ENERGÍA-UE: Subsidios a biocombustibles criticados por dentro

La política de la Unión Europea (UE) de favorecer el uso de combustibles de origen vegetal puede no ser la forma más efectiva para hacer frente al cambio climático, concluyó una nueva investigación.

Los subsidios aplicados por el bloque europeo de 27 países a la producción y compra de biocombustibles alcanzaron en 2006 a unos 3.700 millones de euros (5.200 millones de dólares).

Se espera que esa contribución se eleve en los próximos años debido a la estrategia que dispuso la UE para aumentar la proporción de biocombustible usado por el transporte, de dos por ciento actual a 10 por ciento en 2010.

Pero el Instituto Internacional de Desarrollo Sustentable (IISD, por sus siglas en inglés), con sede en Ginebra, cuestionó la conveniencia de asignar grandes cantidades de los fondos públicos a la financiación de este tipo de combustible.

La investigación publicada el miércoles calcula que el costo de usar etanol, elaborado a partir de remolacha azucarera, para evitar emitir una tonelada de dióxido de carbono oscila entre poco menos de 600 euros a 800 (de 760 a 1.000 dólares).
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El dióxido de carbono, junto al metano y al óxido nitroso, son los llamados gases invernadero, a los que la mayoría de los científicos atribuyen el recalentamiento de la Tierra.

Por esa suma se pueden "compensar" 160 toneladas de dióxido de carbono mediante la compra de "créditos" en el mercado climático de Chicago, que luego se vuelcan a plantar árboles que absorben gases invernadero en vez de liberarlo a la atmósfera y a fomentar fuentes de energía limpia.

La producción de biocombustibles es, por lo general, un negocio de energía intensiva, es decir que necesita cantidades considerables de combustible fósil.

Por ello, el estudio señala que el ahorro de energía contaminante que suponen los combustibles de origen vegetal puede ser bajo. En cambio, la introducción de impuestos al carbono o a la contaminación puede resultar ser una forma más efectiva contra el recalentamiento planetario.

Por lo general, los biocombustibles elaborados de cultivos muy azucarados o de aceite de cocina reciclado pueden contribuir a un mayor ahorro de combustible fósil que los producidos a partir de semillas oleaginosas o granos.

Más de 90 por ciento de las seis millones de toneladas de combustible vegetal elaboradas por la UE en 2006 se produjeron a partir de aceite de colza.

Por ello, Ron Steeblik de la Iniciativa de Subsidios Globales, del ISSD, urgió a la UE a eliminar los aranceles al etanol importado, elaborado a partir del azúcar.

El etanol, que contiene 80 por ciento de alcohol, está sujeto a un tributo de importación de 19,20 euros (27 dólares) por cada 100 litros. El alcohol "desnaturalizado", cuya proporción es menor, está gravado a poco más de esa cifra.

Además, esos gravámenes perjudican a las naciones del mundo en desarrollo como Brasil, arguyó Steeblik.

"Eso va contra la política general de la UE de tratar de reducir los aranceles", sostuvo, "supera bastante a los gravámenes sobre la producción industrial, además de ser un instrumento anticuado para proteger la agricultura".

"El arancel al etanol importado de Brasil, uno de los productores más eficientes de biocombustibles, reduce las ventas de las naciones en desarrollo. La política de la UE es incoherente. Si son tan buenos, ¿por qué les impone gravámenes tan duros?", arguyó.

Se espera que la Comisión Europea, brazo ejecutivo de la UE, proponga una nueva ley a fines de este año que baje el criterio y así respaldar a los biocombustibles.

En ese sentido, varios funcionarios analizan la forma de evitar que el bloque sustente biocombustibles cuya producción cause más emisiones de gases invernadero que las que se supone se ahorraría con su uso.

Por ejemplo, la producción de biocombustibles de pantano o turba, ubicados sobre reservas de carbono, conlleva elevadas emisiones de gases invernadero.

Por su parte, Emilie Pons, investigadora de la parisina universidad de Sciences Po, señaló que los biocombustibles plantean cuestiones éticas.

"Las condiciones de trabajo en las plantaciones de caña de azúcar en Brasil y de palmeras en Malasia se acercan a la esclavitud", recordó Pons.

"El aspecto ambiental de las cosas no es todo ahorro, debido a la contaminación del suelo y del agua que supone la producción de biocombustibles y la deforestación crítica que padece Indonesia y Brasil", explicó.

La nueva ley de la UE debe aplicar los mismos estándares a los biocombustibles importados que a la producción local, remarcó Pons.

"Si Europa realmente desea hacer frente al problema de la contaminación y al desafío energético, es importante que dé el ejemplo y que se imponga para sí las mismas medidas éticas que exige a los demás", señaló.

En cambio, la sueca Lena Ek, diputada liberal en el Parlamento Europeo, señaló que "los biocombustibles forman parte de la solución" al recalentamiento planetario. Por ello se preguntó si es "realmente algo malo" subsidiarlos.

El etanol le trajo un beneficio económico a Brasil, recordó.

"Brasil se retiró de la economía fósil. El año pasado pudo pagar la deuda que tenía con el Banco Mundial".

"Necesitamos subsidios si queremos una nueva fuente de energía en el mercado. Pero la cuestión es cómo quedamos inmersos en un plan de producción realmente viable. La pregunta lógica es cómo garantizar que el resultado final sea la eliminación del dióxido de carbono", sostuvo el eurodiputado conservador sueco Anders Wijkman.

Hay un "gran malentendido", según un funcionario de la Comisión Europea, acerca de los factores que influyen en la política de biocombustibles de la UE. Una idea muy difundida es que su objetivo principal es respaldar la fuente de ingresos de los agricultores. "No tiene nada que ver con eso", subrayó.

El verdadero objetivo de la UE es disponer de una política capaz de hacer frente a una demanda creciente de combustible vegetal, señaló.

Pero los altos subsidios a los biocombustibles "pueden llegar a crear gran inestabilidad en otros mercados, incluido el agrícola", alegó Ron Steeblik, del ISSD.

La UE debe cuidarse de imitar el sistema de apoyo a los biocombustibles que practica Estados Unidos, advirtió David Runnalls, también del ISSD.

Es preferible respaldar la investigación vinculada al combustible vegetal, como hace Canadá, que supeditar el apoyo a la producción, el método preferido por Washington.

En algunas partes de Estados Unidos se subsidian 2,40 dólares de los tres que cuesta el galón (3,78 litros) de combustible vegetal.

"Hay un posible efecto de distorsión derivado de la mala aplicación de los biocombustibles en el mal momento y el mal lugar. No nos oponemos a los subsidios, sino a que los gobiernos gasten fondos porque no están bien asesorados", indicó Runnalls. (FIN/IPS/traen-vf/dm/dv/eu dv en if su nr/07)

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