EDUCACIÓN-INDIA: Aprender de los hijos

«Me gustaría ser maestra para ayudar a educar a nuestro pueblo», dijo Neeta Kantha, una estudiante de 14 años de la escuela secundaria de Gram Vikas, en la localidad de Konkia, en el oriental estado indio de Orissa. «A mí también», intervino su compañera de clase Vijayalakshmi.

Ellas son dos de las 144 niñas y 273 niños de la comunidad adivasi que se educan y también viven en esa escuela administrada por la organización no gubernamental Gram Vikas. Los adivasi constituyen más de un cuarto de los 36,7 millones de habitantes de Orissa.

"La población de esta zona siente que al gobierno no le importa darle una educación. Aquí la gente fue muy explotada por comerciantes y prestamistas de otras partes de India. Así que decidimos educarla", dijo a IPS Gitanjali Prusty, directora de ese centro de estudios.

Con un presupuesto anual de unos 3,8 millones de dólares, Gram Vikas trabaja en 12 distritos de Orissa, abarcando no sólo educación, sino también servicios de agua y saneamiento, y administrando otros programas de desarrollo para comunidades adivasi.

El programa educativo comenzó en 1978 con un plan para adultos que se llevó a cabo en las comunidades indígenas de la aldea. Pero pronto se descubrió que era mucho mejor educar a la siguiente generación de adivasis y empezó un programa de educación no formal para niños.
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Hoy, esto es parte de lo que se llama Programa Integrado de Desarrollo Tribal (ITDP, por sus siglas en inglés).

"En este programa inculcamos el valor de la educación en las mentes de los padres. Ofrecemos educación lado a lado con programas de subsistencia", explicó Urmila Senapati, gerenta del ITDP.

Gram Vikas dirige una red de unas 125 escuelas de aldeas, unos 110 centros preescolares y tres escuelas de pupilos que abarcan a 170 aldeas.

La escuela de Konkia —la primera secundaria—, a unos 20 kilómetros de la ciudad de Berampur, también en Orissa, fue inaugurada en 1999, y en los últimos tres años alrededor de 70 de sus estudiantes pasaron a la educación terciaria.

La mayoría de los adivasis se encuentran entre el gran ejército de pobladores rurales analfabetos de India. Según Senapati, inicialmente no fue fácil conseguir que los padres enviaran a sus hijos a la escuela, dado que los niños los ayudaban a trabajar en los campos. De ahí que les llevara algún tiempo comenzar los programas educativos en las aldeas.

"Aplicamos divertidos métodos de aprendizaje, como jugar y cantar, y entonces los padres se interesaron en hacer que los niños continuaran sus estudios. Cuando los padres tomaron la iniciativa fue más fácil motivar a los niños y traerlos a nuestras escuelas residenciales", recordó.

La escuela-internado de Konkia se estableció como un centro de educación primaria en 1982, pero no despegó realmente hasta 1992. Incluso entonces, no se inscribió ninguna niña. Desde primaria hasta secundaria, el plan de estudios que siguen es establecido por el gobierno, para que sus graduados puedan calificar para universidades estatales.

Pero Gram Vikas también hace mucho énfasis en inculcar el orgullo en la cultura adivasi. En el estado de Orissa hay 62 grupos tribales.

"En el programa de historia nacional no hay nada sobre la historia de los indígenas. Así que el centro de recursos de la aldea de Gram Vikas prepara perfiles sobre diferentes comunidades. Nosotros usamos estos vídeos en las aulas para enseñar historia y cultura tribales a los estudiantes", señaló Manguli Charan Samal, maestro de historia, inglés y geografía en esta escuela.

La mayoría de los estudiantes aborígenes son creativos y les gusta cantar, bailar y pintar, dijo, lo que coincide con una parte importante de los métodos educativos utilizados en este centro de enseñanza.

Los maestros en las escuelas de Gram Vikas reciben una capacitación especial para usar estos métodos "divertidos" para enseñar a niños indígenas.

"Nuestros estudiantes van y realizan sus danzas y cantos tribales en los niveles de distrito y estado, y han ganado muchos premios. Están orgullosos de interpretar su cultura tradicional para otros", agregó Ajaya Kumar Dash, maestra de ciencias en la escuela secundaria de Gram Vikas.

Solamente 21 de los 417 alumnos de aquí permanecen en la escuela sólo durante el día, ya que proceden de las aldeas vecinas. La mayoría de los otros vienen de comunidades tribales en las colinas, a unos 200 kilómetros de distancia. Visitan sus hogares apenas dos veces al año.

"Quienes vienen de áreas remotas reciben un entrenamiento especial, para ayudarlos a volver y motivar a sus padres y aldeanos a generar conciencia sobre los estándares ambientales y sanitarios, para elevar a la comunidad", explicó Samal.

El éxito de los programas de saneamiento total de Gram Vikas en las aldeas adivasis, por el que obtuvo el Gran Premio Mundial del Agua de Kyoto en el Cuarto Foro Mundial del Agua (marzo de 2006), se atribuye en gran medida a que los niños vuelven a sus casas y educan a sus padres en cosas tales como la necesidad de abandonar la defecación a cielo abierto.

"Los niños jugaron un rol excepcional" en esta campaña, aseguró Senapati.

"De una u otra manera volvieron y persuadieron a sus padres sobre la necesidad de usar retretes y mantenerlos limpios. Si no, los niños limpian las letrinas y hacen sentir mal a sus progenitores", explicó.

"Luego de estudiar en la escuela, las mentes de los niños cambian lentamente y están motivados. Nos llevó 14 años lograr buenos resultados", dijo Prusty, la directora.

"Hasta ahora, el gobierno estadual contrató a 78 de nuestros graduados de secundaria como maestros en escuelas de aldeas. Así que ellos regresan para ayudar a sus comunidades. Ahora los padres de Berampur y otras ciudades quieren enviar a sus hijos aquí, pero nos negamos. Esto es solamente para estudiantes de aldeas en las que trabaja Gram Vikas", destacó.

"El sistema de escuelas del gobierno en las aldeas colapsó porque los maestros se ausentaban del trabajo la mayor parte del tiempo. Ahora, nuestros graduados están volviendo y ayudando a dirigir estas escuelas", señaló Prusty, explicando cómo hizo Gram Vikas para llenar un vacío.

Según ella, los padres tienen que pagar una cuota nominal para que sus hijos se eduquen en la escuela a cuyo frente está, para que tengan un sentido de propiedad sobre el programa. Habitualmente la tarifa anual para medicinas es de unos 2,5 dólares, a lo que se suman otros 22,8 dólares por año como cuota de escolaridad para alumnos de enseñanza secundaria.

Algunos estudiantes de familias muy pobres y muchas de las niñas reciben una educación gratuita. "Previamente, los padres eran reticentes a pagar. Pero ahora que ven el valor de la educación, demandan eso y nos dan dinero", dijo Prusty.

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