El mundo se juega el futuro en Río+20

Daños ecológicos irreversibles desestabilizarán los sistemas que sostienen la vida en la Tierra a menos que se tomen medidas urgentes, según el quinto informe «Perspectivas del Medio Ambiente Mundial» (GEO-5).

«Los gobiernos afrontarán niveles sin precedentes de daño y degradación», alertó el secretario general adjunto de la ONU y director ejecutivo del Pnuma, Achim Steiner. Crédito: UN Photo/Paulo Filgueiras

La Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Desarrollo Sostenible, conocida como Río+20, que se realizará del 20 al 22 de este mes en Río de Janeiro, es una oportunidad clave para tomar medidas contra ese deterioro, sostiene el estudio, elaborado por el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (Pnuma).

El GEO-5 compila tres años de investigación sobre el estado del ambiente en el planeta, y fue producido con la colaboración de más de 600 expertos, instituciones y otras agencias de la Organización de las Naciones Unidas (ONU).

Documenta los extendidos cambios ecológicos en la Tierra, citando una alarmante variedad de eventos climáticos sin precedentes en la historia humana, desde inundaciones y sequías hasta extinción de especies, aumentos del nivel del mar y de las temperaturas, contaminación y enfermedades.

El informe del Pnuma llama a una acción urgente y decisiva poco antes de que comience Río+20, donde se reunirán más de 130 líderes mundiales para debatir una respuesta a los desafíos que afronta el planeta.
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«Si continúa la actual tendencia, si prevalecen los actuales patrones de producción y consumo y no pueden ser revertidos, entonces los gobiernos afrontarán niveles sin precedentes de daño y degradación», alertó el secretario general adjunto de la ONU y director ejecutivo del Pnuma, Achim Steiner.

El estudio demuestra el fracaso de los gobiernos a la hora de encarar los problemas ecológicos, planteando que, de las más de 500 metas internacionales acordadas para proteger el ambiente, solo cuatro muestran señales de progreso.

Estas cuatro son el cese de la producción y del uso de sustancias que agotan la capa de ozono, la eliminación del plomo de los combustibles, la mejora del acceso a suministros de agua y la reducción de la contaminación en el ambiente marino.

En referencia al cambio climático, el jefe del equipo del Pnuma que elaboró el GEO-5, Matthew Billot, consideró «improbable que el mundo cumpla su meta» de impedir un aumento de las temperaturas globales superior a dos grados.

«El ritmo de la destrucción simplemente se ha acelerado», advirtió Billot, y el planeta va por un sendero insostenible, acercándose y a veces traspasando umbrales críticos.

El consumo de agua en el planeta se triplicó en los últimos 50 años, y por tanto deberíamos ser más conscientes de su importancia, «no solo en los países áridos y cálidos, sino en todo el mundo», dijo a IPS.

América del Norte emerge como el mayor consumidor de agua, con más de 2.798 metros cúbicos por persona al año, el doble del promedio mundial.

Según las actuales tendencias, más de una de cada 10 personas carecerán de agua potable para 2015, y para fines de siglo la disponibilidad estará muy por debajo de la demanda, dijo la directora de la Oficina Regional del Pnuma para América del Norte, Amy Fraenkel.

Conforme crece la población mundial (llega hoy a los 7.000 millones y se espera que alcance los 9.000 millones en 2050), se hace más problemática la subsistencia, considerando la escasez de recursos y los desafíos ambientales.

«Este es un tema crucial», dijo Fraenkel a IPS. «Las soluciones que proponemos son prácticas, y nos llevarán a una economía más verde», añadió, en referencia a las políticas sugeridas por el Pnuma, basadas en casos exitosos y adaptadas a las necesidades ambientales particulares de los diferentes países.

Uno de los ejemplos exitosos es la tendencia a la inversión en energías renovables. Se destaca el caso de la sudoriental provincia canadiense de Ontario, donde se estableció que un porcentaje de la red energética debe ser alimentada por fuentes renovables.

En conferencia de prensa el miércoles 6, el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, destacó a la energía como un pilar de la economía verde, y la definió como «el cordel de oro que conecta el crecimiento económico, la igualdad social y la sostenibilidad ambiental».

En este frente todavía hay mucho por hacer. En América del Norte, las iniciativas de energía renovable son más bien «excepciones a la regla», dijo Fraenkel a IPS, y añadió que el cambio hacia este tipo de fuentes «es ciertamente más lento» en esa región que en cualquier otra.

En términos de mercado, los combustibles fósiles siguen siendo la mayor fuente de energía para América del Norte, gracias al apoyo de subvenciones de los gobiernos.

«Una clara respuesta es la eliminación de los perversos subsidios a los combustibles fósiles, que están creando un mercado en el que la energía renovable simplemente no puede competir», dijo Fraenkel a IPS.

La funcionaria del Pnuma instó a los políticos a repensar la filosofía económica de modo que procure un crecimiento sostenible, integrando el ambiente a sus decisiones.

«La forma en que hemos tratado el ambiente es como si fuera algo añadido, un lujo de los países ricos, algo que debe ser encarado solo cuando la economía se ha desarrollado… Esa ha sido la filosofía de nuestras economías occidentales industrializadas», dijo Fraenkel.

Para que haya una efectiva transición a una economía verde, «tenemos que refutar el mito de que hay un conflicto entre la economía y la salud ambiental», dijo Ban en su mensaje el Día Mundial del Ambiente, celebrado el martes 5.

El informe concluye que el paso a la economía verde podría además generar entre 15 millones y 60 millones de empleos en todo el mundo en las próximas dos décadas, y sacar a decenas de millones de personas de la pobreza.

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