Refugiados rohinyás carecen de espacio para distanciarse ante coronavirus

Mohammad Rafique (primero a la derecha) y otros niños en el campo de refugiados rohinyás de Kutupalong, en Cox’s Bazar, mientras vendían verduras el 11 de marzo. Ahora la cuarentena nacional en Bangladesh para contener la pandemia de covid-19 ha aislado el campo, del que no se puede salir o entrar y donde el distanciamiento físico es una recomendación impracticable dado su nivel de hacinamiento. Foto: Rafiqul Islam / IPS
Mohammad Rafique (primero a la derecha) y otros niños en el campo de refugiados rohinyás de Kutupalong, en Cox’s Bazar, mientras vendían verduras el 11 de marzo. Ahora la cuarentena nacional en Bangladesh para contener la pandemia de covid-19 ha aislado el campo, del que no se puede salir o entrar y donde el distanciamiento físico es una recomendación impracticable dado su nivel de hacinamiento. Foto: Rafiqul Islam / IPS

Mohammad Rafique, de nueve años, solía recolectar vegetales de un terreno cercano y venderlos en un mercado dentro de Kutupalong, el conjunto de campos de refugiados donde viven  unos 600 000 rohinyás en el distrito de Cox’s Bazar, en el extremo sur de Bangladesh.

Pero ahora, debido a la pandemia de la covid-19,  tiene que quedarse recluido con sus padres en una vivienda improvisada construida en las laderas de una colina que forma parte del extenso asentamiento de refugiados, instalado desde 2017, cuando los rohinyás tuvieron que huir en masa de su vecino país: Myanmar, la antigua Birmania.

Desde el  26 de marzo, el gobierno de Bangladesh impuso una cuarentena nacional, en un intento de contener la propagación del nuevo coronavirus.

Posteriormente, el 8 de abril, el gobierno de Daca estableció el confinamiento de los 34 campos de refugiados que engloba el campamento de Kutupalong, y con la excepción de proveerse de alimentos o asistencia médica, a los refugiados no se les permite salir o ingresar al distrito.

Cox’s Bazar congrega actualmente al mayor asentamiento de refugiados del mundo. Huyendo del recrudecimiento de la persecución en la Myanmar predominantemente budista, más de un millón de rohinyás, de minoría musulmana, se instalaron desde 2017 en los hacinados campos de este distrito del sureste de Bangladesh, en el golfo de Bengala, fronterizo con Myanmar.

«Mis padres me pidieron encarecidamente que me quedara en casa después de que me informaran que las personas se están infectando con un virus letal en todo el mundo y que también comenzó a infectar a las personas cercanas a los campamentos», dijo resignado Rafique a IPS.

«No solo mis padres y yo, todos los rohinyás que vivimos en el campamento estamos muy preocupados por el virus infeccioso, ya que han escuchado que muchas personas mueren en todo el mundo después de infectarse con ese virus», añadió reflexivo.

Aunque todavía no se ha registrado ningún caso de coronavirus en asentamientos de refugiados rohinyás, una persona en un área cercana ha dado positivo de covid-19. Y esto creó una ola de pánico entre los refugiados.

«Es cierto que el pánico se apodera de los rohinyás en los campamentos. Pero, junto con la administración local, estamos llevando a cabo una campaña de sensibilización entre los refugiados para que puedan estar al tanto del coronavirus infeccioso», dijo a IPS el líder de la comunidad rohinyá en Cox’s Bazar,  Hafez Jalal.

Explicó que se ha aconsejado a los refugiados que se queden en sus hogares y que sigan todas las pautas sanitarias recomendadas para mantenerse a salvo de contagiarse.

El distanciamiento físico es la forma principal de prevenir el coronavirus, pero resulta difícilmente practicable en los hacinados campos donde se amontonan precarias e improvisadas viviendas una junto a otra, con calles muy estrechas y especie de intersecciones que cortan cada zona.

Vendedores de pollo en el mercado del campo de refugiados rohinyás de Kutupalong en Cox’s Bazar, antes de que en Bangladesh se decretarse el 26 de marzo la cuarentena nacional para contener al coronavirus. Desde entonces, los rohinyás están confinados en sus precarias viviendas y no pueden salir del campo, mientras las agencias humanitarias temen el impacto si un brote de covid-19 llega a los 34 hacinados asentamientos del campo. Foto: Rafiqul Islam / IPS
Vendedores de pollo en el mercado del campo de refugiados rohinyás de Kutupalong en Cox’s Bazar, antes de que en Bangladesh se decretarse el 26 de marzo la cuarentena nacional para contener al coronavirus. Desde entonces, los rohinyás están confinados en sus precarias viviendas y no pueden salir del campo, mientras las agencias humanitarias temen el impacto si un brote de covid-19 llega a los 34 hacinados asentamientos del campo. Foto: Rafiqul Islam / IPS

Además, hay pocas tomas de agua en los campos, que sirven de suministro a varios miles de personas y el intermitente recurso no se sabe cuándo llega, así que siempre hay gente congregada en esos puntos.

Los expertos están preocupados de que si el coronavirus alcanza a algunos de los asentamientos del campo, las condiciones de hacinamiento multiplicarán sin control los contagios.

Louise Donovan, portavoz de la Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur),   alertó que esta amenaza de un gran brote se sustenta en que actualmente alrededor de 40 000 personas viven en tan solo un kilómetro cuadrado.

El distanciamiento físico en esas condiciones resulta impracticable, reconoció, aunque en los campos se han establecido puntos de distribución de alimentos y productos sanitarios para facilitarlo.

«En este momento, es una carrera contrarreloj establecer instalaciones de aislamiento y tratamiento para atender a los pacientes si llega a haber un brote en los campamentos», dijo Donovan a IPS.

Añadió que todos los aliados humanitarios que colaboran con el gobierno de Bangladesh en la atención de los refugiados rohinyás se declararon en alerta y trabajan 24 horas al día para garantizar una capacidad de mínima de respuesta en caso de un brote de covid-19 en los 34 asentamientos de Kutupalong.

Compartir información sobre el coronavirus también ha sido clave.

Según un trabajador humanitario, la campaña de comunicación sobre la covid-19  se realiza en los campos mediante anuncios de radio, videos y carteles en idioma rohinyá, birmano y bengalí.

Los mensajes también son transmitidos por imanes y otros dirigentes de la comunidad, quienes en forma voluntaria explican cómo se propaga el coronavirus, cómo las personas pueden protegerse a sí mismas y a sus familias, cuáles son los síntomas y cómo pueden buscar atención si creen estar contagiados.

El gobierno también difunde mensajes de sensibilización a través de múltiples canales, incluidas redes de telefonía móvil y altavoces.

Los pobladores bangladesíes situados cerca de los campos dijeron a  IPS que efectivos policiales y militares mantienen bloqueos en las carreteras y patrullan dentro y alrededor de los asentamientos rohinyás para impedir que estos salgan de Kutupalong.

En una publicación reciente en Facebook, el comisario adjunto de Cox’s Bazar, Kamal Hossain dijo que cada uno de los 34 campamentos rohinyá estaban cerrados y que dentro de ellos existe la prohibición de reuniones masivas, manifestaciones y otras actividades colectivas.

«Los refugiados de un campamento no pueden trasladarse a otro y no se les permite establecer mercados dentro de los campos. Además, se han tomado medidas para mantener a los refugiados en sus hogares y garantizar el suministro de productos esenciales para ellos”, explicó Hossain, quien advirtió que se sancionará a quien incumpla las normas de confinamiento.

Sin embargo, a pesar de conocer los riesgos, muchos no han tenido más remedio que abandonar sus hogares para proveerse de alimentos y agua.

«Muchos refugiados están saliendo de sus hogares por necesidades diarias, ignorando las ordenes de las autoridades, lo que es un motivo más de preocupación», agregó Jalal, el líder comunitario rohinyá.

El gobierno de Bangladesh ha extendido la cuarentena nacional hasta al menos el 25 de abril.

T: MF

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