¿Se necesita un órgano político de la ONU para el cambio climático?

Diseñada originalmente por el arquitecto danés Finn Juhl en 1952, la desutilizada sala del Consejo de Administración Fiduciaria de las Naciones Unidas se renovó en estrecha colaboración entre la ONU y el gobierno de Dinamarca, con nuevos muebles de los diseñadores daneses Kasper Salto y Thomas Sigsgaard. Foto: CCOI / ONU

NACIONES UNIDAS – Como dijo una vez un cínico con mucha gracia: “El sol nunca se pondría en el imperio británico porque Dios no confiaría en un inglés en la oscuridad”. Tal vez fuera un comentario poco considerado porque la mayoría de las colonias británicas hace tiempo que desaparecieron.

Un periodista británico consideró al comentarle la ocurrencia que “estoy seguro de que lo dijo un escocés”.

Como Escocia no es una colonia, su demanda de independencia no es una cuestión de descolonización, un tema que está prácticamente desaparecido en la agenda política de la Organización de las Naciones Unidas (ONU).

Las Naciones Unidas, en sus comienzos hace 76 años, crearon un Consejo de Administración Fiduciaria, uno de sus principales órganos entonces, con el mandato de supervisar la administración de los territorios en fideicomiso, en su transición de colonias a naciones soberanas.

Pero a medida que el colonialismo y los territorios bajo custodia de la ONU iban llegando a un final poco glorioso, el Consejo suspendió sus actividades en 1994, una vez que Palau, el último de los 11 territorios originales en fideicomiso, obtuvo su independencia.

Ahora, al comenzar el cuarto Decenio Internacional para la Erradicación del Colonialismo, en junio de este año,  el Comité Especial de Descolonización de la ONU aprobó proyectos de resolución que reafirmaban una vez más el derecho de los territorios a la autodeterminación.

Pero esto se limitó a los pueblos de los 14 territorios no autónomos restantes, incluyendo Nueva Caledonia, Samoa Americana, Tokelau, Anguila, Bermudas, Islas Vírgenes Británicas, Islas Caimán, Polinesia Francesa, Guam, Monserrat, Islas Pitcairn, Santa Helena, Turcas y Caicos y las Islas Vírgenes de Estados Unidos.

Sin embargo, puede que falte mucho para que los poderes administrativos que supervisan estos territorios concedan la independencia, si es que alguna vez lo hacen.

Así que ¿sigue siendo necesario un Consejo de Administración Fiduciaria, que ha permanecido inactivo durante casi 27 años?

Resulta llamativo que ahora se intente reactivar una antigua propuesta de reconvertir el Consejo de Administración Fiduciaria para que pase a abordar cuestiones relacionadas con el medioambiente, el cambio climático y la población.

Los recientes cambios en los patrones meteorológicos en todo el mundo han vuelto a poner en la mira la crisis climática, que ha cobrado mayor importancia en las Naciones Unidas.

Las alteraciones más recientes incluyen la devastación causada por los incendios forestales en 13 estados de Estados Unidos y en Siberia, en Rusia,  las fuertes lluvias y las graves inundaciones en el centro de China y Alemania, las graves sequías en Irán y Madagascar y la sequía que ha asolado el sur de Angola.

 

Adam Day, director de programas del Centro de Investigación Política de la Universidad de las Naciones Unidas, dijo a IPS que se han propuesto una serie de iniciativas para abordar cuestiones relacionadas con futuros riesgos existenciales como el cambio climático.

También se plantean propuestas para representar las necesidades de las generaciones futuras de forma más directa en el sistema multilateral.

Una de estas propuestas, dijo, es la de reconvertir el inactivo Consejo de Administración Fiduciaria  para que se ocupe de cuestiones relacionadas con el medioambiente y/o las generaciones futuras.

“Esto sería un paso importante y podría requerir la acción de la Asamblea General, por lo que queda por ver si se materializa”, afirmó Day.

Otra idea, dijo, es crear un enviado o comisionado encargado de representar a las generaciones futuras. Al igual que el enviado para la Juventud, o los enviados temáticos de todo el sistema de la ONU, este sería el tipo de función que podría crear el secretario general sin necesidad de que la Asamblea General tenga que tomar medidas.

“Creo que es más probable que se adopte esta medida. Sin embargo, la cuestión más importante es cómo puede afectar al funcionamiento del sistema en general”, consideró Day.

¿Estarán dispuestos los Estados miembros a replantearse los grandes conceptos en los que se basan los modelos de crecimiento económico, abandonando potencialmente el producto interno bruto (PIB) como único indicador de éxito y ofreciendo el bienestar y la sostenibilidad globales como un indicador igualmente importante?

¿Estarán dispuestos los países ricos a tomarse en serio el hecho de que las futuras generaciones nacerán en su inmensa mayoría en países de ingresos más bajos, lo que exigirá importantes transferencias de recursos si queremos tomar en serio sus necesidades?

Puede leer aquí la versión en inglés de este artículo.

“Estos son los retos a los que se enfrenta el sistema multilateral, y espero que la Agenda Común del Secretario General ayude a avanzar en este debate”, declaró el director de programas de la Universidad de las Naciones Unidas.

Pero la pregunta que persiste es: ¿está el Consejo de Administración Fiduciaria preparado para convertirse en un órgano político especial de la ONU sobre el cambio climático, la población y el medioambiente mundial?

¿Es esa reconversión necesaria cuando ya existen en el sistema de la ONU el Consejo Económico y Social de la ONU (Ecosoc), el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (Pnuma) y el Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA)?

Joseph Chamie, demógrafo, consultor internacional en el tema y exdirector de la División de Población de las Naciones Unidas, dijo a IPS que rediseñar el Consejo de Administración Fiduciaria de la ONU para que se ocupe del cambio climático y medioambiente “es, sin duda, una empresa que vale la pena, es oportuna y es necesaria”, porque son asuntos de gran y urgente preocupación.

Dada su íntima relación, argumentó, “los debates sobre el cambio climático y el medioambiente no deben evitar la población mundial”.

Chamie recordó que miles de científicos de todo el mundo han incluido entre sus acciones urgentes la estabilización de la población mundial.

La reducción de las altas tasas de crecimiento demográfico no resolvería por sí sola el cambio climático y la degradación del medioambiente, reconoció, pero es evidente que desempeña un papel fundamental en la mitigación de las numerosas consecuencias negativas.

“En resumen, un Consejo de Administración Fiduciaria de la ONU rediseñado para abordar el cambio climático y el medioambiente no debe dejar de lado la población”,  planteó Chamie, autor de numerosas publicaciones sobre población y temas relacionados, incluyendo el climático y el ambiental.

El nuevo órgano propuesto para el cambio climático, el medioambiente y la población debería ocuparse de las dimensiones políticas, dado que los organismos de la ONU existentes se centran en los aspectos sociales y económicos, consideró Chamie.

“Si no se toman decisiones políticas a nivel mundial sobre estas cuestiones críticas, será poco probable que se consigan avances significativos y efectivos”, advirtió.

Además, no hay tiempo que perder para tomar esas decisiones políticas globales necesarias para abordar el cambio climático, la degradación del medio ambiente y el crecimiento de la población, continuó el reconocido demógrafo.

Entretanto, la Organización Meteorológica Mundial (OMM) publicó el viernes 23 un estudio en que aseguró que  los peligros relacionados con el agua dominaron la lista de desastres en términos de número de víctimas humanas y económicas en los últimos 50 años, en fenómenos que tienen detrás al cambio climático.

De los 10 principales desastres, los peligros que provocaron las mayores pérdidas humanas durante el periodo han sido las sequías (con 650 000 muertes), las tormentas (577 232 muertes), las inundaciones (58 700 muertes) y las temperaturas extremas (55 736 muertes).

En cuanto a las pérdidas económicas, según la OMM, los 10 principales acontecimientos son las tormentas y las inundaciones. Los datos muestran que, durante el medio siglo analizado, los riesgos meteorológicos, climáticos e hídricos representaron 50 % de todos los desastres, 45 % de todas las muertes registradas y 74 % de todas las pérdidas económicas notificadas a nivel mundial.

El secretario general de la OMM, Petteri Taalas, afirmó que “ningún país, desarrollado o en desarrollo, es inmune. El cambio climático está aquí y ahora. Es imperativo invertir más en la adaptación al cambio climático, y una forma de hacerlo es reforzar los sistemas de alerta temprana de riesgos múltiples”.

T: MF /ED: EG

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