SALUD: Remedio para enfermedades olvidadas

Cuando dos veteranos estadounidenses de la última guerra de Afganistán se sometieron a examen de médula espinal por presentar síntomas de leishmaniasis, el resultado fue negativo.

Dos meses después, mediante análisis con microscopio electrónico, se detectó al parásito del mal, conocido en Asia central y meridional como kala-azar (fiebre negra). Al fin se sabía qué le causaba fiebre y pérdida de peso a esos miembros de las Fuerzas Especiales.

El estado de salud de uno de los uniformados se estabilizó tras una semana de tratamiento con medicamentos. La misma terapia falló en el otro caso: el soldado debió se rehospitalizado y sometido a un tratamiento con otra sustancia durante 28 días.

Para la mayoría del medio millón de personas de Asia y Africa oriental que contraen cada año kala-azar, enfermedad parasitaria transmitida por la mosca jején, el tratamiento no es tan intensivo.

La muerte suele ocurrir luego de dos años de la infección, durante los cuales el paciente sufre vómitos, diarrea, fiebre, tos, fatiga, debilidad, pérdida de apetito y depresión del sistema inmunológico.

”Hoy, si el médico no tiene limitaciones (presupuestarias), probablemente pueda manejar un caso” de leishmaniasis, dijo Bernard Pécoul, de la no gubernamental Iniciativa sobre Medicamentos para Enfermedades Olvidadas (DNDI, por sus siglas en inglés).

El medicamento empleado inicialmente para tratar a los soldados estadounidenses, la amfotericina, es ”muy activo, aunque extremadamente caro y difícil de usar”. ”En un hospital de Washington o de Ginebra, pueden aplicarse tratamientos muy avanzados”, agregó.

”Pero desafortunadamente para los pueblos afectados en el norte de India o en el este de Africa, se necesita algo mucho más adaptable a las condiciones predominantes, y a un precio razonable”, sostuvo Pécoul.

Por eso, DNDI planifica desarrollar terapias para enfermedades como kala-azar, ignoradas durante décadas por quienes diseñan los programas de investigación y tratamiento.

La iniciativa DNDI fue lanzada por Médicos Sin Fronteras (MSF) en 2003, pero creció hasta convertirse en una institución independiente concentrada en cuestiones científicas que quedan fuera del área de actividad propia de aquella organización humanitaria con sede en París.

El programa nació a raíz de observaciones de los miembros de MSF en las zonas afectadas, en especial médicos de países en desarrollo que combatían enfermedades con medicamentos obsoletos y a menudo peligrosos, dijo Pécoul entrevistado desde Ginebra.

Dada la falta de beneficios comerciales evidentes, las compañías farmacéuticas no están dispuestas a gastar millones de dólares para desarrollar medicamentos contra enfermedades que atacan a la población de los países pobres.

”La razón obvia es el fracaso del mercado. Pero creo que necesitamos añadir otra: el fracaso del sistema de salud pública. Cuando el mercado no funciona, lo clásico es que el gobierno actúe. Pero nadie compensa esas fallas en los países pobres”, dijo Pécoul.

”Desde fines del periodo colonial, la investigación de las enfermedades tropicales se ha abandonado totalmente”, agregó. Esas dolencias son propias de los países del Sur en desarrollo.

Por ejemplo, la enfermedad del sueño o tripanosomiasis africana, transmitida por la mosca tse-tsé, se trata desde fines del siglo XIX con un medicamento derivado del arsénico, aunque los médicos saben que la terapia matará a uno de cada 20 pacientes, recordó Pécoul.

”Es muy difícil aceptar que se usen medicamentos con tal nivel de toxicidad”, afirmó.

La tripanosomiasis americana o enfermedad de Chagas, transmitida por un insecto llamado vinchuca, mata a 50.000 personas al año. Es la tercera dolencia que atiende DNDI.

Las tres enfermedades afectan a unos 350 millones de personas cada año..

La organización no gubernamental Population Reference Bureau, con sede en Washington, reveló en febrero que apenas 13 de los 1.233 medicamentos que alcanzaron el mercado mundial entre 1995 y 1997 servían para el tratamiento de enfermedades tropicales infecciosas.

DNDI afronta el desafío que se impuso con un enfoque doble: llama a propuestas de investigadores para el desarrollo de nuevos tratamientos y busca socios que ya trabajan en esas áreas.

La primera tarea atrajo cientos de propuestas de investigadores, y la organización trabaja en nueve proyectos. Dos de ellos deberían culminar con nuevos tratamientos en un plazo de un decenio, mientras los restantes darán resultados en un par de años.

DNDI confía en que el año próximo dará a conocer dos nuevas terapias para la malaria, en las que se aplicará una combinación de medicamentos ya existentes. Ese proyecto fue iniciado por MSF en 2002.

”Será realmente un tratamiento muy eficaz, muy simple y a un precio razonable”, dijo Pécoul.

Es muy posible que luego se concluya el desarrollo de un medicamento para la leishmaniasis. ”La situación es, definitivamente, mucho más difícil en el caso de la enfermedad del sueño, pues es un campo mucho más abandonado”, se lamentó.

DNDI enfatiza en el rol del Estado en la salud pública. ”Al cabo del día, consideramos que hay una responsabilidad gubernamental en la investigación y desarrollo en beneficio de los más postergados, por lo que resulta importante involucrar a instituciones públicas en el proyecto”, sostuvo Pécoul.

”Muchos socios proceden del sector público: el gobierno de India, el de Brasil, el de países africanos. Por lo tanto, es, realmente, un objetivo político”, sostuvo.

En cuanto a los fabricantes de medicamentos, jugarán un papel menor en la iniciativa, sostuvo Pécoul. ”Por su potencial y experiencia, tendrán un rol, pero no de liderazgo porque no confiamos en que este tipo de enfermedades figuren entre sus prioridades”, sostuvo.

Las compañías privadas poseen archivos de sustancias que serían útiles en las investigaciones de DNDI.

”Tratamos de convencerlas de que nos den acceso a ellos. No pedimos dinero, sino acceso a algunas moléculas que las empresas no usan para nada. Se limitan a proteger sus intereses potenciales”, explicó Pécoul.

* Esta versión corrige errores ortográficos en el primero y segundo párrafo.

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