SIDA-ASIA: Justicia social es la receta

La receta que miles de expertos finalmente dieron en la conferencia contra el sida en esta ciudad fue más que clara: se debe luchar contra las desigualdades sociales y políticas para que los esfuerzos para abatir la enfermedad tengan máxima eficiencia.

Reconocer que es tiempo de mirar más allá de las dimensiones médicas y científicas de la batalla de la región contra el VIH (virus de inmunodeficiencia humana) y el sida (síndrome de inmunodeficiencia adquirida) fue la conclusión de las más de 200 sesiones de la novena Conferencia Internacional sobre Sida en Asia Pacífico (ICAAP, por sus siglas en inglés).

Las discusiones en el encuentro, que comenzó el domingo y terminó este jueves, versaron sobre diversos temas, como estigma y discriminación, sexualidad y género, escasez de recursos, participación de la comunidad, reducción de los daños, derechos humanos, hombres que tienen sexo con hombres, drogas y leyes que penalizan el comportamiento de ciertos grupos.

En la clausura de la ICCAP, en el Centro de Convenciones Internacionales de Bali, el director regional de la Organización Mundial de la Salud para el sudeste asiático, Samlee Plianbangchang, dedicó más tiempo a los aspectos sociales de la epidemia que a los biomédicos.

«La igualdad y la justicia social son de vital importancia para responder a la epidemia del VIH/sida», dijo Samlee ante unos 3.600 participantes.
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«El VIH sigue siendo uno de los desafíos más formidables de nuestros tiempos para la salud pública. En la región de Asia Pacífico, el VIH afecta a las poblaciones más vulnerables y difíciles de alcanzar, especialmente los trabajadores sexuales, los hombres que tienen sexo con hombres y los adictos a las drogas intravenosas», añadió.

Es por estas características de la epidemia –hay cinco millones de personas con VIH y sida en la región—que se deben hacer esfuerzos especiales para cambiar las actitudes sociales de manera que los grupos de difícil alcance tengan las mismas oportunidades de ser informados y recibir tratamiento.

«El principal mensaje ha sido que, para tratar el sida, necesitamos encarar las inequidades socio-políticas y económicas que conducen la epidemia y restringen el acceso a la información, al tratamiento y a la atención», dijo Rosalia Sciortino, profesora en la Universidad Mahidol de Tailandia.

Tratar las «condiciones estructurales» de la epidemia ayudaría a reducir las brechas entre Norte y Sur, entre ricos y pobres, entre mujeres y hombres, entre diversas comunidades sexuales, entre mayorías y minorías, entre ciudadanos y no ciudadanos, entre inmigrantes y refugiados, señaló.

«Se necesita un cambio social para controla el sida», subrayó Sciortino. «Los grupos no nacen vulnerables, sino que son hechos vulnerables por las sociedades que los marginan y explotan».

Grupos como los drogadictos, los trabajadores sexuales y los hombres que tienen sexo con hombres –por lo general con el estigma de que no merecen atención o de ser causantes de males sociales—son pasados por alto, pese a los importantes avances logrados en la última década para aumentar el número de personas con VIH con acceso a medicamentos antirretrovirales.

La discusión en torno al VIH/sida solía seguir la línea del concepto de «acceso para todos», tema central de la conferencia de 2004, celebrada en Bangkok.

El número de personas que reciben terapia antirretroviral ha aumentado en Asia Pacífico más del triple desde 2003, y hoy llega a 565.000, según el Programa Conjunto de las Naciones Unidas sobre el VIH/sida. En todo el mundo, el número asciende a cuatro millones.

Funcionarios de la Organización de las Naciones Unidas subrayaron esta semana que la región está preparada para alcanzar el año próximo la meta de acceso universal al tratamiento.

Los países con mejor desempeño son Tailandia, Laos y Camboya, donde más de 80 por ciento de las personas que necesitan antirretrovirales pueden acceder a ellos.

En muchos otros países asiáticos, el progreso en la respuesta a la epidemia en las últimas dos décadas se refleja en la caída de la prevalencia del VIH y en la mayor expectativa de vida que gozan ahora los infectados.

Pero, junto a los resultados positivos, las estadísticas también muestran tendencias preocupantes, como un aumento de las infecciones sobre todo entre los hombres que tienen sexo con hombres y entre los adictos a drogas intravenosas.

Casi un tercio de los hombres que tienen sexo con hombres han reportado haber sido acosados de alguna manera, indican los estudios, haciéndoles más difícil acceder a las campañas de tratamiento. En Asia, Indonesia tiene la más alta proporción de adictos a las drogas infectados con el VIH, de 60 por ciento, seguida por Birmania, con 50 por ciento.

Otro grupo vulnerable es el de las mujeres, especialmente las que tienen relaciones íntimas con parejas con comportamientos de riesgo.

Las mujeres representan 35 por ciento de todas las nuevas infecciones entre los adultos en Asia.

* TerraViva es una publicación independiente de IPS

 

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