DESARROLLO: Microcréditos en declive

Los mejores años del microcrédito podrían llegar a su fin pese a los esfuerzos de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) para revivirlo como herramienta de combate a la pobreza, advirtieron expertos.

La ONU declaró a 2005 el Año Internacional del Microcrédito, pero los donantes y las instituciones de crédito no parecen responder como se esperaba, señaló Kate Bird, del Overseas Development Institute (ODI, Instituto para el Desarrollo de Ultramar), un grupo independiente con sede en Londres.

Bird opinó que el impulso ofrecido por el foro mundial equivale a respiración artificial para el microcrédito. "El mundo en desarrollo está lleno de modas, y esta herramienta en particular está pasando de moda", dijo a IPS.

Quizá la microfinanciación cayó en el descrédito "porque se esperaba demasiado de él", señaló.

La proclamación de 2005 como el Año Internacional del Microcrédito fue realizada en 1998 por la Asamblea General de la ONU, con el objetivo de impulsar los programas de microcrédito en todo el mundo.
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La Asamblea pidió a todos los que trabajan en programas de erradicación de la pobreza que tomaran medidas adicionales para proporcionar créditos y servicios conexos, destinados a fomentar el trabajo por cuenta propia y las actividades de generación de ingresos, a un número cada vez mayor de personas que viven en la pobreza.

Asimismo, invitó a los gobiernos, a las organizaciones no gubernamentales (ONG), al sector privado y a los medios de difusión a que pusieran de relieve el papel que desempeña el microcrédito en la erradicación de la pobreza, su aporte al desarrollo social y el efecto positivo que tiene en la vida de las personas pobres.

La ONU también cree que este tipo de servicios financieros ayudaría a alcanzar los Objetivos de Desarrollo del Milenio fijados por los países miembros en septiembre de 2000.

Entre las metas establecidas figuran reducir a la mitad, respecto de 1990, la población de personas en la pobreza extrema, hambrientas y sin acceso a agua potable ni medios para costearla.

Otros objetivos son garantizar la educación universal de niños y niñas, y promover la equidad de género, reducir la mortalidad infantil, y combatir el VIH/sida, la malaria y otras enfermedades.

Analistas financieros y funcionarios de la ONU afirman que la microfinanciación, al canalizar crédito y capital hacia la población económicamente más débil y empobrecida, ayuda a alcanzar esas metas, en especial la de reducir la población pobre.

Alrededor de 2000 hubo un pico de microcréditos, destacó Bird, ex profesora de la Facultad de Políticas Públicas de la Universidad de Birmingham.

"A fines de los años 90, todos los donantes parecían muy entusiasmados con los proyectos de microcréditos. Pero esperaban demasiado de ellos y los asociaron muy estrechamente con la reducción de la pobreza", dijo.

Sin embargo, parecían desconocer que "los individuos más pobres no se benefician de los microcréditos", porque se precisa un mínimo de activos para poder aprovecharlos, explicó la experta.

"Las personas muy pobres presentan un riesgo mayor, y además, si no pueden reembolsar el préstamo, quedan en peores condiciones que antes", porque sus comunidades los humillan y marginan, señaló.

Por estos motivos, los más pobres se autoexcluyen de los sistemas de microcréditos o tienen malas experiencias con ellos, y no vuelven a intentarlo. "Los donantes descubrieron que el microcrédito ayuda a los menos pobres entre los pobres", observó Bird.

En cuanto a la administración de los microcréditos, opinó que las organizaciones no gubernamentales son el mejor instrumento. "El sector privado no está interesado, en especial en las áreas rurales, por lo tanto las ONG son el vehículo más apropiado", opinó la experta.

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