EUROPA Y ESTADOS UNIDOS: CAMINOS QUE SE BIFURCAN

Las elecciones europeas han infligido un duro golpe a la izquierda del Viejo Continente en virtud de un descontento generalizado y del pragmatismo de numerosos partidos socialistas. Quizá se las pueda interpretar, más que como una victoria de la derecha, como una derrota de la izquierda, que en gran parte de Europa podría haber constituido alternativas de gobiernos y ha fracasado, con las honrosas excepciones de Suecia, Dinamarca y Grecia.

Pero ha sido sobre todo un triunfo del abstensionismo, arrastrado por el desinterés y la desconfianza hacia el futuro. Y también ha sido una derrota para la Unión Europea en una coyuntura en la que más necesitaba de estímulo para avanzar, coordinadamente, en los planos político, social, económico y ambiental, en estrecha convergencia estratégica con los Estados Unidos de Barack Obama en un mundo cada vez más multilateral, inseguro y dividido.

Con una Unión Europea paralizada y en la cual la fuerza prevaleciente de gobierno es la derecha, es difícil imaginar que se puedan adoptar las reformas que exige el cuadro regional. La crisis se va a prolongar más tiempo de lo que se pensaba inicialmente y es de temer que asistiremos a muchos más sobresaltos y violencias.

Es cierto que en todas partes la izquierda, decepcionada, está comenzando a debatir sobre nuevos caminos a emprender y a desprenderse de las soluciones neoliberales que en tantos casos, lamentablemente, hizo suyas. En este sentido es significativo el ejemplo del descalabro del laborismo británico de la llamada Tercera Vía, no obstante que el actual Primer Ministro Gordon Brown es preferible, en los planos económico y estratégico, a su predecesor Tony Blair. Pero si los conservadores de David Cameron logran conquistar el próximo gobierno, como es probable, y convocan el referendo que su líder propicia sobre la continuidad o el fin de la permanencia en la Unión Europea, tal vez el Reino Unido se apartará de la UE. Aunque esta separación no sería necesariamente algo negativo en general, la situación para los británicos será en ese caso peor, quizás mucho peor.

En Alemania la moderación de la primera ministra Angela Merkel ha conformado una situación muy diferente. Se esperaba su victoria en las elecciones europeas y es posible que se repita en la próxima renovación parlamentaria. Por lo tanto, no es previsible que actual Gran Coalición -integrada por las dos mayores fuerzas, las democratacristianos y los socialdemócratas- continúe en la nueva legislatura. Tal vez tenga condiciones para imponerse una nueva coalición entre socialistas, verdes, liberales y el partido izquierdista Die Linke de Oskar Lafontaine.

En las cuatro naciones de Europa meridional -Francia, Italia, España y Portugal- el cuadro presenta marcadas diferenciaciones pese a que en todas ellas venció la derecha. En Francia, el Partido Socialista de Martine Aubry se ubicó en el segundo puesto, pero muy cerca del tercero- el de los verdes liderados por "Dany el Rojo", el héroe de Mayo de 1968, que pasó muy por encima del Movimiento Democrático de François Bayrou y del Frente de Izquierda. Daniel Cohn-Bendit se sintió reforzado hasta el punto de proponer, inmediatamente después de divulgarse los resultados, una convocatoria en pro de una coalición de izquierda para derrotar, en futuras elecciones, al partido del Presidente Nicolas Sarkozy, cuyas perspectivas no son excelentes. Lejos de ello, aunque no todos lo advierten, las fuerzas de izquierda están fermentando y aunque no es inmediato, poco a poco, la levadura traerá finalmente el crecimiento.

La situación de Italia es increíblemente peor. Después de una serie de escándalos del cavaliere Silvio Berlusconi, divulgados por todos los medios de difusión, los resultados electorales le otorgaron una victoria sorprendente e inexplicable. La patria de la literatura, de la música y de las artes parece haberse convertido al marketing y al business. Es triste que esto suceda en un país europeísta por excelencia como es Italia.

Por su lado, España y Portugal han mostrado una evolución convergente desde la desaparición de los dictadorers ibéricos y de la entrada de los dos países en lo que era entonces la Comisión Económica Europea, antecesora de la Unión Europea. La crisis económica global ha golpeado, hasta ahora, más duramente a España que a Portugal. El descontento en relación a los dos partidos de gobierno, de inspiración socialista -que se expresó principalmente en abstención elevada y en pérdida de
votos- tiene el mismo origen: el aumento del desempleo, las quiebras en cadena, la impunidad de ciertos banqueros, gestores y políticos, la falta de confianza en los gobernantes (porque son los que mandan) y el olvido de un pasado reciente.

No es alentador lo que estamos viendo en Europa, otrora centro del mundo. Es un contraste flagrante con los Estados Unidos del Presidente Obama, la única esperanza de Occidente en estos tiempos de cambios. (FIN COPYRIGHT IPS)

(*) Mário Soares, ex Presidente y ex Primer Ministro de Portugal.

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