Japón contrarreloj para enfriar reactores nucleares

El personal que trabaja para contener la crisis en el complejo atómico de Fukushima, Japón, fue trasladado a un búnker debido a un aumento de los niveles de radiación, informaron medios locales.

El nivel de radiación llegó a 1.000 milisieverts este miércoles, para luego descender a entre 800 y 600.

El corresponsal de Al Jazeera en Japón, Harry Fawcett, dijo que más tarde se autorizó a los trabajadores regresar a sus tareas para impedir un derretimiento de los reactores.

«Los 70 trabajadores que fueron llevados a un búnker de protección pudieron regresar y reanudar operaciones clave para mantener fría a toda la planta», indicó.

«Han estado bombeando agua de mar sobre los reactores, tanto los que estaban activos antes del terremoto como los que simplemente albergaban combustible usado», añadió.
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El jefe de gabinete del gobierno japonés, Yukio Edano, dijo que los trabajadores rociaban agua sobre la planta en un esfuerzo desesperado por enfriarla, sobre todo luego de que una explosión el martes en el reactor número cuatro causara un aumento de la radiación.

Se cree que el estallido habría dañado la cámara de supresión, una gran tubería con agua que forma parte del sistema de refrigeración.

Hajimi Motujuku, portavoz de la empresa operadora de la planta, la Tokyo Electric Power Company, señaló que la estructura externa de la llamada vasija contenedora en el reactor número cuatro se había incendiado este miércoles.

La central nuclear de Fukushima 1, 220 kilómetros al norte de Tokio, ha sido sacudida por varias explosiones desde que el terremoto y el tsunami del viernes pasado dañaron sus sistemas de refrigeración.

La cadena NHK mostró fotografías de los reactores tres y cuatro de la planta, con las averías producidas en ambos.

En la tarde de este miércoles, un helicóptero militar de carga japonés comenzó a volcar agua sobre un reactor, en un esfuerzo por enfriar las barras de combustible nuclear, según mostraban imágenes de televisión.

Las autoridades japonesas habían descartado esta alternativa por considerar que se trataba de una operación de alto riesgo.

La misión, no obstante, fue pronto abandonada, informó NHK.

«Supongo que no funcionó, o que los niveles de radiación eran demasiados peligrosos como para estar en el aire cerca de las estaciones», dijo el corresponsal de Al Jazeera. «Esta situación se deteriora. Hacen todo lo que pueden», añadió.

El gobierno ordenó a unas 140.000 personas en las zonas aledañas a mantenerse dentro de sus casas.

Hay seis reactores en la central Fukushima 1. El número uno aún está en llamas, y no se encontraba funcionando cuando Japón fue sacudido por el peor terremoto que tenga registrado, de 9.0 grados en la escala de Richter.

La Agencia de Seguridad Industrial y Nuclear estimó que 70 por ciento de las barras de combustible habían sido dañadas en el reactor número uno. Por su parte, la agencia nacional japonesa Kyodo indicó que 33 por ciento de las barras de combustible en el reactor número dos estaban dañadas y que los centros de ambos reactores se habían derretido parcialmente.

También este miércoles, un fuerte terremoto de 6.0 de magnitud se sintió en amplias zonas del este japonés, informó el Servicio Geológico de Estados Unidos, con fuerza suficiente para hacer balancear edificios en Tokio.

El sismo afectó a la prefectura de Chiba, sobre el océano Pacífico, 96 kilómetros al este de la capital. No hubo informes de heridos o de daños. Tampoco se realizaron advertencias de tsunamis, pero la agencia meteorológica japonesa alertó un posible cambio en los niveles del mar.

Mientras, el emperador Akihito dio un inusual discurso televisado a todo el país, reconociendo que la catástrofe era de una «escala sin precedentes».

El monarca de 77 años dijo estar «profundamente preocupado» por la situación en Fukushima.

«Me siento extremadamente herido por la grave situación en las áreas afectadas. El número de fallecidos y desaparecidos crece día a día, y no podemos saber cuántas víctimas hay. Mi esperanza es que se encuentren seguras la mayor cantidad posible de personas», afirmó.

«Confío, desde el fondo de mi corazón, que el pueblo podrá, mano con mano, tratar a cada uno con compasión y superar estos momentos difíciles», añadió, e instó a los japoneses a «no abandonar la esperanza».

Mientras, las autoridades intentan calcular el número de fallecidos por la catástrofe. La policía señaló que al menos 5.000 personas habían muerto por las grandes olas que golpearon la costa, arrasando con todo a su paso. Pero funcionarios del gobierno hablan de 10.000.

La devastación causada por el tsunami ha sido enorme en poblaciones pesqueras como la de Minamisanriku, en donde permanecen desaparecidos la mitad de sus 17.000 habitantes.

«Diez de mis parientes están desaparecidos. No he podido contactarme con ellos», dijo a la agencia de noticias AFP Tomeko Sato, de 54 años, residente de Minamisanriku que perdió su casa en el desastre.

«Me sorprendió la potencia del tsunami. La próxima vez viviré en la colina, y espero que esto no vuelva a ocurrir más», dijo.

Andrew Thomas, corresponsal de la cadena Al Jazeera en la sureña ciudad japonesa de Osaka, sostuvo que era muy probable que muchas personas nunca volvieran a ser halladas pues habrían sido arrastradas al profundo del mar tras el tsunami.

Otro corresponsal en el norte dijo que, a excepción de unos pocos casos de rescate el martes, los socorristas sólo recuperaban cadáveres y atendían a desplazados.

Millones de personas han quedado sin agua, electricidad, combustible o alimentos suficientes. Cientos de miles más se encuentran sin hogar, y afrontan estoicamente la nieve y lluvia helada en el noreste.

* Publicado en acuerdo con Al Jazeera.

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