La situación de las tierras y aguas en el mundo es crítica

Las presiones sobre los suelos y aguas de uso agrícola han aumentado en todo el mundo hasta llegar a un nivel crítico para la producción de los alimentos requeridos por una población en incesante crecimiento. Entre las soluciones están la innovación y la adaptación al cambio climático. Foto: Soliman Ahmed/FAO

ROMA – El estado de los recursos del suelo, la tierra y el agua ha empeorado y desafía las capacidades para alimentar a los 10 000 millones de habitantes que tendrá el planeta en 2050, planteó un nuevo informe de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO).

Para Qu Dongyu, director general de la FAO, “está claro que nuestra seguridad alimentaria futura dependerá de la protección de nuestros recursos de tierras, suelos y aguas”, mas sin embargo “los modelos actuales de producción agroalimentaria no están resultando sostenibles”.

Mientras que la población mundial llegó a 7800 millones en 2020, el informe sostiene que, de seguir la trayectoria actual, para producir 50 % más de alimentos que se necesitan se debería aumentar la extracción de agua destinada a la agricultura hasta en 35 %.

Ello podría crear catástrofes ambientales, aumentar la competencia por los recursos y provocar nuevos problemas sociales y conflictos.

La agricultura representa 72 % de todas las extracciones de aguas superficiales y subterráneas, principalmente para fines de riego.

El indicador 6.4.2 relativo al estrés hídrico mundial, en los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la Agenda 2030 de las Naciones Unidas, aumentó de 15,4 % en 2000 a 17 % en 2017,

Entre otros problemas acumulados, la FAO destaca que más de 95 % de los alimentos que consume la humanidad se producen en la tierra, pero hay poco margen para ampliar la superficie de la tierra productiva.

La agricultura de secano produce 60 % de los alimentos en el mundo y ocupa 80 % de las tierras cultivadas, mientras que la de regadío produce el 40 % restante en el 20 % de las tierras.

La degradación del suelo inducida por el ser humano afecta a 34 % de las tierras agrícolas, es decir 1660 millones de hectáreas.

Las zonas urbanas ocupan menos de 0,5 % de la superficie terrestre del planeta, pero el rápido crecimiento de las ciudades ha tenido una repercusión considerable en los recursos de tierras y aguas, al contaminar e invadir tierras agrícolas de buena calidad que son esenciales para la productividad y la seguridad alimentaria.

El uso de la tierra por persona disminuyó 20 % entre 2000 y 2017.

La escasez de agua pone en peligro la seguridad alimentaria y el desarrollo sostenible del mundo, y amenaza a 3200 millones de personas que viven en zonas agrícolas.

Entre las soluciones posibles, el análisis de la FAO señala en primer lugar que, debido a la limitación de tierras arables y recursos de agua dulce, es vital ampliar rápidamente la escala de la tecnología y la innovación.

“Debemos reforzar la arquitectura digital necesaria para proporcionar datos básicos, información y soluciones basadas en principios científicos para la agricultura, que aprovechen al máximo las tecnologías digitales y que sean resistentes al clima”, postuló el reporte.

La gobernanza de la tierra y el agua debe ser más inclusiva y adaptativa para beneficiar a millones de pequeños agricultores, mujeres, jóvenes y pueblos indígenas. Ellos son los más vulnerables a los riesgos climáticos y otros riesgos socioeconómicos, y los que más sufren la inseguridad alimentaria.

También es necesario que la planificación sea más integrada a todos los niveles, y que las inversiones en la agricultura se reorienten para obtener beneficios sociales y ambientales, en paralelo con logros en la producción y productividad.

Se expone que la sostenibilidad de los suelos, las tierras y las aguas constituye la base de los sistemas agroalimentarios resilientes, por lo que el “uso sostenible de estos recursos es fundamental para lograr los objetivos de adaptación al cambio climático y mitigación de sus efectos”.

Como ejemplo, el estudio sostiene que el uso racional de los suelos puede por sí solo absorber una tercera parte de las emisiones de gases de efecto invernadero procedentes de las tierras agrícolas y que inciden en el calentamiento global.

La FAO insiste en que “cualquier avance en la transformación de los sistemas alimentarios para satisfacer la demanda futura requerirá que los análisis sistémicos de la tierra, los suelos y el agua se combinen con el monitoreo de la pobreza y la seguridad alimentaria”.

“Es necesario mejorar la recopilación de datos y la difusión de información. Las herramientas para la planificación y la gestión están disponibles”, asentó el informe.

A-E/HM

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