El Emirato Islámico de los insurgentes talibanes y su puesto en la ONU

La gran sala donde sesiona la Asamblea General de las Naciones Unidas y tienen su puesto asignado los 193 países miembros del foro mundial. Foto: ONU

NACIONES UNIDAS –  Cuando el 21 de septiembre se inauguren la fase de alto nivel del 76 Asamblea General de la ONU, es poco probable que el Emirato Islámico de Afganistán ocupe un muy codiciado asiento en el organismo mundial.

Pero au así, se espera que un representante suyo acabe llegando al gran salón de la Asamblea, quizás a finales de este año o en algún momento del próximo, siempre que cuente con la bendición de la Comisión de Credenciales de la ONU (Organización de las Naciones Unidas), compuesta por nueve integrantes, y por los 193 miembros de la Asamblea General.

Y lo que es más importante, la administración estadounidense de Joe Biden tiene que establecer relaciones diplomáticas con el gobierno talibán, cuyos funcionarios pueden estar en una lista de sanciones estadounidenses que les impide entrar en Estados Unidos.

Si se deniega el visado a la delegación talibán, el gobierno de Biden violará el acuerdo de 1947 sobre la sede de la ONU y Estados Unidos, según el cual Washington debe facilitar -y no obstaculizar- el buen funcionamiento del organismo mundial.

Pero el acuerdo no cubre a los grupos insurgentes extremistas que pretenden entrar en la ONU.

Cuando al líder palestino Yasser Arafat se le denegó en 19888 una visa estadounidense para poder ingresar al país y hablar ante las Naciones Unidas en Nueva York, la Asamblea General desafió a Estados Unidos y trasladó temporalmente a Ginebra el máximo órgano de formulación de políticas de la ONU.

Con esta medida inédita, el máximo dirigente de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) se dirigió a la Asamblea en un entorno menos hostil al que quizás hubiese encontrado en Nueva York.

Pero aquel episodio poco tiene que ver con el momento y los protagonistas actuales.

Eso sí, en las Naciones Unidas se multiplican las conjeturas que se resumen en si logrará el gobierno talibán llegar a la Asamblea General y obtener así el reconocimiento y la legitimidad internacionales.

Si lo hace, será uno de los primeros Estados miembros de la ONU -o quizás el único- que esté dirigido por un grupo insurgente extremista e integrista religioso que en su día fue designado como organización terrorista por Estados Unidos.

Thomas G. Weiss, miembro distinguido de Gobernanza Global, del Consejo de Asuntos Globales de Chicago, dijo a IPS que una inmensa incertidumbre rodeará al gobierno talibán y su posibilidad de que ocupe el asiento de Afganistán en las Naciones Unidas.

A diferencia de un nuevo Estado miembro, que requiere la aprobación del Consejo de Seguridad de 15 miembros, cinco con poder de veto, un cambio de gobierno es normalmente automático, con la aprobación de la Comisión de Credenciales y el visto bueno de la Asamblea General, dijo Weiss, que ha escrito extensamente sobre la política de las Naciones Unidas.

“Creo que el Comité de Credenciales se tomará su tiempo para considerar las credenciales del nuevo representante afgano ante la ONU y, posteriormente, de su delegación en la 76 sesión de la Asamblea”: Awarul K. Chowdhury.

En el caso de los talibanes, señaló, el tiempo es corto y, por supuesto, el cambio no fue producto de una elección. Teniendo en cuenta el comportamiento pasado y actual de los talibanes, es probable que muchos Estados miembros se opongan, predijo.

Aun así, tiene que haber un gobierno alternativo que se oponga, por lo que es crucial ver si el expresidente afgano, Ashraf Ghani (2014-2021), sale de su escondite y se opone formalmente, después de huir a Emiratos Árabes Unidos el 15 de agosto, cuando las milicias talibanas tomaron Kabul.

“Es poco probable, pero si lo hace, creo que el precedente histórico se asemejaría al caso de Camboya y el Khmer Rojo, más que a las actuales discusiones sobre Myanmar (antigua Birmania)”, dijo Weiss, también director emérito del Instituto Ralph Bunche de Estudios Internacionales, del Centro de Postgrado de la Universidad de la Ciudad de Nueva York.

Barbara Woodward, embajadora de Reino Unido, un miembro permanente del Consejo de Seguridad, expuso que su país calibrará su enfoque hacia los talibanes en función de las opciones y acciones que adopten desde ahora, y en particular sobre su actuación en torno al terrorismo, la asistencia humanitaria, los derechos humanos y el gobierno inclusivo.

Awarul K. Chowdhury, ex secretario general adjunto y ex alto representante de la ONU, dijo a IPS: “Creo que la situación afgana es algo más complicada”.

Al gobierno talibán aún no le reconocen muchos Estados, aunque normalmente un cambio de gobierno no necesita reconocimiento. Además, el nuevo gobierno talibán no ha nombrado un representante permanente ante la ONU ni ha pedido al organismo que acepte sus credenciales, destacó.

Hay una serie de aspectos funcionales que deben ser resueltos y seguidos antes de que la Comisión de Credenciales (CC) considere el asunto.

“Creo que el Comité de Credenciales se tomará su tiempo para considerar las credenciales del nuevo representante afgano ante la ONU y, posteriormente, de su delegación en la 76 sesión de la Asamblea.  Estoy seguro de que el secretario general adjunto de Asuntos Jurídicos de la ONU está al tanto de la cuestión y asesoraría en nombre del secretario general al Comité de Credenciales, si se le pide”, planteó Chowdhury.

Sin embargo, acotó, mucho depende de cómo Estados Unidos y otros países occidentales quieran abordar la cuestión.

Mientras tanto, la Comisión de Verificación de Poderes puede buscar una salida fácil aplazando cualquier acción inmediata sobre el reconocimiento del gobierno talibán, como ha hecho hasta ahora con la junta militar de Myanmar, que tomó el poder mediante un golpe de Estado en febrero y que  ha intentado sin éxito tomar el puesto de la ONU.

Sobre el ingreso de los talibanes en la ONU, el secretario general, António Guterres, recordó a  los periodistas el viernes 10  que “el reconocimiento de los gobiernos no lo hace la Secretaría de las Naciones Unidas, como ustedes saben; lo hacen los Estados miembros, y lo hacen los órganos de la ONU”.

“Pero estamos permanentemente comprometidos con los talibanes, y creemos que un diálogo con los talibanes es absolutamente esencial en este momento”, añadió.

Otra incógnita que abordó Guterres fue el de las sanciones que el Consejo de Seguridad mantiene contra miembros de los talibanes que ahora pasaron a integrar el gobierno de Kabul.

“En primer lugar, creo que lo que sería positivo es tener simultáneamente la formación en Afganistán de un gobierno inclusivo, que el gobierno respete los compromisos internacionales contraídos por el Estado afgano, y que se tengan en cuenta varias de las preocupaciones que hemos expresado sobre el terrorismo, los derechos humanos, etc…”, afirmó.

Todo ello, dijo, conducirá a una normalización de las relaciones de la comunidad internacional con Afganistán.

“El Consejo de Seguridad, por supuesto, tendrá que ponderar sus decisiones, y creo que los miembros del Consejo de Seguridad también estarán pendientes de cómo evoluciona la situación en Afganistán para tomar sus decisiones”, dijo Guterres.

Weiss, autor del libro ¿Sería mejor el mundo sin la ONU?, publicado en 2018, señaló que esta misma tercera semana de septiembre habrá una nueva Comisión de Credenciales.

“Como solo se requiere una mayoría de votos en la Asamblea General, habría pensado que sería difícil no sentar a los talibanes, especialmente porque China parece estar cortejando al nuevo gobierno, sin duda promoviendo inversiones y reconocimiento a cambio del compromiso de (de Kabul) mantenerse alejado del apoyo a los uigures”, el grupo musulmán del norte chino, argumentó.

Si China insiste y recurre a sus países aliados, se alcanzará 50 por ciento requerido, consideró Weis. El silencio de Estados Unidos y Occidente –distinto al asentimiento- podría conseguirse probablemente a cambio de garantías sobre la salida segura de Afganistán de los ciudadanos que colaboraron con los países aliados o y opositores de los talibanes.

Mucho dependerá también de las exigencias de expedir visados a los talibanes que figuran en la lista de terroristas de Estados Unidos, consideró el académico.

Puede leer aquí la versión en inglés de este artículo.

En una rueda de prensa celebrada en Doha, la capital de Qatar convertida en un centro de actividades respecto a Afganistán, el secretario de Estado estadounidense, Anthony Blinken, declaró que aunque los talibanes digan querer la legitimidad y el apoyo internacionales, esa legitimidad y ese apoyo tienen que ganárselos con sus acciones.

“Y, a nuestro juicio, no puede ganarse rápidamente, no puede ganarse sólo con palabras, ni siquiera con algunos primeros pasos positivos, por muy bienvenidos que sean.  Hay que demostrarlo con el tiempo”, señaló el día 7, al concluir una estancia de dos días en el país del Golfo.

“Ni que decir tiene que los nombres del gobierno provisional no inspiran confianza en este último aspecto.  Tendremos que ver qué surge en un gobierno más permanente”, añadió.

Blinken trató de dejar clara la posición de Washington sobre el régimen de Kabul.

“Los talibanes dicen que buscan la legitimidad internacional y el apoyo internacional.  Y eso dependerá totalmente de lo que haga, no solo de lo que diga.  Y la trayectoria de su relación con nosotros y con el resto del mundo dependerá de sus acciones”, subrayó.

Ahora bien, los talibanes han asumido una serie de compromisos, en público y en privado, entre ellos el de la libertad de circulación, el de la lucha contra el terrorismo y el de no permitir que Afganistán se utilice como centro del terrorismo “contra nosotros o contra cualquier otro”, planteó el jefe de la diplomacia estadounidense.

También se han comprometido, recordó, a defender los derechos básicos del pueblo afgano, a tener presentes a las mujeres, las niñas y las minorías, a promover un gobierno inclusivo y a evitar represalias contra quienes colaboraron con los gobiernos democráticos los últimos 20 años.

“Y estos son compromisos muy importantes”, añadió.

La comunidad internacional también ha establecido unas expectativas claras sobre el gobierno dirigido por los talibanes, recordó Blinken.  Más de 100 países firmaron una declaración encabezada por Estados Unidos sobre esos mismos compromisos y el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas ha dejado claras sus posiciones al respecto, destacó.

“Así que, para nosotros y no solo para nosotros, para muchos países de todo el mundo, la naturaleza de la relación con el gobierno en el futuro dependerá de las acciones que tome”, dijo el secretario de Estado.

T: MF / ED: EG

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