La mortalidad infantil sigue golpeando al mundo en desarrollo

La mortalidad infantil mantiene tasas elevadas en países de África al sur del Sahara, en el sur de Asia y en Oceanía. Sin una acción decidida en materia de salud, decenas de países no podrán conseguir la meta de minimizar esas muertes antes de 2030. Foto: Dubourthoumieu/Unicef

NACIONES UNIDAS – Con más de cinco millones de niños menores de cinco años que perecen anualmente, el mundo sigue lejos de alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) en materia de mortalidad infantil, señaló un informe divulgado por el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef).

“Todavía estamos perdiendo demasiadas vidas jóvenes por causas en gran parte prevenibles, a menudo debido a sistemas de salud débiles y con fondos insuficientes que se han enfrentado a una enorme presión por la pandemia”, dijo Mark Hereward, director asociado de Datos y Análisis de Unicef.

Agregó que “la carga de estas muertes no se lleva por igual en todo el mundo. Los niños en África subsahariana y el sur de Asia continúan enfrentando el mayor riesgo de muerte en el mundo y soportando la peor parte de esta carga de mortalidad”.

En la Agenda 2030 de las Naciones Unidas figura como ODS 3 “Garantizar una vida sana y promover el bienestar para todos en todas las edades”, y su meta 3.2 es “poner fin a las muertes evitables de recién nacidos y de niños menores de 5 años”.

La meta contempla que todos los países intenten reducir la mortalidad neonatal al menos hasta 12 por cada 1000 nacidos vivos, y la mortalidad de niños menores de cinco años al menos hasta 25 por cada 1000 nacidos vivos.

Pero el informe del Grupo Interinstitucional de las Naciones Unidas para la Estimación de la Mortalidad Infantil (Unigme, en inglés) estableció que más de 50 países no alcanzarán la meta de mortalidad de menores de cinco años para 2030, y más de 60 no alcanzarán la de mortalidad neonatal “sin una acción inmediata”.

En 2020, la tasa de mortalidad de menores de cinco años en el mundo se situó en 37 por cada 1000 nacidos vivos, una declinación de 51 % con respecto a 1990, cuando la tasa llegó a ser de 93 por 1000 nacimientos vivos.

“Todavía estamos perdiendo demasiadas vidas jóvenes por causas en gran parte prevenibles, a menudo debido a sistemas de salud débiles y con fondos insuficientes que se han enfrentado a una enorme presión por la pandemia. Y la carga de estas muertes no se lleva por igual en todo el mundo”: Mark Hereward.

El logro más impactante se registró en Asia oriental, donde en tres décadas la tasa decayó de 51 a siete muertes por 1000 nacimientos vivos (una reducción de 86 %), pero aún se mantienen cifras elevadas en algunas regiones del mundo.

En Australia y Nueva Zelandia la tasa es de cuatro por 1000 nacidos vivos, pero en el resto de Oceanía es de 40. En Europa es de cinco por 1000, pero en África al sur del Sahara alcanza todavía a 59 por millar.

En América del Norte es de seis por 1000 nacimientos vivos, mientras que en América Latina y el Caribe es de 16, en el sureste asiático la tasa es de 24 y en el sur de Asia llega a 37 por 1000.

Las muertes neonatales en 2020 fueron 2,37 millones en todo el mundo (cinco millones en 1990), y de ellas más de un millón en África subsahariana y 866 000 en Asia del sur y del sureste. En América Latina y el Caribe se registraron 94 000.

Junto con esos decesos, las de niños y jóvenes entre cinco y 24 años –un rango de edad con menos probabilidades de morir que la de menores de cinco años- llegaron en 2020 a 2,2 millones.

Aquí de nuevo las mayores probabilidades de morir a esas tempranas edades están en África al sur del Sahara (39 por 1000), Oceanía excluidas Australia y Nueva Zelandia (21), y Asia meridional (16). La de América Latina y el Caribe es de siete por 1000, y era de nueve por millar hace 30 años.

Mientras sostiene esos estimados, el informe de Unigme expone la “necesidad urgente de invertir en los sistemas de datos para rastrear la salud y la mortalidad de recién nacidos en países de ingresos bajos y medianos”, pues en dos tercios de esas naciones no hay datos suficientemente confiables en los últimos tres años.

El informe resiente que solo unos 60 países, principalmente de ingresos altos, tienen un sistema de registro civil y estadísticas vitales que funciona correctamente y produce datos de mortalidad oportunos y de alta calidad.

Destacaron como ejemplo que la covid-19 puede afectar la mortalidad infantil de manera diferente según el grupo de edad y el nivel socioeconómico y se necesitarán datos oportunos y precisos y un monitoreo cercano para comprender el impacto a largo plazo de la pandemia.

Pero sobre todo “si vamos a lograr los ODS de mortalidad infantil en todos los países, debemos redoblar los esfuerzos para garantizar el acceso a una atención eficaz y de alta calidad junto con la expansión continua de la cobertura de las intervenciones que salvan vidas”, concluyó Hereward.

A-E/HM

 

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