El gobierno de Jordania, que hace 12 años se opuso a la guerra del Golfo y pagó muy cara su actitud, se dispone ahora a apoyar la acción militar de Estados Unidos contra Iraq, pese a la oposición de los radicales islámicos y de los descendientes de palestinos.
El rey Abdulá II ya anunció que la postura del gobierno no será la misma que durante la guerra del Golfo, porque su nueva consigna es Jordania primero.
El respaldo de Amman a la iniciativa estadounidense se refleja en la dura represión de manifestaciones islámicas de apoyo a Bagdad.
Al menos cuatro personas fueron muertas el domingo en una redada policial en la meridional ciudad de Maan, donde la policía buscaba militantes islámicos. El gobierno ordenó el despliegue de soldados en ese centro urbano, en una operación que se considera destinada a aplastar la resistencia a un conflicto contra Iraq.
Iraquíes exiliados en este país respaldan por completo la postura de Amman y manifiestan sorpresa por la oposición de otros árabes.
Ellos no saben lo que hemos pasado, no saben lo que es vivir bajo el régimen de Saddam Hussein, dijo Jamal Boustani, un escritor iraquí exiliado, reunido con otros coterráneos en el Café Central, en el centro de Amman.
No entiendo por qué están enojados y hacen manifestaciones contra una guerra de Estados Unidos para derrocar a Saddam, mientras nosotros esperamos un cambio, agregó.
Boustani es uno de 300.000 iraquíes residentes en Jordania, todos escépticos hacia el aparente ablandamiento del presidente iraquí, que el mes pasado declaró una amnistía y liberó a prisioneros políticos.
Aunque el gobierno de este reino hachemita es considerado uno de los aliados más estables y leales de Occidente en Medio Oriente, la mayor parte de la población se opone férreamente a la acción militar que Estados Unidos promueve contra Iraq.
Durante la guerra del Golfo, el difunto rey Hussein representó la voluntad popular y mantuvo al país fuera de la coalición contra Bagdad, mientras otros países árabes como Egipto y Siria respaldaron a Washington y obtuvieron grandes beneficios a cambio.
Jordania no sólo enojó a Estados Unidos sino también a países del Golfo que habían brindado a Amman ayuda económica y oportunidades laborales para su pueblo. Como resultado, muchas de esas fuentes de ingresos se secaron.
Además del colapso del comercio con Iraq por el embargo internacional, Jordania sufrió el derrumbe del intercambio con algunos de sus países vecinos, que sólo recientemente restauraron sus lazos al nivel anterior a la guerra del Golfo.
El acuerdo petróleo por alimentos de 1998, por el cual la Organización de las Naciones Unidas (ONU) permite a Bagdad vender cantidades limitadas de petróleo para adquirir alimentos y medicinas para su pueblo, también contribuyó a la recuperación del comercio.
La ayuda de Estados Unidos a Jordania también ha aumentado. Este año, la asistencia civil llegó a un récord de 235 millones de dólares, y la militar a unos 200 millones.
El dominio estadounidense sobre Iraq puede significar para Jordania no sólo un nuevo mercado, sino también la recuperación de su antigua ruta comercial.
Pero el enojo de los fundamentalistas islámicos y los jordanos descendientes de palestinos por el acercamiento de Amman a Washington pareció aumentar luego de la aprobación el viernes de una resolución sobre Iraq en el Consejo de Seguridad de la ONU.
Los 15 integrantes del Consejo, incluido Siria, el único miembro árabe, apoyaron la resolución impulsada por Estados Unidos que otorga plazo a Bagdad hasta el próximo viernes para aceptar el retorno de los inspectores de armas y otros 23 días para realizar una declaración precisa y completa sobre cualquier programa de armas de destrucción masiva.
El incumplimiento de esas condiciones acarreará graves consecuencias, advierte la resolución, un término que muchos analistas interpretan como sinónimo de guerra.
Los 22 cancilleres de la Liga Arabe apoyaron la resolución de la ONU en una reunión de emergencia celebrada el domingo en El Cairo.
Sin embargo, la Liga exhortó al Consejo de Seguridad a honrar su promesa a Siria de que la resolución no habilita una acción militar contra Bagdad.
Rami Khoury, miembro del equipo de Medio Oriente de la organización de expertos Grupo Internacional de Crisis, señaló que existe una creciente brecha entre los gobiernos y los pueblos de la región, y Jordania es un caso típico.
Hay mucha gente frustrada, enojada y humillada, agregó el analista.
Además de los fundamentalistas islámicos, el gobierno reprime con dureza las manifestaciones de descendientes de palestinos descontentos con la falta de apoyo sustancial de Amman a la segunda intifada o insurreción palestina contra la ocupación israelí.
A medida que se agranda el especto de una guerra contra Iraq, la atención de esa comunidad pasa del conflicto palestino-israelí a la pretendida acción militar para derrocar a Saddam Hussein.
Según estadísticas oficiales, los jordanos de origen palestino constituyen 40 por ciento de la población de 5,3 millones, pero se cree que en realidad son más de la mitad. (FIN/IPS/tra-en/fb/ss/mlm/ip/02


