BIODIVERSIDAD: Despertar en Nagoya

La comunidad internacional finalmente despertó a uno de los grandes desafíos contemporáneos y llegó a un nuevo acuerdo para frenar la desaparición de la naturaleza que sostiene la vida humana.

Los delegados en Nagoya llegaron a un acuerdo pese a la habitual división entre el Norte y el Sur. Crédito: Cortesía de la COP 10, Japón 2010.
Los delegados en Nagoya llegaron a un acuerdo pese a la habitual división entre el Norte y el Sur. Crédito: Cortesía de la COP 10, Japón 2010.
El nuevo acuerdo, firmado por los más de 190 estados miembro del Convenio sobre la Diversidad Biológica, incluye un compromiso para reducir a la mitad la proporción de pérdida de especies para 2020, así como el histórico Protocolo de Nagoya de Acceso y Participación en los Beneficios que aportan los recursos genéticos.

Pero este despertar sólo se aplica a los primeros madrugadores. La vasta mayoría sigue dormida, inconsciente de que los seres humanos dependemos de la variedad de formas de vida que integran el ecosistema y que nos aportan oxígeno, agua, alimentos y combustible. Y también inconsciente ante el hecho de que la naturaleza es nuestra realidad, mientras que la economía es simplemente un juego complicado creado por nosotros mismos.

Japón importa más de 60 por ciento de sus alimentos y la mayoría de los ecosistemas de Europa han sido devastados: apenas 17 por ciento de ellos están en un estado razonable, según la primera evaluación de este tipo jamás hecha. El único motivo por el que esos países no han colapsado es que son suficientemente ricos para ayudarse solos a en materia de recursos ecológicos y servicios de la naturaleza.

"Nosotros explotamos los recursos biológicos en el exterior, especialmente en el Sur. Es por esto que nosotros, el pueblo de Aichi, Nagoya, debemos disculparnos… por el deterioro de los ecosistemas y de biodiversidad que hemos causado", señaló un documento público emitido por la sociedad civil en Nagoya, donde del 18 al 29 de octubre se realizó la 10 Conferencia de las Partes del Convenio sobre la Diversidad Biológica (COP 10).
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Aunque el gobierno de Japón no se mostró dispuesto a reconocer públicamente esta realidad, sí presionó para que los países participantes llegaran a un acuerdo pese a la habitual división entre el Norte industrializado y el Sur en desarrollo.

El conflicto central es que las naciones del Norte son como biopiratas desesperados, adictos a saquear los ecosistemas más ricos del Sur en busca de alimentos, materias primas y mano de obra barata. Cada vez más, el Sur se resiste y busca compensaciones. Y esto implica transformar la economía del crecimiento para frenar la pérdida de especies. Se estima que cada año se producen entre 5.000 y 30.000 extinciones.

"Japón jugó un rol central en la economía del crecimiento. Necesitamos pasar a una economía de subsistencia", dijo a IPS el profesor Kinhide Mushakoji, de la Universidad de Economía y Derecho de Osaka y uno de los organizadores. La petición fue firmada por 156 organizaciones en Japón.

Sin embargo, en las negociaciones formales no se habló de ese viraje hacia una economía de subsistencia.

De modo perverso, la actual economía del crecimiento ha llevado a países como Japón y muchos europeos a subsidiar la destrucción de las pesquerías marinas mediante la sobrepesca, dijo Achim Steiner, director ejecutivo del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (Pnuma), que administra el Convenio.

Promover una economía verde requeriría invertir "8.000 millones de los estimados 27.000 millones de dólares por concepto de subsidios en (zonas) como las Áreas Marinas Protegidas, y cuotas pesqueras comerciables", dijo Steiner en la apertura de la conferencia.

Estudios del Pnuma han mostrado que ese enfoque conllevaría mayores capturas en el futuro, elevando los ingresos de las poblaciones locales y garantizando que casi 1.000 millones de indigentes del mundo tengan acceso a más proteínas derivadas del pescado.

Poner fin a esos subsidios es el tercero de los 20 objetivos estratégicos acordados para 2020 y conocidos colectivamente como "Objetivos de Aichi".

"Es necesario frenar la pérdida de biodiversidad para 2020. Esto no puede postergarse", dijo Mario Tanao, un delegado juvenil y miembro de la organización japonesa Biodiversity on the Brink.

Tanao y otros han creado una red llamada Global Youth Biodiversity Organisation, que fue oficialmente reconocida por la secretaría del Convenio al final de la reunión.

"Esperamos tener jóvenes de más de 100 países en la próxima COP", dijo Christian Schwarzer, representante juvenil del Foro Alemán sobre Ambiente y Desarrollo.

El gobierno holandés difundió en la COP 10 un análisis científico que señala que frenar la pérdida de biodiversidad mundial para 2050 será extremadamente difícil, si no imposible. Y para 2020, absolutamente imposible, dijo el director del estudio, Maarten Hajer, de la Agencia Holandesa de Evaluación Ambiental.

El estudio de Hajer hizo énfasis en las principales causas de la pérdida de biodiversidad: agricultura, deforestación, sobrepesca y cambio climático, y en las opciones que pueden emplearse de aquí a 2050 en un mundo que, se estima, para entonces tendrá 9.000 millones de habitantes.

Sólo aumentar el tamaño de las áreas protegidas a 20 por ciento de toda el área terrestre es altamente insuficiente, sostuvo.

La única esperanza es una combinación de grandes áreas protegidas y un viraje hacia una producción y un consumo sostenibles. Pero "incluso entonces sólo podremos reducir la proporción de pérdida de biodiversidad, pero no detenerla", dijo Hajer a IPS.

Según Mushakoji, "la economía verde es solamente una solución para quienes actúan en la economía monetaria. Miles de millones de personas no lo hacen".

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