Japón, afectado por la crisis económica y por escándalos políticos y corporativos en los últimos meses, redobla sus esfuerzos diplomáticos para mediar en distintos conflicos de Asia y recuperar influencia en la escena mundial.
Tokio ha sido sede este año de varias conferencias de donantes sobre la rehabilitación y reconstrucción de países asiáticos en conflicto. En enero se celebró la reunión por Afganistán, este mes por la separatista provincia indonesia de Aceh y el año próximo será por Sri Lanka.
Los esfuerzos de Tokio como mediador en conflictos son un intento de utilizar su tradicional papel de donante para obtener un lugar estratégico en el ámbito político mundial.
Japón, por su constitución pacífica, no puede apoyar con fuerzas militares la lucha contra problemas como el terrorismo. Pero su papel como mediador para la paz le dará más seguridad a Asia, un importante objetivo de Tokio, afirmó un portavoz de la cancillería.
Por su parte, el enviado de Tokio para el proceso de paz en Sri Lanka y presidente del Centro Japonés para la Prevención de Conflictos, Yasushi Akashi, dijo que en una era de amenazas mundiales, Japón no se puede considerar inmune y debe participar en la búsqueda de una solución.
Creemos que la asistencia de Japón (en dinero y en equipos) es sin duda muy útil y apreciada, pero creemos que más japoneses deberían participar activamente en los planes de reconstrucción o de mantenimiento de la paz en Asia, añadió Akashi.
En enero, meses después de la caída del régimen del movimiento radical islámico Talibán en Afganistán, Tokio fue sede de la conferencia de donantes en la que se acordó la entrega de 1.800 millones de dólares para reconstruir ese país tras la invasión de Estados Unidos.
El 3 de este mes, la capital japonesa fue también sede de una conferencia de donantes para la reconstrucción de la provincia indonesia de Aceh, poco antes de que se firmara un acuerdo entre Yakarta y el rebelde Movimiento Aceh Libre luego de 26 años de conflicto.
Ahora Japón concentra su esfuerzo en las negociaciones de paz entre el gobierno de Sri Lanka y los insurgentes Tigres para la Liberación de la Patria Tamil tras 19 años de combates.
Sri Lanka es como una prueba para la capacidad diplomática de Japón, dijo el profesor Hisashi Nakamura, asesor de Tokio en las conversaciones de paz.
En respuesta a un pedido de Sri Lanka, Tokio designó como representante de Japón en el proceso de paz a Akashi, un ex funcionario de la Organización de las Naciones Unidas que tuvo un papel clave en los esfuerzos de paz en Camboya y en Yugoslavia.
A comienzos de noviembre, Akashi visitó las zonas más afectadas del nordeste de Sri Lanka, incluyendo Jaffna y varios campamentos de refugiados.
Es la primera vez que el gobierno de Japón nombra a un representante para un proceso de paz. La situación es todavía difícil y Tokio debe utilizar su asistencia oficial al desarrollo para estimular la economía y la paz en Sri Lanka, dijo Akashi.
Semanas atrás, la canciller Yoriko Kawaguchi anunció que este país entregará 1,6 millones de dólares al Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados para apoyar el regreso de un millón de desplazados por el conflicto en Sri Lanka.
Ese dinero es parte de los 2,8 millones de dólares en ayuda de emergencia que el gobierno japonés prometió a Sri Lanka en la última conferencia de donantes para ese país realizada en Noruega el 25 de noviembre.
Akashi dijo confiar en que la participación de Tokio estimulará a las organizaciones no gubernamentales japonesas para que también trabajen por la paz en Sri Lanka.
En esa situación de paz precaria, si la ayuda oficial al desarrollo es utilizada con habilidad, quizás a través de organizaciones no gubernamentales, habrá un impacto muy positivo, señaló.
Estamos exhortando a las organizaciones no gubernamentales y a la Agencia de Cooperación Internacional de Japón a que propogan proyectos de impacto en Sri Lanka. Pueden ser pequeños, pero tienen un visible efecto en la mejora de la vida de los desplazados, añadió Akashi.
La estrategia japonesa de promover la paz en la región fue impulsada por el primer ministro Junichiro Koizumi.
Japón redujo este año 10 por ciento los fondos que destina a la asistencia al desarrollo, con lo que dejó de ser el líder mundial entre los donantes y pasó al segundo lugar, detrás de Estados Unidos.
En el ámbito local, las políticas oficiales de ayuda cuentan con cada vez menos apoyo debido a los escándalos de corrupción protagonizados por políticos y burócratas que utilizaron fondos estatales.
Nakamura aseguró, en cambio, que los japoneses sí respaldan la política diplomática de Japón porque no viola la constitución, que prohíbe al gobierno enviar tropas al extranjero, aun en misiones de mantenimiento de la paz.
Pero apoyar los acuerdos de paz es una trampa de la diplomacia japonesa, porque en definitiva se utiliza la ayuda financiera como una forma de atraer a las partes en guerra, explicó Nakamura.
Expertos afirman que la diplomacia de Tokio promoverá una política mucho más independiente de Estados Unidos, que ejerce cada vez más presión en el gobierno de Koizumi para que respalde su invasión a Iraq.
Críticos señalan que la nueva política exterior japonesa es, más que nada, una forma de respaldar la campaña internacional contra el terrorismo sin violar la constitución, y sostienen que debería estar basada sobre los genuinos intereses de Tokio.
Fomentar la solución de un conflicto está bien. Pero Japón debe tener cuidado de no caer en el peligro de promover los intereses de seguridad de Estados Unidos otra vez, dijo Asai. (FIN/IPS/tra-eng/sk-ej/js/rp/mj/ip/02


