¿Libra la ONU una batalla perdida contra los líderes corruptos del mundo?

La ONU, que establece que la corrupción es criminal, inmoral y la máxima traición a la confianza pública, dio la bienvenida a la nueva red anticorrupción, como un "paso importante" para generar confianza y promover la justicia. Foto: Daniel Dickinson / ONU

NACIONES UNIDAS – Hace años el diario The New York Times contaba una anécdota cómica relacionada con la corrupción generalizada instalada en la cultura política de un país del sudeste asiático donde políticos corruptos estaban dispuestos a entregar recibos cada vez que recibían un soborno, sobornos a lo grande.

Y en África, al difunto Mobutu Sese Seko, presidente del antiguo Zaire (ahora República Democrática del Congo), se lo describía a menudo como uno de “los líderes más corruptos del mundo”.

Cuando se le preguntó en una conferencia de prensa si era el segundo líder político más rico del mundo, Mobutu, aparentemente indignado, respondió: “Es una mentira. Es una mentira”, y luego agregó con una cara seria: “Soy solo el cuarto más rico”.

En un informe de octubre de 1991, The Washington Post citó a Mobutu creando uno de los principios básicos de la corrupción: “Si quieres robar, hazlo de a poco, de forma inteligente, de un modo agradable. Solo te atraparán si robas tanto como para hacerte rico de la noche a la mañana”.

Un ex secretario general de la ONU, Kofi Annan, originario de Ghana y siempre “sin pelos en la lengua”, aseguró una vez que “algunos líderes africanos siguen escondiendo miles de millones de dólares de fondos públicos, incluso mientras las carreteras se derrumban, los sistemas de salud fallan, los niños en edad escolar no tienen libros ni escritorios ni profesores y los teléfonos no funcionan”.

Y cuando la Asamblea General de la ONU celebró su primera sesión especial contra la corrupción, del 2 al 4 de junio, se convocó a 120 oradores, incluidos varios ministros de Relaciones Exteriores, tres vice primer ministros y 10 jefes de Estado y gobierno, principalmente dirigiéndose a través de mensajes de video a un organismo mundial con su sede cerrada por la pandemia de covid.

Pero una de las preguntas planteadas en la rueda de prensa diaria de la ONU fue sutil pero acertada.

Se preguntó qué esperaba lograr el presidente de la Asamblea General, el turco Volkan Bozkir, cuando “tantos jefes de Estado que hablaron esta mañana son corruptos”.

Su portavoz, Brenden Varma, dijo a los periodistas que el objetivo del presidente siempre fue crear un foro donde los Estados miembros pudieran reunirse “para discutir temas que son importantes para el mundo y compartir ideas, mejores prácticas y lecciones aprendidas”.

El objetivo final de Bozkir, sostuvo su portavoz,  era avanzar en la lucha mundial contra la corrupción y ver avances en ese sentido.

Bozkir dijo a los delegados que la corrupción corroe la confianza pública, debilita el estado de derecho, siembra el conflicto, desestabiliza los esfuerzos de consolidación de la paz, socava los derechos humanos, impide el progreso en la igualdad de género y obstaculiza los esfuerzos para alcanzar las metas de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible. “También golpea más duramente a los pobres, los marginados y los más vulnerables”, agregó.

El resultado de la sesión especial se refleja en el texto de una declaración política orientada a la acción adoptada por consenso. Pero la historia ha demostrado que la lucha contra la corrupción es una larga batalla perdida sin un final a la vista.

En julio de 2019, Transparencia Internacional compiló una lista de los 25 “escándalos de corrupción más grandes que sacudieron al mundo e inspiraron una condena pública generalizada, derrocaron gobiernos y enviaron personas a prisión”, desde Azerbaiyán hasta Perú y desde Nigeria hasta Guinea Ecuatorial.

Estos escándalos involucraron a “políticos de todos los partidos políticos y de los niveles más altos del gobierno, cantidades asombrosas de sobornos y lavado de dinero de proporciones épicas”, señaló Transparencia Internacional.

El grado de corrupción, tanto en el mundo en desarrollo como en el industrializado, es tan grande, particularmente entre políticos y jefes de gobierno, que un cínico podría tener razón al decir “si no hay corrupción, no habría políticos”.

En el mundo industrializado, el soborno se denomina eufemísticamente “comisiones ilícitas”, principalmente en acuerdos multimillonarios, mayormente para aviones comerciales y sistemas de armas.

Según un informe publicado, entre los líderes más corruptos del mundo se encuentran: Sani Abacha (Nigeria); Mobutu Sese Seko (Zaire); Ferdinand Marcos (Filipinas) y Suharto (Indonesia).

En un debate televisado sobre las elecciones para la alcaldía de la ciudad de Nueva York a comienzos de junio, un candidato le recordó públicamente a uno de sus rivales los múltiples cargos de corrupción que había enfrentado una vez.

“Todos sabemos que te han investigado por corrupción en todos los lugares a los que has ido, en una serie de investigaciones por corrupción. ¿Es eso lo que realmente queremos del próximo alcalde?”, le inquirió.

Mandeep S. Tiwana, director de programas de Civicus, la alianza mundial de la sociedad civil, dijo a IPS que es importante que la Asamblea General haya organizado una sesión sobre la lucha contra la corrupción, que es un gran flagelo en nuestras sociedades y un motor de desigualdad.

Cartel de la primera sesión especial contra la corrupción de la Asamblea General de la ONU, celebrada entre el 2 y el 4 de junio. Imagen: ONU

Sin embargo, cualquier debate significativo sobre la corrupción estaría incompleto sin una interrogación de cómo el énfasis actual en las políticas orientadas al mercado crea vías para la corrupción a gran escala al permitir el desvío de recursos públicos a empresas privadas, argumentó.

Como parte del discurso del mercado dominante, señaló, se alienta a los estados a retirarse de los servicios públicos y ceder espacio a entidades privadas con fines de lucro.

“Por lo tanto, mucha corrupción emana de adjudicaciones inapropiadas de licitaciones gubernamentales a compinches de las élites políticas y los llamados incentivos de ciertas empresas a través de acuerdos secretos sobre exenciones fiscales y concesiones privilegiadas a ciertas empresas políticamente conectadas”, señaló.

“Los flujos financieros ilícitos y el lavado de dinero son parte de la combinación y deben abordarse haciendo hincapié en la transparencia y la rendición de cuentas con el apoyo de sociedades civiles vibrantes y organismos de control de los medios”, señaló Tiwana.

Cuando se dirigió a los delegados en la sesión especial, el embajador Munir Akram de Pakistán y actual presidente del Consejo Económico y Social (Ecosoc) de la ONU, dijo que la corrupción, que conduce a salidas masivas de financiación ilícita, es una de las principales razones del bajo rendimiento económico de los países en desarrollo y las crecientes desigualdades en todo el mundo.

Al enfatizar que la corrupción sofoca las oportunidades para los pobres, mientras los condena a una vida de miseria e inequidad, dijo que se estima que  2,6 billones (millones de millones) de dólares, equivalentes a cinco por ciento del producto interno bruto (PIB) mundial, se pierden anualmente por dicho comportamiento.

Los países en desarrollo pierden 1,26 billones de dólares, nueve veces toda la asistencia oficial para el desarrollo (AOD), subrayó.

La embajadora de Estados Unidos, Linda Thomas-Greenfield, aseguró  a los delegados que el gobierno del presidente Joe Biden está comprometido a apuntar especialmente a la corrupción.

Y eso comienza con la construcción de las herramientas, obligaciones y compromisos anticorrupción existentes de la administración estadounidense, incluidos los pasos para hacer cumplir enérgicamente la Ley de Prácticas Corruptas en el Extranjero, que fortalece los entornos comerciales en todo el mundo al prohibir que los estadounidenses sobornen a funcionarios extranjeros.

También significa fortalecer la Iniciativa de Recuperación de Activos de la Cleptocracia del Departamento de Justicia de Estados Unidos, sostuvo.

Solo desde 2019, los esfuerzos de recuperación de activos de Estados Unidos han llevado a la transferencia de más de 1,5 mil millones a países afectados por la corrupción, agregó.

Tiwana, de Civicus, destacó que un debate sobre la corrupción debería lógicamente incluir un enfoque en la creación de entornos propicios para que las organizaciones de la sociedad civil y las entidades de medios independientes destaquen las prácticas corruptas y la connivencia entre las élites políticas y económicas.

Puede leer aquí la versión en inglés de este artículo.

“Nuestra investigación en Civicus muestra que 87 por ciento de la población mundial vive en países con serias restricciones a las libertades cívicas de asociación, reunión pacífica y expresión”.

Añadió que los activistas de la sociedad civil y los periodistas están siendo atacados a una escala colosal en todo el mundo.

“Si los gobiernos del Norte y del Sur globales realmente se toman en serio la lucha contra la corrupción, deberían tomar medidas para revertir las restricciones del espacio cívico y poner fin a la persecución de activistas y periodistas”, declaró.

En una declaración conjunta emitida la semana pasada, los ministros del Grupo de los Siete (G7, Alemania, Canadá, Estados Unidos, Francia, Italia, Japón, Reino Unido y el alto representante de la Unión Europea) dijeron que reconocen que la corrupción es un desafío global apremiante.

Como señala la Convención de las Naciones Unidas contra la Corrupción, aprobada en 2003, esta amenaza la estabilidad y la seguridad de las sociedades, socava las instituciones y los valores de la democracia, los valores éticos y la justicia, y pone en peligro el desarrollo sostenible y el estado de derecho.

Los ministros convinieron entonces que la corrupción presenta serias amenazas para las personas y las sociedades y, a menudo, permite otras formas de delincuencia, incluidos el crimen organizado y el delito económico, incluido el lavado de dinero. Estas amenazas se han visto intensificadas por la covid-19.

“A medida que el mundo continúa recuperándose, es fundamental que no dejemos que la corrupción amenace nuestros esfuerzos por reconstruir mejor y abordar los desafíos globales, especialmente el logro de los Objetivos de Desarrollo Sostenible 2030”, añadió la declaración ministerial.

“Esperamos con ansias la reunión ministerial del G7 en septiembre de este año, donde se debatirá sobre nuestros esfuerzos conjuntos para abordar la corrupción”, destacó.

Mientras tanto, el secretario general de la ONU, António Guterres, celebró la creación de la Red Operativa Global de Autoridades de Aplicación de la Ley Anticorrupción, conocida como Red GlobE, como un paso en la dirección correcta.

Dijo que la Red permitirá que las autoridades de aplicación de la ley guíen los procesos legales a través de la cooperación informal más allá de las fronteras, ayudando a generar confianza y lleven a los culpables de corrupción ante la justicia.

(Este artículo contiene extractos de un libro recientemente publicado sobre las Naciones Unidas, titulado “No Comment – and Don’t Quote Me on That (Sin comentarios, y no me cites al respecto)”. Escrito por Thalif Deen, editor sénior de la agencia de noticias Inter Press Service (IPS), el libro está repleto de anécdotas, desde las más serias hasta las más divertidas, y está disponible en Amazon en todo el mundo).

T: MLM / ED: EG

 

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