes poseen un poder militar abrumador se sitúan en la cima de la jerarquía, «abusando de su dominio y vaciando progresivamente de contenido las instituciones destinadas a frenarlos», señaló.
«Debemos ser honestos con nosotros mismos y reconocer que esta crisis no comenzó con el uso cada vez más autoritario y abusivo de la ley por parte de la administración Trump, ni se limita al absoluto desprecio de Israel por la comunidad internacional durante sus dos años de genocidio en Gaza», expresó. Baroud
Subrayó que el problema es estructural.
Para Baroud, tiene su origen en la forma en que las potencias occidentales han identificado —y explotado— durante mucho tiempo las lagunas del sistema jurídico internacional, utilizando selectivamente el derecho internacional como arma para disciplinar a sus adversarios, al tiempo que protegen a sus aliados y promueven sus propias agendas estratégicas.
El jueves 29, en su rueda de prensa anual en la sede de la ONU en Nueva York, Guterres dijo a los periodistas que es obvio que los propios miembros del Consejo de Seguridad son violadores del derecho internacional, lo que no facilita la labor de la ONU.
«Desgraciadamente, hay una cosa que echamos en falta» inició en una respuesta a un periodista al respecto..
Y amplió: «Es la influencia. Es el poder que otros tienen, en última instancia, para obligar a los países y a los líderes a respetar el derecho internacional».
«Pero, al no tener ese poder, tenemos la determinación, y haremos todo lo posible con nuestra persuasión, con nuestros buenos oficios y creando alianzas para tratar de crear las condiciones que pongan fin a algunas de estas horribles tragedias que estamos presenciando. Y desde Ucrania hasta Sudán, por no mencionar lo que ha ocurrido en Gaza, haremos todo lo posible para que estas tragedias cesen», explicó.
Jim Jennings, presidente de Conscience International, dijo a IPS que la situación humanitaria mundial descrita por el secretario general es sombría, pero muy real. La crisis climática, los desastres naturales, los numerosos conflictos en curso y en expansión, y el impacto de las nuevas tecnologías se suman a la inestabilidad económica mundial actual y afectan a todas las personas del planeta.
«Mientras el presidente Donald Trump sigue bombardeando países y pavoneándose en la escena mundial con su sueño adolescente de expansión territorial de Estados Unidos, se está produciendo un importante reajuste del equilibrio de poder mundial entre China, Estados Unidos, Europa y los países del Brics», señaló.
Quitar la ayuda vital a los países más pobres del planeta -como ha sucedido ante el cierre del financiamiento de la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (Usaid) y otros acuerdos de cooperación- para beneficiar a los que ya son ricos, como garantizan sus políticas, «es una receta para aumentar aún más el sufrimiento y la violencia a nivel mundial», consideró Jennings.
«Es evidente que una de las razones más evidentes y perjudiciales de la desastrosa situación actual en todo el mundo es la reducción de la financiación de las agencias de la ONU por parte de Estados Unidos, que tradicionalmente ha pagado un alto porcentaje de sus costes», dijo.
Con la nueva reducción del enorme apoyo del Departamento de Estado y la Usaid a las personas en situación de necesidad crítica en casi todos los países del mundo, el doble golpe de la administración Trump ya ha amenazado con hacer inmanejable un conjunto de problemas ya de por sí difíciles.
¿Qué se puede hacer? Los pueblos y los gobiernos de todo el mundo deben levantarse, alzar la voz y actuar contra las colosales fuerzas que ahora se alinean contra algunas de las poblaciones más vulnerables del mundo. «Cómo hacerlo nunca ha sido fácil», argumentó Jennings.
En términos sencillos, el secretario general Guterres se limitó a señalar el hecho evidente de la verdadera situación mundial y a pedir el apoyo que necesitan las agencias de la ONU para que su misión no fracase. La respuesta es sencilla: más financiación privada.
¿Por qué no aumentar el nivel de nuestras donaciones individuales, corporativas y de fundaciones a las agencias de la ONU y otras organizaciones de ayuda, al tiempo que seguimos abogando por un respaldo gubernamental responsable a las insustituibles agencias de las Naciones Unidas?, inquirió.
Palitha Kohona, exjefe de la Sección de Tratados de la ONU, dijo a IPS que las relaciones internacionales, durante mucho tiempo, dependieron de los caprichos de los estados y imperios poderosos. El poder era lo que daba la razón y las disputas se resolvían mediante el uso de la fuerza. Las tierras habitadas durante siglos fueron anexionadas a los imperios y las poblaciones nativas fueron desposeídas o incluso exterminadas.
A partir de esos comienzos fracturados, comenzó a surgir gradualmente un mundo ordenado, gobernado por normas acordadas, aunque la mayoría de ellas fueron establecidas por los poderosos.
Se celebraron miles de tratados, se respetaron las normas consuetudinarias y comenzó a establecerse una estructura judicial rudimentaria. El mundo se regocijó con la creación de las Naciones Unidas.
Aunque carecía de mecanismos de aplicación adecuados y dependía en gran medida del cumplimiento voluntario y mutuamente beneficioso, comenzaba a surgir un orden internacional basado en normas.
«Muchos, incluido el autor de este artículo, escribieron con entusiasmo sobre la consolidación de un orden internacional basado en normas. La violencia que era habitual en la resolución de disputas internacionales antes de la Segunda Guerra Mundial parecía limitarse a partes lejanas del mundo», dijo Kohona.
Pero, como un sueño acogedor que se rompe en mitad del sueño, dijo, «Estados Unidos ha perturbado bruscamente la ilusión de un nuevo orden mundial basado en normas internacionales del que en su día fue defensor». «Las normas comerciales, desarrolladas con tanto esfuerzo, han sido abandonadas. Han resurgido los acuerdos mutuos», consideró.
«Ahora parece que los poderosos determinarán las normas en función de sus propios intereses. Las normas relativas a la soberanía, la integridad territorial y los derechos de las personas parecen depender ahora de los caprichos de los poderosos. Los débiles sacarán sus propias conclusiones. Adquirirán capacidades de contraataque que harán que el agresor se lo piense dos veces», lamentó Kohona.
Y amplió: «A menos que las potencias medias y los débiles se unan y decidan mantener el estado de derecho internacional, es posible que estemos entrando en una era de extrema incertidumbre en las relaciones internacionales».
Baroud también señaló que la invasión estadounidense-británica de Irak en 2003 es un ejemplo clásico, pero el mismo patrón se ha repetido en Libia, Siria y en gran parte de Medio Oriente y más allá.
En cada caso, el derecho internacional fue manipulado, ignorado o justificado retroactivamente para acomodarse al poder en lugar de a los principios.
El genocidio de Israel en Gaza, la guerra en Ucrania y las atrocidades que se están cometiendo en Sudán y otros lugares no son aberraciones. «Representan la culminación de décadas de erosión jurídica, aplicación selectiva y degradación sistemática del orden jurídico internacional», destacó.
«Aunque estoy de acuerdo —e incluso simpatizo— con los comentarios del primer ministro canadiense Mark Carney en el Foro Económico Mundial de Davos, en los que criticó la nueva dinámica de poder que ha dejado al sistema político internacional cada vez más obsoleto, uno no puede evitar preguntarse por qué ni él ni otros líderes occidentales están dispuestos a afrontar el papel histórico de sus propios gobiernos en la creación de esta realidad», planteó Baroud.
Sin ese reconocimiento, dijo, los llamamientos a defender el derecho internacional corren el riesgo de parecer menos compromisos basados en principios y más indignación selectiva en un sistema que hace tiempo que ha perdido toda credibilidad.
Denunció también que las potencias europeas critican a Trump pero no han alzado la voz con la misma intensidad y vigor contra Benjamín Netanyahu por hacer cosas mucho peores que cualquier cosa que Trump haya hecho o amenazado con hacer.
Esto también suscita la misma pregunta sobre los últimos comentarios del secretario general de la ONU. Debería ofrecer más detalles en lugar de limitarse a condenar de forma generalizada el colapso de la moralidad internacional.
«Es más, esperamos una hoja de ruta que nos guíe en el proceso de restablecimiento de algún tipo de sistema global sensato frente al creciente autoritarismo, la dictadura y la criminalidad que nos rodean», exhortó Baroud.
T: MF / ED: EG


