Turquía se prepara para celebrar este domingo elecciones anticipadas, dispuestas al fracturarse la coalición de gobierno y en las que la aceleración del proceso de incorporación a la Unión Europea es materia dominante.
Los comicios serán los primeros con observadores internacionales y se consideran un punto de inflexión entre dos siglos, dos generaciones y dos clases gobernantes, para conciliar la tradición islámica con la pretendida integración a Occidente.
El ganador más probable es el Partido de la Justicia y el Desarrollo (AK), un grupo político con raíces islámicas pero defensor de las reformas necesarias para la incorporación al bloque europeo.
Se prevé que unos 40 millones de votantes en una población total de 70 millones concurrirán a las urnas para elegir un nuevo parlamento, 18 meses antes del fin del mandato constitucional de la coalición de gobierno encabezada por Bulent Ecevit, de 77 años.
La negativa del primer ministro a renunciar pese a sus problemas de salud provocó la ruptura de la extraña coalición de gobierno, que reunía al Partido de la Izquierda Democrática de Ecevit con el proeuropeo Partido de la Madre Patria y el derechista Movimiento Nacional, opuesto a las reformas exigidas por la UE.
Los analistas dudan que alguno de esos tres partidos logre el 10 por ciento de votos necesario para obtener representación parlamentaria, y en cambio prevén un fuerte desempeño del Partido AK, encabezado por Recep Tayyip Erdogan, ex alcalde de Estambul.
El carismático Erdogan era hasta hace unos años integrista islámico y antioccidental, pero ahora se presenta como un líder capaz de equilibrar el secularismo occidental con las raíces musulmanas, defensor de la integración a la UE y a la Organización del Tratado del Atlántico Norte.
Sin embargo, Erdogan no puede transformarse en parlamentario ni encabezar un gobierno porque está proscripto a causa de un poema religioso que leyó en público hace cuatro años, en contra de la Constitución.
La UE puede considerar el ascenso del AK como otra señal de que Turquía no está lista para la integración al bloque europeo, pero por otra parte criticó la proscripción de Erdogan y la citó como otro ejemplo de insuficiencia en materia de derechos humanos.
Erdogan se encargó de aclarar a embajadores occidentales que él es partidario de la incorporación a la UE y que no ve conflicto alguno entre un estilo de vida occidental y el hecho de que su esposa use un velo.
Otro partido con buenas posibilidades electorales es el socialdemócrata Partido Republicano del Pueblo, que en la última elección no logró por poco superar la barrera del 10 por ciento pero luego se reagrupó y adquirió nueva fuerza.
Uno de sus líderes es Kemal Dervis, un ex vicepresidente del Banco Mundial que el gobierno puso a cargo de la economía en desplome.
No se descarta una coalición entre el AK y el Partido Republicano del Pueblo, en un equilibrio entre derecha e izquierda que complacería a la UE.
Los líderes europeos consideran crucial el resultado de estas elecciones para que Turquía pueda participar de las negociaciones sobre nuevas incorporaciones a la UE, en la cumbre que el bloque regional celebrará en Copenhague el mes próximo.
Si ganara un partido claramente antieuropeo, las aspiraciones de incorporación al bloque europeo se frustrarían.
Sin embargo, todos los grandes partidos excepto el derechista Movimiento Nacional respaldaron las reformas requeridas para la integración a la UE, como la abolición de la pena de muerte y el otorgamiento de derechos a la minoría kurda.
Los nacionalistas son el mayor partido en el parlamento, pero se prevé que tendrán un pobre desempeño en los comicios del domingo.
Otros grupos políticos que podrían obtener representación parlamentaria son el nuevo Partido de la Juventud, del magnate de los medios de comunicación Cem Uzan, y el DEHAP, un partido solidario hacia la marginada minoría kurda.
El sólo hecho de que DEHAP pueda participar es interpretado como una señal de liberalización. El partido debió pasar varios obstáculos legales para poder participar en las elecciones.
Además de la peor crisis económica en 40 años, Turquía se enfrenta a la amenaza de una guerra en el vecino Iraq.
La guerra del Golfo (1991) costó a Turquía más de 40.000 millones de dólares por el colapso de su floreciente comercio con países vecinos a causa del embargo que la Organización de las Naciones Unidas impuso a Iraq.
Otra guerra podría asestar además un durísimo golpe al único sector floreciente de la economía turca, el turismo.
Los candidatos se cuidan mucho de pronunciarse contra la guerra en Iraq, porque Turquía precisa a Estados Unidos como alternativa a la ambivalente UE, y Estados Unidos precisa las bases militares de Turquía, si no más, para derrocar al régimen de Saddam Hussein. (FIN/IPS/tra-en/ht/ss/mlm/ip/02


