Brote de dengue desnuda mala gestión de residuos en Islas Salomón

El rápido crecimiento urbano y el aumento de basura en Islas Salomón son el centro de los esfuerzos de la municipalidad en su lucha contra el dengue. Crédito: Catherine Wilson/IPS.

Autoridades sanitarias y de esta capital de Islas Salomón reclaman una efectiva gestión de residuos para ayudar a combatir un fuerte brote de dengue, una de las enfermedades de mayor propagación mundial, que estalló en febrero en este país del océano Pacífico.
Este archipiélago con más de 900 islas cubiertas de bosques, al este de Papúa Nueva Guinea, registró unos 4.200 casos posibles de dengue y 1.000 confirmados con seis personas muertas.

El brote se propagó a ocho de las nueve provincias de este país de 552.000 habitantes; 88 por ciento de los casos se detectaron en Honiara.

El médico Tenneth Dalipanda, subsecretario de mejora sanitaria y presidente de la fuerza nacional de trabajo contra el dengue, dijo que esta crisis todavía no alcanzó su máxima virulencia.

El dengue es una enfermedad tropical infecciosa contagiada a los humanos por un mosquito hembra, que se reproduce en agua estancada. En las zonas urbanas o semiurbanas, los criaderos de larvas son las alcantarillas, los neumáticos viejos y los contenedores de plástico, es decir todo recipiente capaz almacenar líquido.

En Islas Salomón, los vectores principales del dengue son Aedes albopictus y Aedes aegypti, que pican de día. El periodo de incubación suele ser de cuatro a 10 días y los síntomas incluyen fiebre, dolor de cabeza, náuseas, sarpullido y dolores musculares y articulares.

Según la Organización Mundial de la Salud, la incidencia global del dengue se multiplicó por 30 en los últimos 50 años y se estima que hay 50 millones de infecciones al año.

La transmisión de la enfermedad es particularmente rápida en zonas urbanas de alta densidad en climas tropicales y subtropicales, donde los mosquitos proliferan en la estación de los monzones y después de fuertes lluvias.

Pero según el médico Dalipanda, un brote de dengue como el actual nunca se había visto en Islas Salomón.

Un pequeño brote del serotipo 2, registrado en 2002, generó una limitada cantidad de casos, dijo a IPS.

«Un brote como el actual es el primero de que tengamos registro en el país y es del tipo 3, uno de los más virulentos», explicó. Añadió que hay unos 500 casos por cada 10.000 residentes de Honiara.

Los servicios de salud están muy exigidos y el principal Hospital Nacional de Referencia de Honiara permaneció cerrado a la atención de casos rutinarios hasta la segunda semana de este mes, para concentrarse en la emergencia causada por el brote.

El gobierno creó un equipo nacional de trabajo para coordinar la respuesta sanitaria, mientras Australia y Nueva Zelanda ofrecieron equipos médicos especializados y trabajadores de la salud pública para asistir a las autoridades locales.

No hay cura ni vacuna contra el dengue, así que la prevención es fundamental. Por ello, el gobierno lanzó en marzo una campaña de limpieza en la capital para tratar de eliminar los depósitos de reproducción del mosquito.

La iniciativa permitió difundir información a los hogares y empresas sobre cómo limpiar latas, cáscaras de coco, bolsas de plástico, recipientes variados, neumáticos usados o baldes. También enseñó a eliminar o cubrir tanques de agua.

[related_articles]El inspector jefe de salud de la municipalidad de Honiara, George Titiulu, dijo a IPS que desde hace tiempo le preocupa la relación entre la gestión de los desperdicios y la salud pública, dado el estrecho vínculo entre la enfermedad y los residuos urbanos.

«Los sitios clave de reproducción del mosquito son las zonas donde los servicios de recolección de residuos no están llegando», explicó Titiulu, refiriéndose al área de barriadas pobres de la periferia.

El crecimiento poblacional, sumado a la rápida urbanización en las pequeñas naciones insulares del Pacífico, creó un gran desafío en materia de gestión de desperdicios en toda la región.

Junto con la expansión de Honiara aumentaron los desperdicios sólidos procedentes de comercios, oficinas, mercados y áreas residenciales, mientras que los asentamientos informales de la periferia urbana superaron la capacidad de los proveedores de servicios.

Treinta y cinco por ciento de los 64.600 habitantes de Honiara, cuya población crece anualmente 2,7 por ciento, viven en barrios no planificados, cuyos servicios de electricidad, saneamiento y recolección son inadecuados, así como el suministro de agua.

El problema de la basura se agrava porque no hay plantas de reciclaje. La mayor parte de los desperdicios orgánicos reciclables, además de los plásticos, se queman o se vierten en zonas costeras o se tiran al aire libre.

La campaña de limpieza contuvo el fuerte aumento de casos de dengue, pero Dalipanda cree que no es suficiente. «Nos gustaría ver una disminución» en la incidencia de los casos, apuntó.

«Diferentes comunidades, instituciones y ministerios deben involucrarse porque es la única forma de romper el ciclo de la enfermedad», subrayó.

La municipalidad asumió el desafío y envió al gobierno una propuesta para implementar un programa integral y anual para la recolección de residuos, con un costo de 960.000 dólares.

«Será un enfoque integrado de gestión de desperdicios que incluirá la limpieza de las alcantarillas, donde se acumula la basura, el rociado general (con insecticida) y la movilización de las comunidades», explicó Titiulu.

Pero también recordó que la municipalidad, con solo tres vehículos a su disposición, necesitará fondos, equipamiento y apoyo logístico para llevar adelante el plan, que, bien implementado, contribuirá a frenar la reproducción de los mosquitos y a reducir las probabilidades de contagios futuros.

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