EEUU: Las esquivas metas de la guerra contra el terrorismo

Los principales objetivos de la ”guerra contra el terrorismo” declarada por Estados Unidos tras los atentados del 11 de septiembre de 2001 están lejos de realizarse, un año después del derrocamiento del grupo extremista islámico Talibán en Afganistán.

Aunque Talibán parece haber desaparecido como fuerza militar, las otras ambiciones de Washington de acabar con la organización extremista musulmana Al Qaeda y estabilizar a Afganistán —para no mencionar las de democratizar el mundo árabe y contrarrestar la amenaza del terrorismo— permanecen insatisfechas.

Hace un año que la Alianza del Norte (el grupo opositor de aquel entonces en Afganistán) y sus fuerzas aliadas de Estados Unidos tomaron Kabul, otorgando a Bush su primera gran victoria en la campaña antiterrorista que lanzó luego de los ataques terroristas en Nueva York y Washington, hace 14 meses.

El gobierno Talibán albergaba al saudí Osama bin Laden, máximo líder de Al Qaeda y principal sospechoso de la autoría intelectual de esos ataques, que dejaron al menos 3.000 muertos.

Aunque expulsaron a los talibanes del gobierno afgano, las fuerzas estadounidenses y sus aliados no lograron atrapar a Bin Laden ni al mulá Omar, el jefe supremo de Talibán.

La semana pasada, el canal de televisión Al Jazeera, de Qatar, emitió un nuevo vídeo que mostraba a Bin Laden —a quien el presidente estadounidense George W. Bush prometió atrapar ”vivo o muerto”— amenazando a Estados Unidos y a otros países occidentales.

La reaparición de Bin Laden representa ”un triunfo para los radicales islámicos”, admitió un experto en seguridad nacional que trabajó en el caso Al Qaeda bajo la presidencia de Bill Clinton (1993-2001).

Otros expertos, incluso funcionarios de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), afirmaron que el resurgimiento del líder extremista presagia nuevos atentados contra objetivos occidentales.

Igualmente preocupante para Washington son los ataques perpetrados en los últimos meses por Al-Qaeda o grupos simpatizantes en diversos países, desde la península de Arabia hasta Filipinas.

Los atentados del mes pasado contra un petrolero francés frente a las costas de Yemen y contra un club nocturno en Bali, Indonesia (que dejó al menos 187 muertos) naturalmente crearon alarma, si bien ayudaron a persuadir a gobiernos antes renuentes a cooperar más con Washington en la lucha contra el terrorismo.

Esta semana, dos soldados estadounidenses fueron gravemente heridos de bala en Kuwait por un policía que luego huyó a Arabia Saudita.

El incidente se agregó a una lista de ataques contra objetivos estadounidenses en un país que, después de Israel, es probablemente el aliado más estrecho de Washington en Medio Oriente.

Otros dos soldados que participaban en ejercicios militares en Kuwait fueron asesinados por presuntos simpatizantes de Al Qaeda el mes pasado.

Estos ataques aumentaron la preocupación de Estados Unidos mientras envía decenas de miles de soldados al emirato petrolero en preparación para una invasión contra Iraq, que se espera en las próximas seis u ocho semanas.

Asimismo, sumados a la reaparición de Bin Laden, estos incidentes envalentonaron a los críticos de la campaña de Bush contra Iraq, en especial al ex vicepresidente demócrata Al Gore, rival de Bush en las elecciones presidenciales de 2000.

Gore realizó duras críticas al presidente en una serie de programas televisivos y entrevistas concedidas a la prensa en las últimas dos semanas.

Afganistán ”está volviendo al caos” y ”Osama está de vuelta”, mientras ”Al Qaeda se reconstituyó y, según el director de inteligencia, representa una amenaza tan grande para nosotros como en las semanas previas al 11 de septiembre”, señaló Gore al diario The New York Times esta semana.

”Mientras, el presidente se dedica a golpear los tambores de guerra contra Saddam Hussein”, agregó.

Aunque funcionarios de gobierno restaron importancia a las críticas, a las que consideraron parte de una estrategia política, los asesores de Bush parecen estar muy preocupados por ellas.

Funcionarios del Pentágono (Departamento de Defensa) destacaron a la prensa en los últimos días el envío a Afganistán de tropas de combate y especialistas en asuntos civiles, con miras a extender la autoridad del gobierno central más allá de la capital y hacia áreas clave bajo el control de líderes locales.

También insistieron en que ha comenzado la etapa de ”reconstrucción” en ese país centroasiático, devastado por 23 años de guerra.

No fue casual que el gobierno decidiera difundir en la prensa el jueves la captura del principal comandante de Bin Laden en el Golfo, Abd al-Rahmin al-Nashiri, el mismo día en que Gore apareció en varios programas de televisión y The New York Times publicó su entrevista.

Aunque Al-Nashiri había sido atrapado tres semanas antes, numerosos canales de televisión anunciaron la captura como la primicia del día.

Si bien el arresto de Al-Nashiri y el asesinato este mes de un dirigente de Al-Qaeda en Yemen marcaron avances en la lucha contra esa organización, muchos analistas temen que la guerra antiterrorista desate un conflicto de grandes magnitudes, en especial si Estados Unidos invade Iraq.

El avance de los fundamentalistas islámicos en las últimas elecciones de Pakistán, Turquía y Marruecos (donde también se registró un aumento alarmante en el número de niños llamados ”Osama”) preocupa a los expertos en Washington.

Los expertos recordaron también la represión de líderes islámicos por fuerzas de seguridad de Jordania en la meridional ciudad de Maan, cerca de la frontera con Arabia Saudita.

Fawaz Gerges, especialista en Medio Oriente de la facultad Sarah Lawrence, de Nueva York, advirtió que jóvenes sin vinculación con Al-Qaeda pero indignados con las acciones de Washington en la región podrían ser los autores del asesinato de un funcionario de Washington en Amman, a fines de octubre, y de un misionero estadounidense en Sidon, Líbano, el jueves.

”Estados Unidos debe tomar en serio la furia que existe en el mundo islámico contra la política exterior estadounidense”, previno Gerges en el diario Los Angeles Times.

”En lugar de prepararse para la guerra contra Iraq, la Casa Blanca debería buscar estrategias creativas para disminuir el número de reclutas y bloquear los caminos de los radicales en el mundo islámico”, exhortó el experto. (FIN/IPS/tra-en/jl/ml/mlm/ip/02

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