El fenómeno climático de El Niño alterará las condiciones ambientales de Perú desde los primeros días de enero de 2003, y aunque sus efectos se prevén moderados, las autoridades aprestan medidas para enfrentarlo.
Los planes adoptados incluyen la previsión ante probable destrucción de carreteras, puentes y aeropuertos, así como cambios en la programación de cultivos en las zonas donde se esperan episodios de inundaciones o sequías.
También la industria de la pesca adoptará medidas de contingencia para paliar la escasez de algunas especies de aguas frías y la abundancia de otras, propias de climas cálidos.
El Niño es un fenómeno de carácter cíclico, que se presenta cada tres o siete años y con magnitudes diferentes, cuando una corriente cálida atraviesa el océano Pacífico de Sur a Norte, provocando a su paso alteraciones climáticas en varias regiones del planeta.
El Niño comienza frente a Australia como una enorme masa de agua cálida, que llega hasta las costas latinoamericanas, acelera la evaporación y modifica el desplazamiento de los gases atmosféricos, provocando corrientes de vientos que causan sequías en algunas zonas y lluvias excesivas en otras.
La interrelación de los fenómenos climáticos hace que El Niño, que nace frente a las costas de Australia y se desplaza hasta chocar con las costas latinoamericanas en el Pacífico, origine también graves perturbaciones en Europa, Asia y Africa, comentó a IPS la experta peruana Ena Jaimes.
Perú forma parte de la cadena científica internacional que investiga el fenómeno y monitorea su formación y desarrollo, estudios que se realizan para establecer las medidas adecuadas para enfrentar e inclusive aprovechar sus contingencias, añadió Jaimes.
Las costas de Perú y Chile son regularmente bañadas por la corriente marina fría de Humboldt, procedente de la Antártida, que trae consigo el zooplancton, base de la cadena alimenticia de la rica fauna marina de la zona.
El calentamiento del agua provoca la desaparición del zooplancton y la consiguiente emigración de las especies que se alimentan de él, en busca de aguas más profundas.
Además, el aumento de temperatura favorece la presencia de especies predadoras, como tiburones, habituales en zonas tropicales.
El Instituto del Mar y el Ministerio de Pesquería de Perú han advertido a la industria pesquera, conservera y de fabricación de harina de pescado que pongan en práctica planes de contingencia ante los previsibles efectos del cambio de temperatura en las especies marinas.
Según el viceministro de Pesquería, Leoncio Alvarez, debido a la elevación de la temperatura del agua, Perú capturará en 2003 un millón de toneladas menos de pescado.
Los siete millones de toneladas que se espera capturar de anchoveta, merluza y otras especies usadas por la industria harinera, constituyen una muy buena pesca, pero sería mejor pescar ocho millones, porque este año se espera un precio 50 dólares más bajo por tonelada de harina, debido a que China cuenta con un exceso de reservas, dijo Alvarez.
En 2002, la harina de pescado se cotizó entre 550 y 600 dólares la tonelada, pero según estimaciones gubernamentales, el precio bajará el próximo año a 500 dólares la unidad.
El 18 de este mes, el Ministerio de Pesquería dispuso una prohibición de pesca de la anchoveta, diminuto pez que constituye el insumo principal de la harina de pescado.
Sin embargo, con la corriente cálida de El Niño se espera abundancia de especies marinas propias de zonas calientes, como atún, pez perico, langosta y crustáceos, cuya mayor captura beneficiará a los pescadores artesanales, que abastecen el mercado minorista.
Los cambios climáticos son cada vez más previsibles, pero su gestación y desarrollo aún guardan muchas incógnitas para la ciencia, mientras se investigan sus efectos económicos.
De acuerdo a un informe emitido a fines de diciembre por el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (Pnuma), los cambios climáticos presuponen un riesgo cada vez mayor para la economía mundial.
La mayoría de los científicos estiman que el recalentamiento de la atmósfera registrado en las últimas décadas es en buena medida atribuible a los gases de efecto invernadero, como el dióxido de carbono, emitidos principalmente por la combustión de petróleo, gas y carbón.
El estudio señala que las pérdidas económicas provocadas por los desastres naturales podrían duplicarse cada 10 años si no se adoptan medidas urgentes.
El Pnuma estima que las alteraciones climáticas llegarán a generar un costo económico global de 150.000 millones de dólares por año. (FIN/IPS/al/dcl/en/02


