El Foro Económico Mundial (FEM) de Davos y su contracara, el Foro Social Mundial (FSM) de Porto Alegre, persiguen idénticos objetivos, aseguró Klaus Schwab, presidente del FEM, pero activistas de la sociedad civil no aceptan esa afirmación.
Sólo tengo una cosa que decirle a Porto Alegre: somos lo mismo. Tenemos el mismo objetivo, y es crear un mundo mejor, declaró Schwab a IPS.
El FEM reúne cada año en Davos, un centro suizo de esquí, a los gobernantes y empresarios más poderosos del mundo, mientras el FSM es organizado en Porto Alegre, sur de Brasil, por grupos de la sociedad civil contrarios al proceso de globalización y al neoliberalismo.
Este año, el flamante presidente de Brasil, Luis Inácio Lula da Silva, se convirtió en el primer jefe de Estado en participar de los dos foros, que representan dos visiones antagónicas del mundo.
En Davos, Lula exhortó a crear un fondo mundial para combatir la pobreza y el hambre en los países en desarrollo.
Schwab no ofreció detalles sobre los puntos de coincidencia entre ambos foros, que este año comenzaron el 23 de este mes y terminarán este martes 28, pero señaló algunas diferencias.
Aquí (en Davos) tenemos tomadores de decisiones y también organizaciones no gubernamentales (ONG), y además analizamos formas pragmáticas de cambiar y mejorar el mundo, mientras en Porto Alegre la discusión es más ideológica, observó.
Las declaraciones de Schwab reflejaron la visión generalizada en Davos de que el FEM ofrece las soluciones prácticas que el FSM no tiene.
Pero las ONG niegan esa acusación y arguyen que han presentado propuestas concretas pero los altos ejecutivos están demasiado ocupados para escucharlas.
Por ejemplo, un grupo de pensadores del movimiento por la justicia social de todo el mundo publicaron a fines del año pasado en Estados Unidos un libro titulado Alternativas a la globalización económica, en el que propusieron diversas medidas de responsabilidad social y ambiental.
Sin embargo, en las salas y los corredores del centro de reuniones de Davos no hay ni un solo ejemplar de ese libro ni de otras publicaciones de grupos de la sociedad civil, aunque sí abundan los informes anuales de firmas como Merril Lynch, Ernst & Young y Sun Microsystems.
Un libro de gran circulación en Davos es Building Public Trust (Construyendo la confianza pública), de Samuel DiPiazza Jr., director general de PricewaterhouseCoopers, y Robert G. Eccles, presidente de Advisory Capital Partners.
Lectura obligada son los diarios The Wall Street Journal, Financial Times y el semanario BusinessWeek, todos los cuales publican secciones especiales sobre Davos patrocinadas por empresas multinacionales como Oracle and DaimlerChrysler.
Mientras, la agencia de noticias Reuters exhibe continuamente gráficas y datos financieros en pantallas gigantes.
Mientras el FSM, lanzado hace tres años, es considerado una iniciativa espontánea de grupos e individuos de muy diversos sectores y profesiones, su contracara de Davos es reconocida como una organización orientada hacia los negocios.
El FEM, que se realiza desde hace 33 años, cuenta con el asesoramiento de un consejo comercial internacional compuesto por los máximos ejecutivos de las mayores multinacionales del mundo, que, a criterio de los activistas del desarrollo, se reúnen para promover sus propios intereses.
Los activistas sostienen que las políticas promovidas por instituciones financieras como el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, así como por el FEM, agravan la pobreza en el planeta.
El ojo público en Davos, una coalición de grupos que vigilan la reunión anual, declaró el fin de semana que el FEM no cumplió las promesas realizadas el año pasado en Nueva York de mejorar las prácticas empresariales y promover el desarrollo, aunque por otro lado se jacta de su pragmatismo.
Según los críticos, el mundo empresarial continúa plagado de prácticas fraudulentas y sin considerar las preocupaciones sociales y ambientales.
Pero el presidente del FEM rechazó esas acusaciones, a las que consideró infundadas.
Eso no es cierto. Ha habido muchas iniciativas para mejorar la gobernanza empresarial, aseguró.
Schwab citó como ejemplo a Global Digital Divide, un plan para reducir la llamada brecha digital entre el Sur y el Norte, y el Registro Mundial de Gases de Invernadero, destinado a reducir las emisiones de esos gases causantes del cambio climático. (


