MUJERES-PAKISTÁN: Con velo, pero más visibles

Más de cuatro meses después del terremoto que el 8 de octubre mató a unas 80.000 personas en Pakistán septentrional, las voces de las mujeres se oyen más que nunca, aunque sus aspiraciones y temores siguen sin ser atendidos.

El terremoto de 7,8 grados en la escala de Richter también dejó a 2,5 millones de personas sin hogar, y hasta ahora la asistencia resultó insuficiente pese al enorme esfuerzo del gobierno y de las agencias humanitarias internacionales.

La zona más afectada fue la cercana a la frontera con Afganistán, donde la religión y las costumbres demandan a las mujeres permanecer detrás del "purdah" (velo) y deajar que los hombres tomen todas las decisiones.

Quizás por eso, el frío no amilanó a unas 600 mujeres que una tarde de fines de enero se reunieron en una enorme tienda de campaña para expresar sus sentimientos sobre el nulo avance de las tareas de rehabilitación tras la catástrofe.

Algunas apenas dejaban ver sus ojos a través de los velos en esa "asamblea popular" organizada por la Fundación Omar Asghar Khan para el Desarrollo, una organización no gubernamental (ONG) que trabaja con las comunidades rurales del distrito de Mansehra, en la Provincia de la Frontera Noroccidental.
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Algunas clamaban por refugio y raciones alimentarias, mientras otras destacaban la necesidad de médicos y ginecólogos, así como de escuelas para niñas en sus aldeas. También hubo muchas a las que no les gustó el diseño dado a las nuevas viviendas y así lo expresaron. Pero todas demandaron ser consultadas.

Su ánimo expresaba el aprieto en el que se encontraban. Ni el clima hostil logró aguar su entusiasmo. "Quién hubiera pensado que estas mujeres rurales, normalmente percibidas como sumisas, serían tan batalladoras", dijo Rashida Dahod, consejera de programa en la fundación, que desde el terremoto trabajó en estas zonas.

"La idea es expandir el espacio político de los marginados, para que sean capaces de comprometerse efectivamente con el Estado", explicó Dohad. Dado el éxito de esa primera asamblea, la fundación celebró otras con similares resultados.

"Queríamos brindar a las mujeres una plataforma para compartir sus puntos de vista, esperanzas y miedos sobre la reconstrucción de sus hogares, de las instalaciones sanitarias y educativas, y para lograr cierta seguridad en sus medios de vida", señaló Dohad.

En el periodo inmediatamente posterior al terremoto, la fundación tomó algunas medidas de mitigación del desastre. Sus voluntarios organizaron a los aldeanos en grupos y comenzaron a instalar "serais" (refugios temporales), dejando un paquete completo de material de asistencia, incluyendo alimentos y otros productos esenciales, en las puertas de las personas afectadas.

Esto significó el no desplazamiento, una mayor seguridad para las mujeres, capacidad para continuar con la actividad agrícola, un mejor acceso al agua y a las instalaciones sanitarias, posibilidad de custodiar las posesiones del hogar, la cosecha, ocuparse de los animales y comenzar la reconstrucción y la planificación. Estos factores y la participación de la rehabilitación de la aldea, así como una mayor solidaridad y cohesión comunitarias, generaron una demanda mucho mayor de "serais".

Para fines de noviembre de 2005, la fundación había instalado "serais" en 36 aldeas de tres distritos, cubriendo más de 6.100 hogares (casi 50.000 personas).

Las mujeres pueden ser las más pobres en Pakistán, pero durante estas reuniones mostraron que ya no estaban dispuestas a seguir sin voz. "Esta es nuestra chance de manifestarnos. Podemos vivir en aldeas, pero nosotras también somos pakistaníes", dijo Zarina, una mujer de unos 30 años.

Durante años, a medida que los hombres migraban a centros urbanos para encontrar trabajo, las mujeres se transformaron, calladamente, en jefas del hogar. "Cargaron sobre sus hombros la responsabilidad de administrar las familias, incluso antes del terremoto. La fuente principal de ingreso local son los animales, que tradicionalmente han manejado las mujeres", explicó Dohad.

Cuando los hombres retornen a sus respectivos lugares de trabajo en los centros urbanos, la responsabilidad de la reconstrucción también quedará en manos de las mujeres.

Una primera preocupación fue acceder a la ayuda de las 175.000 rupias pakistaníes (3.000 dólares) otorgada a cada hogar destruido o dañado. "Hemos oído sobre el paquete del gobierno para la reconstrucción de viviendas, pero no estamos seguros de si lo obtendremos", dijo Hukumdad, una mujer de unos 40 años, procedente de una aldea llamada Sirla.

Muchas expresaron descontento por la compensación, dado que los costos se han disparado. "El dinero no es suficiente para reconstruir nuestras casas", dijo Madiha, de la aldea de Buruj.

Pero el informe de la fundación declara otra cosa: "Algunos hogares genuinamente afectados confirmaron haber recibido esta suma, aunque sea inadecuada. Muchos hogares que no lo merecían también se beneficiaron del subsidio. Los casos de los que se tiene conocimiento indican que la distribución de la compensación por muerte, de 100.000 rupias (1.600 dólares) es ineficaz y está plagada de corrupción".

Otras cuestionaron el mecanismo de dirigir esa suma a los hombres jefes de familia. "Nosotras tenemos el mismo derecho", musitaron muchas mujeres que juntaron suficiente coraje.

"El terremoto dejó profundas grietas en nuestra tierra. No es adecuada para la reconstrucción. ¿A dónde iremos?", fue el ansioso comentario de una participante. "Somos arrendatarios. ¿Qué nos pasará?", se preocupó otra. Las mujeres sugirieron que el gobierno debería asignar terrenos a las familias afectadas.

"El paquete del gobierno es ciego en materia de género. Su mención de las mujeres alude a las viudas, que son puestas en la misma categoría que los huérfanos y los discapacitados. Pero no todas las mujeres son viudas", dijo Dohad.

La fundación sugirió a la Autoridad de Rehabilitación y Reconstrucción de Terremotos que desembolsara la suma para la reconstrucción de viviendas en una cuenta bancaria común del jefe y la jefa del hogar.

Iniciativas políticas como esta pueden ser una enorme diferencia en el estatus familiar de las mujeres, y asegurar que el declarado objetivo del gobierno de "reconstruir mejor" sea cumplido.

Mientras hubo unanimidad general en cuanto a seguir los códigos de construcción para que las viviendas sean más seguras, bastantes participantes lamentaron que los diseños de los modelos prefabricados ni cumplieran con las tradiciones ni respetaran su privacidad.

"Necesitamos un diseño que respete nuestra privacidad y nuestro purdah", fue el reclamo común.

Muchas jóvenes que asisten a las asambleas populares hablan apasionadamente sobre su derecho a la educación. "¿Son las muchachas menos importantes que los muchachos? Si somos iguales, ¿por qué no se le da la importancia debida a nuestra educación?", preguntó Aasiya, de la aldea Sihali.

"Nuestras peticiones de reconstruir el ruinoso edificio de la escuela simplemente fueron ignoradas. ¿Quién se responsabilizará por las muertes de estudiantes si se derrumba?", preguntó Rabya, estudiante de la Escuela para Niñas Garhi Habibullah, donde más de 200 muchachas fueron enterradas vivas por el sismo. La propia Rabya quedó atrapada bajo los escombros durante más de dos horas antes de ser rescatada.

Dohad ve aquí "una oportunidad real para cambiar las relaciones tradicionales de poder que pueden traer un cambio duradero".

"La reconstrucción no sólo debe reedificar, sino también mejorar significativamente las condiciones de las áreas rurales devastadas, reduciendo la vulnerabilidad de los pobres allí", dijo Ali Asghar Khan, presidente de la fundación.

También urgió al gobierno y a otras entidades socias a escuchar las voces de los afectados, particularmente de las mujeres y los pobres.

"Es más fácil decirlo que hacerlo", dijo una escéptica Dorothy Blane, directora para este país de Concern, una ONG irlandesa involucrada en las tareas de rehabilitación en la Provincia de la Frontera Noroccidental que apuesta a la movilización comunitaria para alentar la formación de organizaciones masculinas y femeninas.

"Incluso si las organizaciones se forman, todavía (falta) un gran salto para que las mujeres se sientan libres de alzar la voz, y otro mayor para que sean oídas", dijo Blane.

"Si considero cuán poco cambió aun en circunstancias nefastas, como mujeres heridas negándose a aceptar tratamiento de médicos hombres incluso con permiso de sus esposos, no estoy del todo convencida de que todas vean (la reconstrucción) como una oportunidad de generar un cambio positivo. Pero nosotros, como ONG, debemos apoyar a aquellas que sí lo están", agregó Blane.

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