GENERO: Doble invisibilidad femenina en el Sur

Las mujeres son invisibles para la economía en el Norte y esa situación se potencia en el Sur por ser las mayores víctimas de la pobreza, coincidieron asistentes a la presentación en la capital española del libro de la experta María Novo.

”En el mundo hay 1.000 millones de mujeres cuyos ingresos no superan un dólar diario”, observó Novo, la educadora ambiental, pintora y poeta autora del libro ”Ellas, las invisibles”.

Las mujeres son invisibles para la sociedad en todo el mundo, pero en el Sur son doblemente invisibles, por ser mujeres y por ser pobres, precisó.

Novo, profesora de la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED), contó que en 1984, cuando se doctoró en Educación Ambiental, aprendió que la naturaleza es invisible para la economía.

”Se talan millones de hectáreas de bosques o se contaminan las aguas y eso no se contabiliza como una pérdida económica, que lo es además de serlo ambientalmente”.

Posteriormente, dijo, su experiencia y su trabajo la llevaron a la conclusión de que mujer y naturaleza tienen un mismo tratamiento en la sociedad y que ambas son invisibles.

Así, tras recorrer países como El Salvador, Cuba, Brasil, Argentina, India, Nigeria, Marruecos y otros del Norte y del Sur, descubrió que las mujeres del mundo en desarrollo tienen una doble invisibilidad, tanto por su género como por la pobreza que afecta a la mayoría de ellas.

Otra académica, Angeles de la Concha, quien acompañó a la autora en su presentación del libro, también se refirió a la invisibilidad de las mujeres, destacando la difícil situación de las inmigrantes en España.

Las mujeres extranjeras ”trabajan como asistentas (servicio doméstico), vienen a cuidar a nuestros hijos y a nuestros mayores, dejando muchas veces a los suyos en su país de origen y su realidad es invisible para nosotros”, comentó.

Esas afirmaciones llevaron al debate, en el que participaron, entre otros, Tomás Lozano, vicepresidente del iberoamericano Fondo para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas, y el ecólogo y profesor Joaquín Araujo.

Lozano, quien fue embajador en varios países de América, apuntó que los indígenas, mestizos y criollos son también los grandes ignorados, ”invisibles”, en regiones como América Latina y el Caribe.

Ello ocurre pese a que las culturas indígenas nutren en gran parte a la teoría ecológica, pues ”nos enseñan cosas que ignoramos y que son el resultado de siglos de contacto y convivencia con la naturaleza, a la que siempre consideraron como algo femenino”, apuntó Araujo.

Poniendo énfasis en su explicación, Araujo citó una frase del libro ”El Principito”, del francés Antoine de Saint Exúpery, que dice que ”lo esencial es invisible”. Subrayó que sin lugar a dudas la naturaleza y las mujeres son esenciales.

Novo acotó que en los últimos años se ha avanzado mucho en el reconocimiento de los derechos de las mujeres y que éstas han conquistado amplios espacios en el Norte industrializado, ”pero siguiendo un modelo patriarcal, a costa de parecerse al otro sexo”.

Un modelo masculino del trabajo, del comercio y del empleo del tiempo. Lo que ahora se requiere, apuntó, ”es feminizar ese espacio que se ha conquistado” porque el éxito aún ”se define desde valores masculinos” y ampliarlo más, hasta lograr la equiparación.

Pero las mujeres, insistió Novo, ”queremos ganar un espacio y un tiempo que haga posible el trabajo y la sonrisa, la atención a los hijos, sin que ello cuestione la otra dedicación, la del empleo remunerado y libre”.

Porque ”necesitamos un lugar para hacer, pero no para pasarse la vida haciendo”, sentenció.

Considera la autora que ”hay una forma de invisibilidad que proviene, no del hecho de estar solas, sino de la conciencia de sabernos desconocidas, de una necesidad insatisfecha de imaginar la vida de otro modo, más centrada en la palabra interior que en lo externo”.

El libro presentado a mediados de este mes contiene 24 relatos que recogen espacios de igual número de mujeres luchadoras, la mayoría de ellas reales, a quienes María Novo conoció y otras imaginarias.

Su deseo, explicó, es que cualquier mujer que lea ese libro ”se encuentre reflejada a sí misma en alguna de sus páginas, en el dolor, el amor, la alegría o la traición, el hallazgo o la búsqueda”.

En los encuentros con las mujeres de los países que menciona y que dieron origen al libro ocurrieron en los últimos cinco años. Cuenta que ”escucharlas y poner sus palabras por escrito fue una aventura apasionante, dejar que la poesía y la vida fuesen una misma cosa”.

Quizás por esa razón, su último relato concluye con estas palabras: ”Sólo hay algo mejor que ser mujer: es ser muchas mujeres y saberlo”.

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