ENERGÍA: Biodiésel alemán obligado a la eficiencia

Hasta hace meses, la producción de combustibles agrícolas era el mejor negocio energético imaginable en Alemania, gracias a una demanda creciente apoyada por el Estado. Ahora ya no.

Campos de colza en Baviera, Alemania Crédito: Photo Stock (http://www.photostock.com.mx)
Campos de colza en Baviera, Alemania Crédito: Photo Stock (http://www.photostock.com.mx)

Las exoneraciones fiscales eran generosas, y reinaba la creencia de que tales combustibles constituían una apreciable contribución a la lucha contra el cambio climático.

Estas perspectivas llevaron a agricultores y refinerías a aumentar su producción y su capacidad instalada, que pasó de 200 mil toneladas de biodiésel destilado de las semillas de colza (Brassica napus) en 2000, a 3,4 millones de toneladas en 2006.

Se quintuplicó la superficie cultivada con soja y colza desde 1992. Más de un millón de hectáreas están plantadas con colza en Alemania, 10 por ciento de la tierra dedicada a la agricultura. En algunas regiones, como el septentrional estado de Mecklemburgo-Pomerania Occidental, esa superficie representa 20 por ciento del área agrícola total.

Pero la base de esas perspectivas positivas comienza a desaparecer. Desde el 1 de enero de 2008, el fisco alemán percibirá unos nueve centavos de dólar por litro de biodiésel. Este impuesto aumentará a más de 65 centavos de dólar en 2012.
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La exoneración fiscal y las subvenciones a los biocombustibles representaron en 2006 casi 3.000 millones de dólares. Como los nuevos impuestos implican un aumento del precio, el biodiésel perderá competitividad frente al gasóleo fósil, lo que hace prever una caída de la demanda.

«Muchas compañías ya perciben las consecuencias negativas del fin de las exoneraciones. Por eso, agricultores y refinerías redujeron su producción», dijo para este artículo Frank Bruehning, portavoz de la asociación alemana de productores de combustibles agrícolas.

Además, la mayor demanda de oleaginosas para combustibles agrícolas generó una espiral inflacionaria de estos insumos. Y la competencia del aceite de colza importado, mucho más barato, ayudó a minar las perspectivas del negocio.

Es que otra medida estatal para promover el uso y producción nacional del biocombustible, la mezcla de por lo menos cinco por ciento de biodiésel con gasóleo, se convirtió en un estímulo para la importación, por el aumento de precios en el mercado alemán.

Esa mezcla debe aumentar a 10 por ciento hasta 2010, si bien los combustibles vegetales usados deberán producirse de manera sostenible y ambientalmente neutral.

Según cifras de la asociación federal de combustibles regenerativos Biogene, los distribuidores más importantes utilizan actualmente hasta 90 por ciento de biodiésel importado para mezclarlo con gasóleo.

Una consecuencia de estos reveses es la caída de las acciones de refinerías alemanas de combustibles agrícolas, como Verbio, BDI Biodiesel y Biopetrol. Negocios hasta hace poco prometedores se arriesgan a pérdidas millonarias.

Las quejas no se hicieron esperar. En una conferencia de prensa a principios de mes, el presidente de la Asociación Federal de Combustibles Orgánicos, Peter Schrum, acusó al Ministerio de Finanzas de querer «triturarlos».

Aunque hasta hoy el gobierno federal se opone a revertir los impuestos sobre los combustibles vegetales, el tema creó discordia en la coalición gobernante formada por la Democracia Cristiana y el Partido Social Demócrata.

A finales de noviembre, los ministros de Economía y Agricultura, los democristianos Michael Glos y Horst Seehofer, pidieron eliminar los nuevos impuestos, argumentando que constituyen un estímulo a la importación de biodiésel refinado de palma aceitera de países como Indonesia, cuya producción entraña la destrucción de selvas tropicales.

Pero el ministro de Finanzas, el socialdemócrata Peer Steinbrück, rechazó tales demandas, al igual que diputados democristianos, como Leo Dautzenberg, comisionado de finanzas de su partido.

«Mantener las exoneraciones fiscales a los combustibles vegetales no tiene sentido», dijo Dautzenberg, entrevistado para este artículo.

Por si esto fuera poco, la ventaja ambiental de los combustibles vegetales respecto de los derivados del petróleo es cuestionada por científicos y activistas.

Un estudio del Instituto Ambiental de Hamburgo presentado el 26 de noviembre concluye que la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero por el uso de biocombustibles es marginal.

«La mezcla de 5,75 por ciento de combustibles vegetales con combustibles fósiles representa una reducción máxima de 3,5 por ciento de dióxido de carbono, sin considerar las consecuencias ambientales de la deforestación», debido a la extensión de las superficies cultivadas con colza y soja, dice el reporte.

El estudio también estima que los biocombustibles generan costos no contabilizados —externalidades ambientales negativas— de entre 320 y 370 dólares por cada tonelada de dióxido de carbono no emitida, además de que liberan óxido nitroso —otro gas invernadero— por el uso de abonos a base de nitratos.

Organizaciones ecologistas como Greenpeace llevan tiempo advirtiendo del «engaño ambiental» que, a su juicio, representan los biocombustibles.

Según Michael Hopf, portavoz de Greenpeace, el biodiésel «produce tantas partículas finas cancerígenas como los combustibles fósiles».

Además, dijo Hopf a este cronista, el cultivo de vegetales para combustibles supone renunciar a plantar alimentos.

«Una hectárea rinde unas 3,5 toneladas de colza anuales, que representan unas 1,07 toneladas de biodiésel, o unos 1.150 litros. Pero este rendimiento se da una vez cada cuatro años, lo que lo reduce a un promedio de 288 litros por año», explicó.

Si en Alemania se utilizara la mitad de la superficie agrícola disponible para sembrar esta oleaginosa, la producción total sería de 1.500 millones de litros de biodiésel, menos de cinco por ciento del consumo total anual de gasóleo en Alemania.

En la misma superficie es posible producir 6,8 toneladas de trigo, o 41 toneladas de papas. «Alemania tiene que escoger entre producir alimentos o aceite vegetal para quemarlo en automóviles», concluyó Hopf.

* Este artículo es parte de una serie sobre desarrollo sustentable producida en conjunto por IPS (Inter Press Service) e IFEJ (siglas en inglés de Federación Internacional de Periodistas Ambientales). Publicado originalmente el 22 de diciembre por la red latinoamericana de diarios de Tierramérica.

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