COMERCIO: Salud de los pobres es problema irresoluble para la OMC

La Organización Mundial del Comercio (OMC) incumplió su propia decisión de resolver este año la cuestión del acceso a medicamentos baratos en países pobres, que contrapone principios humanitarios a intereses económicos transnacionales.

El fracaso en las negociaciones realizadas el fin de semana obliga a la OMC a prolongar por lo menos hasta febrero el debate sobre disposiciones para favorecer la importación de medicamentos genéricos a bajo precio por parte de naciones en desarrollo que carecen de recursos para fabricarlos.

Los medicamentos genéricos, identificados por el nombre de su principio activo, son mucho más baratos que sus equivalentes con marca registrada, y las grandes compañías farmacéuticas sostienen que producirlos es un acto de piratería en su perjuicio.

La organización también debió aplazar la solución de otros asuntos comerciales pendientes que interesan en particular a los países en desarrollo: el trato especial y diferenciado para equiparar el desequilibrio económico entre las naciones y la implementación del resultado de anteriores negociaciones.

Esas postergaciones repercutirán de modo inevitable en el proceso de negociaciones globales de la Ronda de Doha, lanzada hace dos años por la IV conferencia ministeral de la OMC en esa ciudad, cuya agenda incluye agricultura, servicios, régimen de propiedad intelectual y acceso a mercados para productos no agrícolas.

La falta de progreso en esos temas delicados para los países pobres demuestra que ”hay muy poco de 'desarrollo' en la llamada Ronda de Desarrollo de Doha”, comentó la activista Celine Charveriat, representante en Ginebra de la organización no gubernamental (ONG) Oxfam, con sede en Gran Bretaña.

Los gobiernos de los países ricos optan por complacer a poderosos grupos de presión empresariales, y de ese modo ”socavan a la OMC con mayor eficacia que las protestas” de quienes se oponen a las políticas de ese organismo.

El fallido desenlace de las negociaciones sobre acceso a medicamentos ha sido relacionado por ONG con la influencia ejercida por los grandes laboratorios internacionales, en particular sobre el gobierno de Estados Unidos.

Washington frustró el acuerdo sobre acceso a medicamentos porque no pudo ”distanciarse de la industria farmacéutica”, afirmó el activista James Love, de la ONG estadounidense Consumer Project on Technology (Proyecto de los Consumidores sobre Tecnología).

En Doha se previó lograr en 2002 un acuerdo para permitir que los países pobres sin capacidad de fabricación de fármacos puedan importar genéricos de otras naciones en desarrollo, con reconocimiento de que los laboratorios que patentaron los medicamentos copiados tienen derecho a ciertas regalías.

El sábado, último día disponible para lograr ese acuerdo antes de que la OMC entrara en receso, Estados Unidos rechazó una iniciativa que contaba en líneas generales con fuerte respaldo de los otros 143 miembros de la organización.

Los delegados de Washington sostuvieron que la importación de genéricos por parte de países pobres sólo debía aceptarse para combatir el VIH/sida, la malaria, la tuberculosis y algunas otras enfermedades graves y contagiosas.

En cambio, la mayoría de los demás países insistieron en que debía respetarse el espíritu de la declaración sobre el comercio y la salud pública aprobada en Doha en noviembre de 2001, que no previó límites en la materia.

Esa declaración dejó librado al criterio de cada país definir los problemas de salud pública que le preocupan, alegó Germán Velázquez, funcionario de la Organización Mundial de la Salud.

Establecer una lista es restringir el derecho de cada gobierno a decidir cuales son sus prioridades de salud pública, enfatizó.

Un país africano tiene derecho a decidir que la hipertensión arterial constituye un problema de salud pública, pero muchos de los más eficaces medicamentos para afrontar tal problema se encuentran protegidos por patentes, y esa nación no podría importar los genéricos equivalentes, añadió.

De acuerdo con la concepción estadounidense, los países africanos tampoco podrían beneficiarse con una eventual vacuna contra el cáncer, si llega a desarrollarse una, arguyó el director de la ONG Médicos SIn Fronteras, Bernard Pecoul.

Love opinó que Washington se propone abrir un debate mundial sobre las enfermedades contra las cuales los países pobres pueden beneficiarse de disposiciones de la OMC.

El presidente de Estados Unidos, George W. Bush, y el representante comercial de ese país, Robert Zoellick, intentan alegar que ”las enfermedades por las cuales sus hijos reciben tratamientos están fuera del alcance de los niños pobres en los países pobres”, sostuvo el activista.

”Con esos argumentos no convencerán a nadie”, vaticinó.

En el debate del fin de semana intervino el obispo católico Diarmuid Martin, representante del Vaticano, que es Estado observador en la OMC.

Martin recomendó a los delegados que ponderaran la cuestión desde el punto de vista moral, y citó palabras del actual papa católico, Juan Pablo II: ”Cuando se promete algo a los pobres, el respeto de ese compromiso es un imperativo moral”.

El director general de la OMC, Supachai Panitchpadki, se declaró decepcionado por el fracaso de las negociaciones para resolver los problemas que interesan a los países en desarrollo.

Charveriat responsabilizó al mundo industrializado de bloquear una reforma menor de las reglas de la OMC, como la que acordada en Doha.

Los países ricos actuan de mala fe y reniegan de sus promesas de privilegiar la salud por encima del lucro, aseveró. (FIN/IPS/pc/mp/he if/02

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