Opinión

Desigualdades de las poblaciones con “La cita en Samarra”

Este es un artículo de opinión de Joseph Chamie, demógrafo, consultor independiente y exdirector de la División de Población de las Naciones Unidas.

A pesar de los impresionantes descensos globales de las tasas de mortalidad, la esperanza de vida al nacer varía de manera significativa entre los países. Imagen: Shutterstock

PORTLAND, Estados Unidos – Aunque la muerte es inevitable para todas las personas, el momento de “la cita en Samarra” varía considerablemente entre poblaciones y dentro de ellas. Afortunadamente, los niveles de mortalidad de las poblaciones humanas disminuyeron de manera significativa en todo el mundo en los últimos años, lo que llevó a mayores tasas de supervivencia y a citas en Samarra más tardías.

(La cita de Samarra sintetiza una parábola sobre lo inevitable de la muerte como destino de los humanos, que popularizó la novela de John O’Hara, publicada en 1934 con ese título. Narra como un sinviente busca huir de la Muerte viajando a Samarra, una ciudad iraquí, para encontrarse con que la Muerte ya lo esperaba allí, mostrando que ese destino no tiene esapatoria).

Por ejemplo, a mediados del siglo XX, la esperanza de vida al nacer de los hombres y las mujeres era de 45 y 48 años, respectivamente. Hoy, tienen una esperanza de vida al nacer de 71 y 76 años, respectivamente, lo que representa un aumento de más de 25 años. Además, en general, las mujeres presentan una esperanza de vida mayor que los hombres en todos los países (Imagen 1).

Imagen 1. Esperanza de vida al nacer de hombres y mujeres en Nigeria, la República Centroafricana, el mundo, Italia y Japón: 1950 y 2025. Fuente: Naciones Unidas

A pesar de los notables descensos globales de la mortalidad, la esperanza de vida al nacer varía de forma significativa entre países. En la actualidad, la esperanza de vida al nacer de hombres y mujeres oscila entre máximos de alrededor de 82 y 87 años, respectivamente, en Japón e Italia, y mínimos de aproximadamente 55 y 57 años, respectivamente, en Nigeria y la República Centroafricana.

Las desigualdades en la esperanza de vida al nacer persisten entre distintos grupos etarios. Por ejemplo, a los 65 años, las diferencias entre países siguen siendo considerables.

El autor, Joseph Chamie

En Japón e Italia, la esperanza de vida de hombres y mujeres a los 65 años es de aproximadamente 20 y 24 años, respectivamente. En cambio, en Nigeria y la República Centroafricana, la esperanza de vida de hombres y mujeres a los 65 años es de alrededor de 12 y 13 años, respectivamente.

De manera similar, las tasas de mortalidad infantil varían ampliamente entre los países del mundo. Las tasas de mortalidad de los lactantes van desde mínimos de aproximadamente 2 muertes por cada 1000 nacimientos en Japón e Italia hasta niveles más de 30 veces superiores, con alrededor de 68 muertes por cada 1000 nacimientos en Nigeria y la República Centroafricana.

El aumento de la esperanza de vida de la población mundial también llevó a un incremento en el número de personas centenarias.

En 1950, había cerca de 15 000 personas centenarias en todo el mundo, lo que representaba 0,001 % de la población mundial. Hoy, existen aproximadamente 630 000 centenarios, que representan cerca de 0,01 % de la población mundial.

Para 2050, se proyecta que el número de personas centenarias alcance los 2,6 millones, lo que representará alrededor del 0,03 % de la población mundial (Imagen 2).

Imagen 2. Porcentaje y número de personas centenarias de la población mundial: 1950, 2025 y 2050. Fuente: Naciones Unidas

Existen numerosos factores importantes que influyen en cuándo y cómo ocurre la cita en Samarra.

Entre ellos se incluyen el lugar de nacimiento, la residencia, el sexo, la situación socioeconómica, la vivienda, la atención sanitaria, la nutrición, la dieta, la educación, las redes de amistad, la actividad física, la genética, la prevalencia de enfermedades, la estabilidad económica, la salud pública, las lesiones, la salud mental, las condiciones ambientales, la estabilidad política, los derechos humanos, el apoyo social, el saneamiento, el consumo de sustancias, las decisiones de estilo de vida, la crianza, los hábitos personales, la pobreza y la violencia (Tabla 1).

Tabla 1. Factores que influyeron en la llamada cita de Samarra

La disminución de las tasas de fecundidad siguió al descenso de las tasas de mortalidad, un proceso comúnmente descrito como la transición demográfica. La tasa de fecundidad de la población mundial cayó desde un máximo de aproximadamente 5,3 nacimientos por mujer a comienzos de la década de 1960 hasta 2,2 nacimientos por mujer en la actualidad.

Más de la mitad de todos los países y territorios del mundo presentan una tasa de fecundidad inferior al nivel de reemplazo de 2,1 nacimientos por mujer. En muchos de estos países, las muertes superan a los nacimientos, lo que da lugar a tasas negativas de crecimiento poblacional.

Por ejemplo, en China, las muertes comenzaron a superar a los nacimientos hace unos cinco años. Se espera que esta tendencia continúe durante el resto del siglo XXI, lo que conducirá a una disminución de la población y al envejecimiento demográfico de la población china.

El momento y las circunstancias de las citas en Samarra difieren entre las poblaciones de países más desarrollados y menos desarrollados.

En estos últimos, las personas tienen mayor probabilidad de morir a causa de enfermedades transmisibles que por enfermedades no transmisibles, que son afecciones crónicas típicamente asociadas con poblaciones de mayor edad y con factores relacionados con el estilo de vida.

En los países más desarrollados, las principales causas de muerte incluyen las enfermedades cardíacas, el cáncer, los accidentes cerebrovasculares, la enfermedad pulmonar obstructiva crónica y las infecciones respiratorias inferiores.

Otras causas relevantes son el Alzheimer y otras demencias, la tuberculosis, las enfermedades diarreicas, el VIH/sida y las causas externas y lesiones.

Además, en muchos países, el cáncer reemplazó a las enfermedades cardíacas como la principal causa de muerte. Los cánceres más frecuentes son el de mama, pulmón, colon, recto y próstata.

Aproximadamente un tercio de las muertes por cáncer se debe al consumo de tabaco, al índice de masa corporal elevado, al consumo de alcohol, a una ingesta insuficiente de frutas y verduras y a la falta de actividad física.

La contaminación del aire también es un factor de riesgo importante para el cáncer de pulmón. Muchos tipos de cáncer pueden curarse si se detectan de manera temprana y se tratan eficazmente.

En muchos países menos desarrollados, las principales causas de muerte incluyen las enfermedades respiratorias inferiores, los accidentes cerebrovasculares, las enfermedades cardíacas, la malaria y las complicaciones por parto prematuro. Otras causas importantes son las enfermedades diarreicas, la tuberculosis, los traumatismos durante el parto y el VIH/sida.

Otra causa importante de muerte en los últimos años fue el coronavirus o covid-19.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) lo declaró pandemia mundial el 11 de marzo de 2020, y finalizó en mayo de 2023, aunque sigue siendo una amenaza sanitaria persistente.

La pandemia provocó más de siete millones de muertes oficialmente registradas en todo el mundo, pero la mortalidad excedente estimada es considerablemente mayor y oscila entre 18 y 35 millones.

Un factor crucial que influye en el momento de las citas en Samarra es la disponibilidad de cobertura sanitaria universal. Según la OMS, la cobertura sanitaria universal garantiza que todas las personas de un país tengan acceso a una amplia gama de servicios de salud, desde tratamientos de emergencia hasta cuidados paliativos, sin enfrentar dificultades financieras.

En 2024, se informó que 73 de los 195 países del mundo ofrecían algún tipo de cobertura sanitaria universal, lo que abarca alrededor de dos tercios de la población mundial, estimada en 8200 millones de personas.

Entre los países más desarrollados, Estados Unidos se destaca como una excepción notable por no brindar cobertura sanitaria universal a toda su población. En 2024, el seguro de salud privado seguía siendo más frecuente que la cobertura pública, y alcanzaba a 66 % de la población.

Además, Estados Unidos se caracterizó por tener el gasto sanitario per cápita más alto del mundo.

Un debate significativo en torno a las citas en Samarra gira en torno al derecho a morir o al suicidio médicamente asistido. Las distintas perspectivas sobre este tema se centran en el equilibrio entre la autonomía individual y el carácter sagrado de la vida.

Algunas personas consideran que quienes experimentan sufrimiento insoportable, a menudo debido a una enfermedad terminal o una afección incurable, deberían tener el derecho legal y el control para decidir sobre el suicidio médicamente asistido o la eutanasia voluntaria.

En contraste, otras sostienen que el suicidio asistido desvaloriza la vida humana y abre la puerta a posibles abusos, y subrayan la importancia de los cuidados paliativos para quienes enfrentan enfermedades o dificultades personales.

El suicidio médicamente asistido es legal, bajo circunstancias específicas, en un número limitado de países. Entre ellos se encuentran Australia, Austria, Bélgica, Canadá, Colombia, Ecuador, Luxemburgo, Países Bajos, Nueva Zelanda, España, Suiza y doce estados de Estados Unidos.

Para ser elegible para la asistencia médica para morir, una persona generalmente debe cumplir ciertos criterios. Estos pueden incluir padecer una enfermedad terminal o una discapacidad, estar en pleno uso de sus facultades mentales, expresar de manera voluntaria el deseo de morir y ser capaz de autoadministrarse la dosis letal.

Si bien la cita en Samarra es inevitable para todo ser humano, el momento en que ocurrirá sigue siendo objeto de debate dentro de la comunidad científica.

Algunos sostienen que existe un límite fijo para la esperanza de vida humana, atribuido en gran medida a los procesos graduales del envejecimiento biológico, y destacan la improbabilidad de una extensión radical de la vida humana en el siglo XXI.

Otros, en cambio, argumentan que no existe evidencia concluyente de que se haya alcanzado el límite de la longevidad humana. La persona supercentenaria de mayor edad registrada, Jeanne Calment, de Francia, vivió hasta los 122 años y 164 días. Algunos expertos predicen que este récord actual de 122 años será superado antes de que finalice el siglo XXI, posiblemente incluso alcanzando los 130 años.

En conclusión, las tasas de mortalidad de las poblaciones humanas disminuyeron a nivel mundial en los últimos años, lo que dio lugar a mayores probabilidades de supervivencia, a una mayor esperanza de vida y a un número creciente de personas centenarias.

Sin embargo, el momento y las circunstancias de la inevitable cita en Samarra varían considerablemente, y las poblaciones de los países más desarrollados continúan registrando menores tasas de mortalidad y una mayor esperanza de vida en comparación con las poblaciones de los países menos desarrollados.

Joseph Chamie es demógrafo y consultor, exdirector de la División de Población de las Naciones Unidas y autor de numerosas publicaciones sobre temas de población, incluido su libro más reciente: “Niveles de población, tendencias y diferenciales”.

T: GM / ED: EG

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