La Red de Mujeres Positivas de Colombia congrega a portadoras de sida (síndrome de inmunodeficiencia adquirida) que recorrieron un camino personal y colectivo hacia el reconocimiento de la enfermedad y la lucha por la vida.
A los 19 años, la colombiana Miriam Cossio se sentía protegida del sida porque tenía un compañero estable en el que confiaba. Cuando recibió el diagnóstico de VIH (virus de inmunodeficiencia humana, causante del sida), sintió que el mundo se derrumbaba.
Una se imagina que esas cosas les pasan a los otros, dijo Cossio a IPS. Por entonces, en 1996, enviudó y quedó sola con su hijo de dos años. Pero estaba dispuesta a empezar de nuevo.
Su vida cambió de rumbo al enfrentar su nueva condición en un medio adverso, plagado de desinformación y prejuicios sobre el sida.
En la sudoriental ciudad de San José del Guaviare, que describe como pueblo chiquito, infierno grande, Cossio tropezó primero con sus propios miedos: ¿Será que me voy a morir mañana? ¿Qué pasará con mi hijo? ¿Qué dirá mi familia? ¿Mi madre soportará la noticia?.
Después fue víctima de un médico inescrupuloso que divulgó su diagnóstico, uno de los cinco casos registrados en 1996 en el departamento del Guaviare, región de la Orinoquia.
Ese año se registraron 2.423 casos de sida en todo el país, de acuerdo a estadísticas del Programa Nacional de Prevención y Control de Enfermedades de Trasmisión Sexual y VIH/Sida del Ministerio de Salud.
Aunque 86 por ciento de los casos de sida en Colombia son de hombres, la epidemia está avanzando en la población femenina. Desde 1983, cuando se registraron los dos primeros contagios, hasta junio de este año, se reportaron 27.965 casos, 4.485 de mujeres, 23.265 de hombres y 215 sin precisar el sexo.
Pero según las proyecciones epidemiológicas, el sida afecta a 173.000 personas en el país de 42 millones de habitantes. Más de 50 por ciento de los contagios se producen por relaciones sexuales.
Mientras buscaba trabajo, Cossio encontró solidaridad y apoyo en su hermana y en un médico del servicio regional del salud que la alentó a viajar a Bogotá y participar en un encuentro de mujeres.
La reunión, convocada en 1999 por el Programa Conjunto de la Organización de Naciones Unidas para el VIH/Sida (Onusida) y la Liga Colombiana de Lucha Contra el Sida, se constituyó en el primer intento nacional de reunir a mujeres que vivieran con la enfermedad.
Creía que me iban a tomar fotografías y que tendría que contarle mi vida a todo el mundo, recordó Cossio. Pero la esperanza de practicarse un nuevo examen que confirmara o descartara el diagnóstico, la impulsó a viajar.
Llegar a ese encuentro fue como abrir un gran portón, sostuvo. Al escuchar el relato de las experiencias de otras mujeres, di el primer paso para reconocerme a mí misma y sacar todo el dolor que tenía adentro, dijo.
Entendió que no era la primera ni la última mujer que contraía la enfermedad, que tampoco era la pobrecita ni que todo lo que me estaba pasando era terrible, relató Cossio, que ahora estudia psicología y es una de las siete líderes del Proyecto Girasol, que agrupa a mujeres portadoras de VIH.
A aquel encuentro asistieron unas cien mujeres, la mayoría colombianas y algunas delegadas de otros países latinoamericanos y del Caribe. Intercambiaron experiencias y recibieron capacitación en aspectos como derechos humanos, empoderamiento, sexualidad y medicamentos.
Se habló de trabajar por la calidad de vida de las mujeres, de romper el silencio que rodea a la epidemia y de buscar mecanismos e instancias de organización.
Se expuso la necesidad de independizar el trabajo de apoyo, que hasta entonces se organizaba en grupos mixtos, muchos de ellos con énfasis en la población homosexual.
No se trataba de ser excluyentes, sino de resolver los problemas particulares de género, pues sólo nosotras sabemos cuáles son nuestras necesidades y prioridades, dijo Cossio.
Entonces decidieron organizar la Red Nacional de Mujeres Viviendo con VIH/Sida, a la que se fueron sumando otras profesionales y activistas que trabajaban con la problemática del sida, aunque no hubieran contraído el mal.
Así, para exponer su carácter amplio el nombre de la organización cambió a Red Nacional de Mujeres Positivas.
Nació simultáneamente el Proyecto Girasol, que se encargó de replicar los talleres de capacitación para mujeres. Y ya se han efectuado 400 en todo el país.
Además de Bogotá, donde Cossio es la responsable, Girasol cuenta con líderes en Pasto, Cali, Pereira, Medellín, Barranquilla y Cúcuta, capitales de los departamentos de Nariño, Valle, Risaralda, Antioquia, Atlántico y Norte de Santander.
Ser el punto de referencia sobre el sida en las regiones, obliga a las mujeres a una permanente actualización en aspectos legales, de salud pública y medicación
Pero también las ayuda a consolidar sus proyectos personales. Algunas han culminado sus carreras y otras estudian comunicación, administración, comercio, informática o, como en el caso de Cossio, psicología.
Ella considera decisivo el apoyo que brinda la red a través de contactos telefónicos, correo electrónico y encuentros de capacitación y divulgación.
El próximo paso es convertirse en organización no gubernamental con personería jurídica propia, que les permitirá gestionar recursos para avanzar en proyectos que les ofrezcan alternativas laborales o productivas.
En Bogotá ya existe una semilla de microempresa, que fabrica velas aromáticas y objetos decorativos de madera, al que están vinculadas ocho mujeres.
Cossio señaló la importancia de abordar integralmente a las mujeres seropositivas, pues muchas no quieren poner la cara y enfrentar públicamente su situación, pero pueden vincularse a través de otros intereses.
Somos mujeres con las necesidades y problemas de todas las mujeres y adicionalmente tenemos un diagnóstico que impone otras urgencias, afirmó.
La mayoría de las mujeres contagiadas son amas de casa que se enteran de su enfermedad cuando su marido enferma o muere, y quedan con una doble carga de responsabilidad.
Estar vinculada a una entidad prestadora de salud o al sistema general de seguridad social no es garantía de tener los medicamentos, y muchas veces es necesario recurrir a acciones de amparo, explicó Cossio.
También se requiere intensificar la cultura de la prevención, tanto en la población femenina, como en el personal médico, pues cuando una mujer conoce su diagnóstico suele presentar una enfermedad asociada o estar embarazada, añadió.
La promoción de la salud, la prevención de la enfermedad y la atención a las personas que viven con VIH son acciones atravesadas por el respeto de los derechos humanos, sexuales y reproductivos y por la equidad de género, dijo a IPS el médico Ricardo Luque.
Luque, jefe del área de prevención del Ministerio de Salud, afirmó que la equidad de género ampara acciones con los y las jóvenes y con las y los trabajadores sexuales.
Sin embargo, aclaró que no hay líneas de trabajo específico para mujeres viviendo con el virus, campo del que sólo se ocupan, por ahora, la Red de Mujeres Positivas y el Proyecto Girasol. (FIN/IPS/mig/dcl/he/02


