La extracción minera debe ser sostenible, inclusiva y equitativa

Un minero trabaja procesando material en Murmansk, noroeste de Rusia. La explotación de minerales debe ser respetuosa de los derechos humanos de los trabajadores, las comunidades y el ambiente, y sus beneficios deben llegar a toda la población y no solo a las élites, plantea el secretario general de la ONU. Foto: Marcel Crozet/OIT

NACIONES UNIDAS – Las industrias que extraen minerales deben ser sostenibles, inclusivas y equitativas, y sus beneficios deben llegar a todo el mundo y no solo a las élites, planteó este martes 25 el secretario general de la ONU, António Guterres, durante una mesa redonda sobre la transformación deseable para esa actividad.

Guterres dijo que “nuestra responsabilidad compartida es garantizar que los beneficios de los recursos minerales lleguen a todas las personas de la sociedad, no solo a las élites, salvaguardando al mismo tiempo el entorno natural presente y para las generaciones futuras”.

Comisiones regionales de las Naciones Unidas trataron durante meses el tema de las industrias extractivas y “han coincidido en un elemento común: la necesidad de que el sector extractivo y los recursos que genera se gestionen de forma sostenible, inclusiva y equitativa”, subrayó el secretario general.

Recordó que las industrias extractivas generan grandes cantidades de ingresos en divisas, inversión extranjera directa e ingresos gubernamentales, y tienen el potencial de impulsar el crecimiento económico y la reducción de la pobreza.

“Nuestra responsabilidad compartida es garantizar que los beneficios de los recursos minerales lleguen a todas las personas de la sociedad, no sólo a las élites, salvaguardando al mismo tiempo el entorno natural presente y para las generaciones futuras”: António Guterres.

La extracción de minerales desempeña un papel dominante en las economías de 81 países, los cuales representan una cuarta parte del producto interno bruto mundial, la mitad de la población global y también albergan casi 70 por ciento de los 700 millones de personas que viven en la pobreza extrema.

Esos países se enfrentan a una dicotomía: por un lado, los males relacionados con las industrias extractivas, como la corrupción, la explotación o la degradación ambiental, y por otro los recursos que puede llegar a generar para sus habitantes.

Para Guterres gestionar esas industrias de modo inclusivo y equitativo “significa contar con las necesidades y los derechos de las mujeres, los pueblos indígenas, las comunidades locales y otras partes afectadas por la industria y excluidas del diseño y los beneficios de las operaciones extractivas”.

A esos colectivos las industrias extractivas “podrían ofrecer una mejor vida, mediante más y mejores oportunidades de empleo, y efectuando mayores inversiones en las comunidades locales, a condición de que éstas se diseñen de forma respetuosa con sus derechos humanos”.

Para los pueblos indígenas, esto incluye el derecho a la autodeterminación y al consentimiento libre, previo e informado”, dijo Guterres.

“Las empresas dirigidas por mujeres también pueden prosperar en la cadena de suministro de las industrias extractivas”, señaló.

Cuatro elementos, según el secretario general, se necesitan para alcanzar el balance entre desarrollo e industrias extractivas, y el primero es mejorar normas y gobernanza de modo que se respeten el ambiente y los derechos humanos.

Luego, los países deben reducir su dependencia de las industrias extractivas, a través de la diversificación de las economías para ampliar la base de ingresos, aumentar el contenido de valor agregado, y acelerando una transición justa para los trabajadores y las comunidades que dependen de los recursos extractivos.

En tercer lugar, debe haber mayor inversión destinada a un futuro con bajas emisiones de carbono, y que la financiación que reciba el sector extractivo, pública o privada, se adecúe a los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), promovidos por la ONU (Organización de las Naciones Unidas).

Para Guterres “la descarbonización de la economía mundial es inevitable”, y defendió el despliegue rápido de las tecnologías de energía renovable y la eliminación progresiva de los activos basados en combustibles fósiles.

Ello implicaría no construir ni financiar nuevas plantas de carbón, y la eliminación progresiva del uso de esa sustancia fósil para 2030, en los países más desarrollados, y para 2040 en el resto del mundo.

El cuarto aspecto es la necesidad de lograr una mayor coordinación regional y mundial “para gestionar los choques y garantizar un proceso de transición suave, justo y sostenible”.

Finalmente, Guterres invitó a los Estados miembros de las Naciones Unidas y demás partes interesadas a crear un grupo de trabajo sobre industrias extractivas para ayudar en la transformación del sector.

A-E/HM

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